¿Y tú cuando vives?- El regalo de la satisfacción personal.

cometa

Una creencia bastante absurda es que las persona que nos dedicamos al desarrollo y crecimiento  personal estamos siempre felices, siempre bien. No sé de dónde vendrá esa idea, pero os aseguro que todas las personas, incluso las más positivas y optimistas, tenemos nuestros momentos de sombras, de oscuridad y nuestros baches.

 

Yo he pasado uno de ellos durante esta Semana Santa. A pesar de que mi invierno ha sido fantástico, he caído en un buen bache esta primavera. El golpe me ha dejado unos buenos moratones. Para sorpresa de mis amigos que han visto el gran batacazo, ya no me duelen. Esa es en realidad la diferencia: los coachs tenemos baches y horas oscuras, pero salimos de ellos más rápido y nos recuperamos con mayor velocidad debido a una sana gestión emocional.  En cualquier caso, yo tengo las marcas todavía en mi piel y sé que permanecerán ahí el tiempo que yo necesite para integrar el aprendizaje que debo extraer de esa situación, si no quiero volver a caer en el mismo agujero.

 

Y estaba en pleno agujero, cuando en medio de una actividad montañera con un grupo de gente que no conocía, al confesar yo que tengo 3 trabajos, una chica me espetó: “¿3 trabajos??¿Y entonces tu cuando vives?”  con una  expresión entre espantada y sorprendida que no dejaba lugar a dudas de que me veía como una auténtica friki.

 

Alguien intervino con otro tema y no tuve que responder. No quise retomar el tema más tarde,  porque bastante tenía con estar oxigenando mi batacazo a ver si el sol me ayudaba a digerirlo, para contestarle. Pero  como coach, cuando me lanzan una pregunta potente, recojo el guante y la guardo en algún rincón hasta ponerle las palabras que den la forma precisa a la respuesta.

 

Y esas palabras  comenzaron a venirme el jueves en el gimnasio, cuando ya estaba más tranquila, fuera de mis horas de momentáneas tinieblas.

 

Obviamente, con mis 3 trabajos, no dispongo de tanto tiempo como me gustaría para hacer deporte. Así que cada vez que consigo arañar minutos para ir al gymnasio, para mi es un regalo. Y si encima,  está desierto porque todo el mundo está fuera de vacaciones, ya es un lujazo.

 

De esa  manera pude disponer de la máquina de remo para calentar. Me sentí estupendamente dándole al remo un buen rato, notando como me he ido fortaleciendo mis músculos a lo largo de los meses de escaso pero constante ejercicio y como mi cuerpo aguanta mucho más que antes y se siente bien con el esfuerzo.  De hecho me sentía tan bien, que salí por segunda vez este año a la playa a bañarme en el mar, para divertimento de los foráneos acodados en la barandilla mirando el atardecer, que luego van diciendo “y fíjate había gente  que se bañaba con lo helada que tiene que estar el agua…estos vascos…”

 

De la fría mordida del agua del mar, pasé a la piscina, donde el agua me pareció caliente por contraste. Y cuando comencé a nadar, me invadió un bienestar fantástico. Porque notaba mi cuerpo activo, nadando con fuerza y ritmo, algo que hasta hace un año, no podía hacer. Pero me apunté a un pequeño curso para aprender a llevar la respiración,  he sido constante bajando un par de veces al mes a la piscina y entrenando  en sala  3 veces al mes…y el resultado es que ahora me muevo en la piscina, como pez en el agua. Me encanta la sensación de la fuerza que siento en mis brazos al impulsarme, el roce del agua en el cuerpo, el sentimiento de conexión cuerpo-mente. Nadar me hace sentirme agradecida de poder disfrutar de esas sensaciones y del regalo de la perfecto funcionamiento de la “maquinaria” de mi cuerpo.

 

feliz en la playa

 

Y entendí que en ese momento estaba VIVIENDO. Experimentando un conjunto de muchos pequeños detalles, que son los que me hacen sentir viva hoy en día.

 

Si de joven buscaba continuos estímulos y necesitaba estar todo el rato divertida, hoy en día lo que da valor a mi día a día, es un nivel de bienestar compuesto de aspectos como la dedicación a mi misma, la tranquilidad,  la seguridad, la gratitud, la relajación y esos pequeños momentos de pura sensualidad y gozo, como el baño en el mar helado o los momentos en que me deslizo en la sauna tras la piscina. Son momentos placenteros. En mi caso, los vivo dedicados a honrarme a mi misma y a cuidar de mí y la maravilla de mi cuerpo. No por su aspecto físico, sino porque conserva todas sus funciones y me sirve cada día.

 

Pero también VIVO cuando camino diariamente a la oficina y veo los cambios que se producen en el cielo, en los árboles con las estaciones, en las personas que me encuentro en mi camino día a día. Me contagio de las sonrisas de los niños, me divierten las  prisas de los adultos y me impactan los rostros de las personas que me cruzo. Todo es igual, pero todo es diferente cada día.  El camino al trabajo, hace mucho que se ha convertido para mí en un momento de deleite y gratitud.  Gratitud  por el regalo de la vida y por tener un día más por delante, con salud, con trabajo, llueva o luzca el sol. Y  deleite por todo cuanto acontece a mí alrededor; desde  el palomo que acosa a la paloma, hasta la mamá gorrión a la que sigue a todas partes su polluelo o las flores que brotan con la primavera en los jardines.

 

Y por si eso fuera poco, nadando entendí que me honro a mi mi misma y la vida cada día, cuando al levantarme pongo los pies en el suelo con el firme compromiso personal de dar lo mejor de mi misma. Quizás nunca llegue a ser una estrella, pero saco toda la luz que tengo y  busco el medio para vivir en mi pleno potencial desde las circunstancias que tengo. Y hago lo posible por aprender con cada cosa que llega a mi vida, con el fin de ser por la noche mejor persona, o al menos, más completa, de lo que era al levantarme por la mañana.  Más sabia, más humana, más rica en experiencias. Y siento como impacto en el pequeño mundo que me rodea, transformando con mis trabajo y mi presencia a los demás. Son momentos de trascendencia y sentido.

 

Además, disfruto de experimentar como hoy,  puedo nadar mejor que ayer. E igual que nadar, en muchas facetas de mi vida, puedo llegar más lejos de lo que pensé o creí. Y probablemente, pueda llegar aún más lejos de lo que ahora mismo soy capaz. En los últimos años, he construido la madurez emocional que me ha permitido bascular de una actitud personal competitiva hacia una orientada al acto individual de crecimiento personal. Y vivo montones de momentos de superación y valentía.

 

habitos-felicidad

 

Eso es para mi VIVIR:  el tener una vida que sientes como plena porque te sientes lleno de SATISFACCIÓN PERSONAL por lo que eres, por lo que haces y por cómo y desde qué emoción lo haces. No es lo mismo actuar por amor, que por miedo. Ni por afán de superación que por querer ser mas “grande” que los demás.

 

Algo difícil de comprender en una sociedad en la que pensamos que valemos lo que producimos o lo que ingresamos en una nómina a final de mes. En la que parece que sólo cuentan las vivencias y experiencias que podemos narrar con un vídeo o una foto impactante. En la que solemos renunciar a estar satisfechos por estar entretenidos.  En la que no valoramos la solidez de una existencia feliz y plena, sino que buscamos lo efímero de la diversión y el hedonismo. En la que  no entendemos que,  el ser mejor que lo que eras por la mañana, es ganar. Y en la que no sabemos apreciar que tenemos empleos que aunque aburridos,  nos dan para disfrutar de nuestro tiempo libre  y sino, podemos movernos a crear o buscar trabajos donde desarrollar nuestra vocación.

 

Disfrutar de la lluvia que cae, el sol que calienta, tu hijo que te sonríe, del llegar a casa tras una jornada agotadora…Agradecer tu  salud y el cariño de los tuyos, atreverte a vivir tus sueños, amar….Siempre que no haya carencias económicas tan importantes que pongan en peligro nuestra subsistencia, todo eso es VIVIR. Y si en tu vida se encadenan los momentos placenteros, con los  momentos de deleite y está presente la gratitud, la superación y la valentía, entonces estás VIVO a cada segundo y a cada minuto, no importa lo que estés haciendo, si estás trabajando, divirtiéndote o si alcanzas o no tus sueños.

 

 

Y tú: ¿cómo andas de satisfacción personal?

¿ qué cosas te hacen sentir profundamente vivo?

Soy María Díez Coach y con mi blog ofrezco un espacio de encuentro vital, positivismo, reflexión y aprendizaje para personas comprometidas con su superación personal, familiar y laboral.

En él encontraras herramientas de inteligencia emocional para superar los obstáculos cotidianos y construirte una vida llena de fuerza, confianza y pasión. Una vida  a tu medida, que sientas que merece la pena vivir.

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2 comentarios en “¿Y tú cuando vives?- El regalo de la satisfacción personal.

  1. ¡Qué ilusión Maria!
    Saber que el deporte te aporta tanta felicidad. Efectivamente, como bien dices, es un regalo comprobar el buen funcionamiento de nuestro cuerpo.
    Yo no puedo vivir sin él (reconozco que es un vicio y tampoco es bueno) pero cuando el cuerpo y la mente estás unidos el alma está mucho más tranquila 🙂
    El deporte y la alegría son dos cosas que me hacen sentir tremendamente VIVA.
    Hasta otro día…
    AB

    • ¡Hola Ana!
      ¡qué bueno volverte a ver por aquí! Sí, claro que el deporte me aporta felicidad, por eso creo tanto en fantástico proyecto y en la necesidad del mismo. Como bien dices, me equilibra, me ayuda a enfocarme y a sentir como voy mejorando y llegando poco a poco cada vez más lejos!!!

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