Yo soy mis sueños. What a feeling!

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Del 6 al 8 de Marzo he estado en Barcelona, participando en un increíble curso de transformación personal y herramientas de coaching. Su  lema era “El arte de crear nuevas realidades”. (Ver más aquí sobre el programa).  Hice  este curso en su versión de “prueba” en Heidelberg  en septiembre del año pasado y ahora acudía de asistente, con mucha curiosidad por descubrir cómo había quedado en su lanzamiento definitivo en España. Y también por verificar si mis colegas de Barcelona experimentaban el enorme impacto personal que tuvo en mi cuando lo hice en Alemania. No me decepcionó. Ningún curso de Troy Yorke podría hacerlo.

 

Han sido días inolvidables donde hemos trabajado herramientas fantásticas, como la reconciliación con nuestra historia personal, el uso del lenguaje a la hora de crear oportunidades o como transformar las relaciones interpersonales. Y sobre todo como podemos crear la realidad que creemos y vivirla.  Para nosotros y para nuestros clientes.

 

En el curso, vi a mis compañeros transformarse, sacando recursos personales que ni ellos mismos conocían y creciendo por encima de lo que ellos pensaban poder hacerlo. Y me sentí honradísima de poder compartir esta experiencia con un grupo de personas excepcionales: personas que se entregan a la vida, que se implican en sus relaciones, que se atreven a errar. Personas empeñadas en buscar una mayor congruencia y ofrecer al mundo la mejor versión de si mismas aunque para ello tengan que enfrentar sus miedos y superar sus limitaciones.  Algo que no es fácil en esta sociedad del conformismo y la autocompasión.

 PicMonkey Collage curso Troy

Sería demasiado largo reflejar todo lo que experimenté, viví y sentí en ese taller y  en esa estancia en Barcelona. Pero lo que si puedo compartir es que tal y como rezaba el título del taller, durante ese fin de semana, para mi se abrió una nueva realidad y entré de lleno en un mundo de oportunidades.

Y tranquilos….¡que ahora vamos a la relación de la foto de encabezado con el tema de hoy! ¡ha, ha, ha!

 

Allí, entre otros, en un ejercicio que llamamos “la película de tu vida”, me sentí lanzada hacia mi pasado, hacia mi adolescencia, en busca de respuestas. Y curiosamente, muchas de las respuestas las hallé en Flashdance, una película emblemática de baile de los 80, que marcó mis 15 años.

 

Para quienes no la conozcan, os diré que bajo el lema “una chica, un sueño, una oportunidad” este cuento de hadas al estilo de Hollywood narraba la historia de Alex, una preciosa y sensual chica de clase media, que trabajaba como soldadora de día y se transformaba en bailarina de noche, soñando con llegar a ser bailarina profesional algún día.

 

Para muchas chicas, esta película no supuso otra cosa que freírse el pelo con permanentes para emular los sexys rizos de la protagonista (casi siempre con resultados muy alejados de lo esperado) y apuntarse a clases de gym-jazz con el fin de moldear el cuerpo al estilo del rotundo cuerpo de Alex. Yo también hice ambas, aunque con 15 años, mi cuerpo ya poseía rotundidad suficiente para no necesitar ninguna clase de ningún tipo y mi pelo hubiera sufrido menos respetando sus ondulaciones naturales.

 

Pero al margen de estas anécdotas, hubo algo de la historia que me quedó grabado a fuego, como con un soplete igual al que usaba Alex para soldar las tuberías en la fundición: el estribillo tan lleno de fuerza de la canción: “Take your passion and make it happen”. Coge tu pasión y hazla realidad.

 

Crea la realidad que crees.

PicMonkey CollageFlashdance

 

Han pasado 32 años desde entonces y ahora entiendo que gran parte de mi vida ha estado regida por ese exclusivo anhelo: el de recorrer el camino de superación personal que lleva a la conquista de nuestros sueños.

 

Ya no me visto con leggins ni calentadores. Aunque a veces, cuando hace muy mal tiempo, recubro con mis calcetines de monte mis pantalones adoptando un inconfundible look ochentero que impide que el granizo me entre en las botas.

 

Y por supuesto, no sueño ya con ser bailarina profesional.  Pero todavía tengo sueños que viven en mí, como partituras de una música que aún no ha sido interpretada. El principal en este momento es llegar a ser una profesional del coaching. Y con esto aludo a poder vivir exclusivamente de esa actividad, algo que hoy por hoy todavía no he conseguido.

 

Sin embargo, en este devenir, ya he conseguido algo mucho más importante: ser quien soy. Y ser mis sueños. He conseguido ir creando una realidad en la que  primero, he tenido que creer. Y cuanto más he creído y más creo, más he creado y estoy creando.

 

Porque soy mi sueño de vivir haciendo todo lo posible y lo imposible por conseguir mi deseo. Entregada al 100%.  Soy mi sueño de aguantar en mi particular “fundición soldando tuberías” en paz y sin rebote, a cambio de ser durante 3 días la mujer que viaja a ciudades maravillosas donde puedo relacionarme con gente como con la que he compartido estos 3 días en Barcelona.

 

Y soy mi sueño de ser ya una buena coach. Ya lo soy (y ese saberlo es quizás el paso que me faltaba sentir),  aunque no haya alcanzado ni de lejos mis fronteras como tal, ni ese plus de vivir del coaching. Y soy mi sueño de disfrutar con el coaching, igual que Alex disfrutaba bailando, dando lo mejor de lo que sabía hacer, derrochando su talento.

 

Y también soy mi sueño de haber dejado atrás mi antigua posición vital de víctima, para asumir plena responsabilidad sobre mis acciones y crearme una vida con la que me siento satisfecha, en la que me entusiasma el papel protagonista.  Una vida en la que lucho por una independencia económica que me permita conciliar mi vida profesional con el apoyo a mi madre mayor, sin sentirme por ello limitada profesionalmente.  Y soy mi sueño de tener un trabajo que me rete cada día y me haga crecer sin límites. Y soy mi sueño de haber alcanzado un elevado grado de independencia emocional que me permite amar desde la libertad y amarme a mi misma, algo cuya importancia,  nadie me explicó cuando tenía 15 años. Ni siquiera Flasdance.

 

Y soy mi sueño de buscar compartir esto con otras personas, de sentir que mi vida tiene un propósito y un sentido. Y mi sueño de haberme atrevido a sacar mi creatividad literaria y ponerla a mi servicio y al del mundo.

 

En este curso, sentí por fin,  que al perseguir mi sueño, al creer en mi para crearme una nueva realidad, me he acabado convirtiendo yo también, igual que mis compañeros de curso,  en una persona que juega grande. En una  persona que juega a ganar en vez de jugar a “no perder”. En una persona que busca y pelea su excelencia y con ello exhorta los demás a  sacar su mejor versión. En una persona que camina por la calles de cualquier ciudad consciente de que en ella misma viven la pasión, la magia, las posibilidades de conseguir lo que se proponga.

 

Yo soy esa persona que por fin se atreve a interpretar una de sus partituras personales, sin dejar que la música muera en su corazón. La mía, no la de otros. Que ha creado desde la nada, desde un sentimiento, una realidad que ahora expresa a su alrededor. Y sabe que puede “tenerlo todo porque ahora baila por su vida”. Porque ahora vive su pasión y la encarna. Nada ni nada puede arrebatarme eso.

 

Yo soy mis sueños. What a feeling.

 

 

 Y tú: ¿qué sueños eres? 

Soy María Díez Coach y con mi blog ofrezco un espacio de encuentro vital, reflexión y aprendizaje para personas comprometidas con su superación personal, familiar y laboral.

En él encontraras herramientas de inteligencia emocional para superar los obstáculos cotidianos y construirte una vida llena de fuerza, confianza y pasión. Una vida  a tu medida, que sientas que merece la pena vivir.

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