Vinieron las lluvias: al mal tiempo, buena cara.

vinieron las lluvias retocada

 

Algo bulle en Donostia – San Sebastian estos días y  os aseguro que no es por el Festival Internacional de Cine, que está en pleno apogeo con la llegada de estrellas  como Siena Miller.

 

No. La efervescencia que noto en las personas que me rodean es mucho menos “glamourosa”. Está relacionada con uno de los temas favoritos del los donostiarras: la climatología. ¿Cómo podría ser de otro modo?

 

Y es que anteayer entró viento del noroeste y por aquí, ese viento trae bajada de temperaturas y lluvia. Así que los relumbres del verano se van apagando y volvemos a la siempre gris y húmeda Mordor – Donosti City, como yo la suelo denominar con una mezcla de cariño y guasa.

 

Y con el retorno de las lluvias y la entrada del otoño, parece que se la ciudad se anega en una marejada de lamentaciones. Os aseguro que al menos la mitad de los habitantes se contagian de un virus generador de desasosiego y malestar. Se reconoce rápido, porque apenas te encuentras con alguien, justo detrás del “hola”, “kaixo” o “buenos días”, te suelta el “¡qué horror de tiempo!” o bien “jooo ¡qué tristeza! ¡menudo asco de tiempo!” o bien “uff!!! ¡qué pereza otra vez el otoño”.

 

 

20060729184017_17-movimiento-ondulatorio-en-una-mañana-de-lluvia

 

Pero si hoy he decidido escribir sobre algo que en sí parece más bien anecdótico, es porque en el fondo, lo percibo como uno de los grandes males de nuestros tiempos. Cuando escucho estas quejas frecuentes y oigo a la gente hablar de la tristeza que les provoca la lluvia, la pérdida de luz y el otoño, no puedo evitar sentir que en muchos casos, estos sentimientos son la punta de un gran iceberg de insatisfacción vital.  Si. Sé que la luz nos afecta. Y los cambios de estación. Y puede que me equivoque, puede que no sea para tanto. Pero hay algo en mí  que se rebela cuando escucho a la gente quejarse del tiempo. Y quejarse, y quejarse y quejarse. Como si todos trabajaran el campo y su fuente de sustento dependiera del tiempo que hace. Como si sus vidas quedasen arrinconadas o en suspenso durante estos meses de otoño e invierno, aletargados a la espera de una nueva primavera. Como si no hubiera cosas más importantes, de más peso y mayor calado en sus vidas.

 

Quizás no tenga mayor importancia, quizás soy en exceso susceptible…pero creo que no hace falta tener una intuición de coach para sentir cuanta falta de pasión, cuanta falta de propósito vital y cuanto aburrimiento y rutina se esconden bajo toda esta queja continua y reiterada en determinadas personas. Y sobre todo, cuanto autoengaño. Cuanto mirar de lado y no querer hacerse responsables de los verdaderos problemas con los que viven.

 

¿Cuales son? Supongo que hay cientos. O miles. Una casuística enorme. Pero en su esencia, podrían resumirse en estos pocos que aquí te detallo.

 

¿ quizás te reconoces en alguno?

 

1-      no te apasiona tu trabajo. Y ni siquiera te atreves a reconocerlo. O bien lo reconoces, pero no haces nada por cambiarlo. Así que la triste perspectiva de estar metido de lleno en él hasta las siguientes vacaciones, te mata, te apaga. Te corroe. Si…lo sé. Es horrible estar en un trabajo que nos asfixian, donde nos sentimos muertos en vida.

2-      No consigues disfrutar del presente. Los días se encadenan unos con otros iguales, monótonos y aburridos. Sin ningún aliciente. Sin nada que los haga diferentes.

3- Tu vida no tiene otros horizontes ni a corto ni largo plazo que no estén relacionados con el ocio y la diversión inmediata. No conoces aspectos emocionantes e increíbles de las personas como la satisfacción personal por quien eres, por tu impacto en el mundo y lo que entregas a los demás. Aspectos como la belleza de amar profundamente y ser amado o la elevación de crear, inventar o admirarte con lo que te rodea y sentirte agradecido por las cosas más pequeñas.

4-      No tienes suficiente tiempo libre en tu vida y por consiguiente, tu vida no está equilibrada.  Tiempo para tu familia, para tus amigos. Para la creatividad o el doce far niente. O para reciclarte, aprender y desarrollarte. Y volverte cada vez más valiosa para tu profesión y para los que te rodean. Para lo que quieras. Lo mejor de tu vida, se lo das al trabajo ( aunque no quieras) o a personas que te chupan la sangre como vampiros energéticos. O bien tienes tantas obligaciones y tareas, que vas corriendo de una actividad a otra con la lengua fuera, hasta caer rendida por la noche sin haber disfrutado de un solo momento de bienestar en exclusiva para ti.

 

¿Te suena alguno de estos problemas?

¿Son ellos o el otoño y las lluvias lo que hace que vivas con el corazón caído?

 Claro que no son ellos. Que eres tu. Y duele reconocerlo. Y te avergüenza. Pero hay una parte positiva en ello. Porque si tienes la valentía de mirarlos de frente,  cada uno de estos aparentes problemas, encierra una invitación para ti.

 

lluvia-de-otoño

 

Por ejemplo, este mismo año he trabajado con una cliente que tenía claro que no quería dejarse la vida en un trabajo sin perspectivas de futuro. Donde nunca tenía otros medios para hacer bien las cosas que trabajar mil horas sin recompensa alguna. Desmoralizada y desgastada, sentía que el trabajo acababa con ella. Acudió a mí buscando un cambio, una posición profesional  más apasionante y divertida para ella y para su familia. Ahora está al frente de su propio negocio familiar.

 

También puedes aprender a prestar atención a tu tiempo. Pensar en lo que realmente te importa y trabajar en dedicarle tu atención un poco más cada día. Vivir de forma cada vez más congruente con quien eres, llevándolo a cada acción cotidiana. Es un tema que me apasiona y que trabajo en sesiones de coaching y mentoring.

 

Y puedes trabajar en entender si tú llevas el volante del coche de tu vida y hacia dónde se dirige la carretera que sigues. Y entender si ese camino es lo que tu sientes adecuado para tu vida. Y sino, opta por cambiar el rumbo.

 

Ten un poco de imaginación para convertir cada día en una grata experiencia. La vida puede ser apasionante cualquier día de la semana. Incluidos los lunes. Busca actividades que te nutran, cosas nuevas, momentos mágicos. Recuerdo con especial cariño una época en que los lunes acudía a clases de arte y luego al salir, iba a un bar cercano a picar algo con las compañeras que conocí allí. Por aquel entonces, el lunes era de mis días favoritos.

 

No te resignes. No te apagues. No pases planeando sobre la vida. Si te sientes vacío o infeliz en algún aspecto, busca  volar un poco más alto para alcanzar una posición laboral, personal o profesional más apasionante, divertida o interesante. O que te produzca mayor satisfacción personal. Sólo tienes que decidirte, dar el primer paso. Y ponerte a ello.

lluvia2_1

 

Vamos…el otoño y las lluvias no tienen la culpa. Si. Es cierto. La lluvia es incómoda, molesta. Pero no es ácido sulfúrico. No te deshace, no te mata.  Pero la falta de horizontes, las relaciones vacías, los trabajos que te aburren o el vivir estresado, sin sentirte dueño de tu tiempo y sin retos,  ni desarrollo personal, son como  una muerte en vida.

¿Hace cuanto tiempo que te falta ilusión, alegría o humor? ¿Hace cuanto tiempo que no juegas a dejarte empapar por la lluvia? Si. La lluvia moja. Pero  también limpia, alimenta,  revitaliza. Y el otoño está aquí no para entristecerte y que te enclaustres, sino para recordarnos la fugacidad de la vida e invitarte a que la vivas, la disfrutes y la aproveches. Introduce ilusión, un poco de chispa, un poco de locura en tu vida.

 

Está en tu mano cambiarlo todo en tu vida y empezar a crear la vida en la que crees. Está en tu mano decidir cómo serán este invierno y este otoño. Está en tu mano aupar tu corazón. Y yo estaré aquí para acompañarte y apoyarte en el camino que decidas crear y recorrer.

 

 

 Y tú: ¿qué cara le vas a poner este año al mal tiempo?

 Como despedida, hoy os dejo más abajo la historieta de lo que me ocurrió ayer con la lluvia, convirtiendo el inicio de este otoño en un momento encantador,  de puro absurdo.

 

¡Hola! Soy María Díez Coach y con mi blog ofrezco un espacio de encuentro vital, reflexión y aprendizaje para personas comprometidas con su superación personal, familiar y laboral.

En él encontraras herramientas de inteligencia emocional para superar los obstáculos cotidianos y construirte una vida llena de fuerza, confianza y pasión. Una vida  a tu medida, que sientas que merece la pena vivir.

Anímate a suscribirte  para recibir los boletines mensuales con el resumen de las publicaciones.

También puedes seguirme a través de mi página de facebook: www.facebook.com/mariadiezcoach

 

 

Aquí me teneis ayer tarde, saliendo para un tour de pintxos, acompañada por mi bolso de gato.
Aquí me teneis ayer tarde, saliendo para un tour de pintxos, acompañada por mi bolso de gato.

A pesar de que el viento era desapacible y todo el mundo decía que hacía malísimo, lo cierto es que no llovió en toda la tarde. Y a mi me pareció que la temperatura era estupenda así que decidí que nada de botas de invierno, ni vaqueros. ¡A mi me va a asustar un poco de lluvia! ¡Al mal tiempo hay que plantarle cara! Por eso, me puse vestidito y zapatitos de salón.

Todo fue bien hasta que regresaba a casa caminado por el Paseo de La Contxa. Y justo cuando estaba en la mitad del Paseo, sin posibilidad de buscar refugio,  me cayó una tromba que no os lo podeis “de creer”. En menos de un minuto, me quedé empapada.  Me entró agua en los zapatos,  así que me resbalaba dentro de los mismos , resultandome por ello complicado avanzar rápido. Y para colmo de males,  comencé a notar como los tacones me agudizaban las agujetas del retorno al gimnasio (que hasta ese momento no había notado), de forma que casi no podía ni avanzar.

Esos inesperados y nimios incidentes, hicieron que  me encontrara “atrapada” en medio del diluvio universal, sin poder escapar a la chaparrada. Me sentía totalmente absurda.  Y no tenía  demasiadas  opciones para salir de allí. La primera, pasaba por quitarme los zapatos y caminar descalza para ir más rápido, rezando por no pisar un cristal, ya que de noche no veo tres en un burro. La segunda (que fue la elegida) era nano- avanzar a pasito de geisha, como si no tuviera prisa alguna, mientras me caían encima chuzos de punta. Así lo hice. Pero al imaginarme la imagen tan patética que ofrecía, empapada como una marsopa y caminando como una geisha bajo una lluvia torrencial,  me atacó una risa irrefrenable, agudizada por los txakolis que me había tomado durante el tour, ralentizando aún más mi paso.  La verdad es que no podía parar de reírme ante lo grotesco de la situación y lo ridículo de todo el conjunto de circunstancias.

Enfin….Que llegué a casa hecha una sopa, pero la impresión de esa lluvia todavía permanece en mi corazón. Y mientras escribo esto, todavía parece que me caiga encima y me esboza una sonrisa.

 

Que tengas una gran semana y te “caigan muchos chaparrones” .