A vueltas con las Navidades

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merecemos recuperar la ilusión de disfrutar estas fiestas para nuestro bienestar

 

Amada por unos, odiada por otros, es raro que la Navidad nos deje indiferentes. Para sus defensores, es tiempo de reencuentros, familia, infancia y recuerdos. Los detractores notan la tristeza de las ausencias, se quejan de los excesos y la inmoralidad consumista y  destacan la falsedad que con frecuencia acompaña a estas fiestas.  Unos se alegran con su llegada, otros están deseando que pasen “rápido”. ¡Como si la vida no se nos escapara ya de entre las manos a toda velocidad!

 

Lo cierto es que estas fechas, más allá de una tradición que hemos ido vaciando cada vez más de contenido, son un excelente indicador para poner de manifiesto muchos aspectos de nuestra historia personal y  afectiva, que en otros momentos del año conseguimos eludir “mirando para otro lado” y que ahora resurgen con fuerza.

 

Pero: ¿qué esconde nuestra actitud de rechazo hacia esas fiestas? Si tenemos la valentía de ser honestos con nosotros mismos, quizás podremos entender que cada una de nuestras quejas suele apuntar a algún agujero emocional que deberíamos “mirar abiertamente” y atrevernos a enfrentar.  Desde ahí, nos debería ser más fácil reconstruir nuestra relación con estas fiestas y empezar a disfrutarlas en vez de sufrirlas, deseando que pasen.

 

Queja nº 1: “me agobian las Navidades”. Esta queja es de las más frecuentes. Lo cierto es que en Navidades, se multiplican las llamadas demandas externas. Por una parte, se tiende a un exceso de sociabilidad: parece que hay que ver por fuerza a todo el mundo que no te has ocupado de ver quizás en todo el año, o que es el momento para hacer la visita de rigor a quienes no sueles prestar apenas atención en tu día a día. Pero ¿Cuánto de sincero y honesto hay en ello? ¿Actuamos por costumbre, por no quedar mal o bien porque realmente nos mueve un deseo profundo de compartir aunque sea un momento con esas personas? ¿Cuantas veces preferiríamos quedarnos en casa que acudir a esa reunión con los compañeros de trabajo o “amigos” a los que en realidad no apreciamos y que en dos días habremos olvidado todos los buenos propósitos que haremos en estas fechas? ¡Y encima teniendo que poner buena cara!

Por otra parte, el agobio, también se manifiesta en una sobrecarga de tareas: comprar regalos, preparar comidas…¡Cuantas veces nos sentimos sobrepasados en estas fechas, con sensación de no llegar a nada, corriendo para estar con todos y llegar a todo y totalmente vaciados de placer porque en el fondo, a quienes no atendemos es a nosotros mismos y a nuestra necesidad de tranquilidad o descanso!

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Si esa es tu situación, conviene que valores hasta qué punto no estás atrapado por una necesidad de agradar a todos y quedar bien. Hasta qué punto no necesitas aprender a poner límites en tu vida y desarrollar una mayor independencia emocional de las opiniones ajenas (respecto a tu familia, tus conocidos o amigos) para ocuparte de tus verdaderas necesidades. Reflexiona si no te estás cargando con demasiadas tareas. Una de las principales razones por las que acabamos sobrecargados  es por no saber decir “no”. Porque se teme “quedar mal” o el “qué pensarán”. Así que no estaría de más plantearte como objetivo para el 2015 el aprender a poner límites a las continuas demandas externas (de nuestros padres, nuestros hijos, nuestra pareja, nuestros jefes y compañeros).

 

De momento, de cara a las Navidades, no digas que sí a todo como acostumbras.  Date un momento para valorar  lo que es de verdad necesario hacer y si te apetece hacerlo desde el amor o simplemente estás intentando quedar bien. Rescata tiempo para ti cada día. Al fin y al cabo, si tú no estás bien, no podrás ofrecer lo mejor de ti a los demás.

 

Queja nº 2: “me ponen triste las Navidades”- En esta época en que la familia y la infancia tienen mucho protagonismo, todos retomamos de algún modo nuestra historia emocional: la que aprendimos con nuestra familia y la que construimos (o no construimos) con nuestra pareja, hijos y amigos. Según como hayamos organizado nuestra historia emocional, podemos sentirnos más o menos sensibles. En esta época se generan muchos movimientos afectivos y aflorar pensamientos como con quien contamos en la vida, si nos sentimos queridos y acompañados… ¡Cuantas personas no  tapan con tantas reuniones más o menos vacías el sentimiento de encontrarse sólos!

Además, las reuniones familiares hacen aflorar las discordancias entre los miembros de la familia y todas las diferencias no resueltas, aumentando los conflictos entre los miembros y las parejas.

Y si ha habido pérdidas recientes en el círculo familiar, quizás estas todavía no hayan tenido tiempo de integrarse. O quizás surge el dolor de un duelo sin cerrar. La tristeza nos indica que hay algo que es necesario soltar, algo que pertenece a una etapa que ya ha terminado, para caminar hacia el futuro. No siempre resulta fácil. Pero no trabajarlo, no cerrar el ciclo, nos convierte en esclavos  del pasado.

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¿Qué hacer? Revisa como has organizado tu historia emocional. ¿Estás contento con ella? ¿Hay cosas que desearías cambiar en tus relaciones familiares o personales? ¿Historias o ciclos que todavía no has cerrado o no te atreves ni siquiera a enfrentar? Recuerda que cada día, se nos ofrece la oportunidad de superarnos como personas y empezar a reescribir nuestra historia de nuevo, si tenemos la valentía de dejar ir el pasado y ponernos manos a la obra. Podemos trabajar nuestras relaciones personales, poniendo el foco en mejorarlas si no nos satisfacen y nos importan. (Y cuando nos duelen, es porque aún nos importan). Y siempre podemos buscar ayuda profesional si  no nos sentimos capaces de lograr los cambios que deseamos nosotros sólos.

Y en cuanto a esa persona a la que “no aguantas”, haz un esfuerzo por enfocarte en lo que os une, más que en lo que os separa. Así evitarás llenarte de reproches. La Navidad es el momento de la paz en el corazón. ¿ Te imaginas la belleza de poder experimentarla?

 

Queja nº 3: “Tengo mal recuerdo de las Navidades en mi infancia”- Ciertamente, la Navidad es la estación de los recuerdos. Las tradiciones nos dicen de dónde venimos y según lo que hayamos vivido, unos la disfrutarán y otros desearán que pasen rápido. Sin embargo, igual que mencionábamos un poco más arriba: el pasado no debería condicionar nuestro presente ni nuestro futuro.


Si queremos desarrollarnos y conseguir mayor bienestar en nuestro día a día, es importante atrevernos a cambiar ese traje de infelicidad y dolor que nos atrapa,  en vez de vestirnos con los ropajes antiguos de víctimas de nuestro pasado.

 

Como siempre, atreverse a vivir con plenitud, resulta una opción personal. Una opción que implica intentar se día a día  más conscientes de nuestras partes “oscuras” para poder superarlas. También implica pasión por vivir cada vez con más entusiasmo, más bienestar y más alegría. Dado que cualquier ocasión que nos aparte del bienestar, es un momento de vida perdido, merecemos recuperar la ilusión de disfrutar estas fiestas para nuestro bienestar. Quizás vaya siendo hora de cambiar tu relación con las Navidades y de atreverte a regalarte el  disfrutar en Navidad.

 

Y tú: ¿todavía sufres las Navidades o las disfrutas?

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2 comentarios en “A vueltas con las Navidades”

  1. Hola María. Yo soy de estas personas que creo haber pasado por casi todas las etapas que describes en tu articulo, en relación a las Navidades. Fundamentalmente me daban tristeza-rabia por no haberlas vivido con alegría en mi infancia y durante mucho tiempo arrastré esta pesadumbre, lo que hacía ponerme totalmente en contra para defenderme de dicha sensación. Afortunadamente desde hace ya tiempo esto está superado. Por otro lado mi consciencia ambiental también en cierta medida me hace rechazar estas fiestas por lo que de consumismo, y desequilibrios supone, más aún en los tiempos que corren donde hay mucha gente, mucha gente que pasa tantas faltas vitales (hambre, pobreza energética…)…Pero he conseguido no vivirlo con dolor. Mi actitud es: me mantengo al margen en mi vida cotidiana de lo superfluo, en la medida de lo posible e intento compartir el descanso de invierno con las personas que amo….Todo, a ser posible, en contacto con la naturaleza….
    Gracias por tus reflexiones

    • Gracias por compartir con nosotros tus vivencias Amparo!
      Un excelente ejemplo de cómo podemos ir superando nuestros conflictos al entender mejor qué los provoca y anclarnos en lo que de verdad es importante para nosotros: los valores. En tu caso la naturaleza, el compartir tiempo con quienes aprecias y llevar un estilo de vida consciente del despilfarro y no consumista. Otro día revisaremos el tema de la triste “mercantilización” de estas fiestas, que al final nos deja más vacíos que satisfechos.

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