Regalos con sentido.

Los mejores regalos no tienen precio.
Los mejores regalos no tienen precio.

 

Hace ya algunos años que tomé la decisión de priorizar las personas sobre el consumismo desaforado que parece invadirnos con motivo de la Navidad.Uno de los aspectos en los que más se manifiesta esa decisión, ha sido con motivo de los regalos. Algo que antes se convertía en una acumulación de objetos, muchas veces inútiles y sin posibilidad de darles salida, puesto que tenemos en general sobreabundancia de todo lo que necesitamos. Esto no significa que en mi casa no se hagan regalos, pero sí que hemos cambiado mucho la manera de regalar limitándola a la mínima expresión y sobre todo: a que yo he aprendido a ver de otro modo qué necesito en realidad para mi vida y cuales son aquellas cosas qué quiero recibir y van a aportar un valor real a mi día a día.

 

Por eso, la mañana de Navidad continua siendo uno de mis momentos favoritos del año. Mientras en muchos hogares niños y mayores abren llenos de ilusión sus cajas y paquetes, yo suelo tomar mi cuaderno de mejora personal (que me acompaña desde hace ya bastantes años) para empezar a recopilar en él todos los regalazos que me ha traído el año a punto de acabar.

 

Como ocurre en el caso de los niños, muchas de esas actitudes y cualidades que me llegan,  las pedí yo en algún momento. Normalmente lo hice al redactar mis retos y objetivos para el año siguiente. En esos objetivos,  suelo establecer mucho más allá de aquello que lo que deseo lograr para mi vida. También decido quién quiero ser, como quiero sentirme y cómo deseo comportarme frente a los demás y frente a mi misma. Es  una forma de poner el foco en aquello que debo mejorar, en lo que debo superarme. De esta manera, al marcar un rumbo o sentido, doy la orden a mi mente para que tome una dirección determinada cuando las tormentas de la vida me dejen desorientada. Un fantástico ejercicio de auto análisis para terminar el año que sin duda os recomiendo. Y lo creáis o no, poco a poco, esas peticiones van tomando forma en mi vida.

 

Lo más fascinante de “pedir intangibles”,  es que no siempre llegan en el año que los he pedido. Incluso muchas veces, aparecen en mi vida mediante sucesos que no siempre son los que hubiera deseado. Otras,  toman una forma diferente a la que había  imaginado, demostrándome que el poder de la vida, supera con creces a lo limitado de mi imaginación.  El caso es que cuando reconozco alguno de esos “regalos” que había pedido, me hace una ilusión enorme. Un nuevo hito, una nueva meta cumplida, cuyo valor suele ser además incalculable. De esos que el dinero no puede comprar.

 

Comparto con vosotros que el 2013 me ha traído entre otras cosas buena salud (que es lo que más valoro), más paz interior y mucha presencia. Este era un concepto desconocido para mí hasta que me lo trajo el año pasado por primera vez y que este año se ha integrado como parte esencial de mi vida. ¡No entiendo como podía vivir antes sin el don de la presencia! También me ha regalado compañía de viaje y disfrute con mi extensa red de amistades, creatividad a raudales, algún susto económico que al lograr solventarlo me ha generado mayor confianza en mis recursos personales y la sensación de haber saboreado con intensidad el verano. Y he valorado mucho los ejemplos que me ha puesto la vida para facilitarme el salto de atreverme a arrancar con mi blog y las redes sociales. En conjunto, siento que he crecido en madurez,  seguridad propia y serenidad.

 

Sin embargo, son los regalos inesperados aquellos que me hacen mayor ilusión.

¡Algunos de ellos son realmente increíbles! Nunca hubiera imaginado que existían, como en el caso de la presencia y suelen ser aquellos que te más te cambian la vida… Entre ellos, merece un lugar de honor la ilusión y el apoyo emocional que me ha facilitado la comunidad de emprendedores Herrilab. Y la paz interior ha desembocado en una profunda quietud que me ha permitido “escuchar crecer la hierba” o lo que es lo mismo: escuchar la voz de mi corazón. Oír por fin a mi corazón me ha traído mayor coraje, que se manifiesta en un mayor gusto por lo desconocido, por lo nuevo y la comprensión de que la vida es pura incertidumbre y esa es precisamente su belleza. Esto me ha permitido arriesgarme más a explorar nuevas posibilidades,  que a su vez consolidan la confianza. Y si escuchas y sigues la voz de tu corazón consigues conexión contigo mismo.

 

Y ha sido desde esa conexión, desde donde he podido subir un escalón importantísimo: entender que llevo demasiados años pidiendo cosas que quiero que pasen a la vida, pero todavía no me he detenido a preguntarle a la vida qué es lo que ella me pide a mi, con todo lo que me ha dado. Si…Llevo años pidiendo a la vida, pero no me había planteado nunca que la vida me ponía delante todo el rato lo que iba necesitando de mí…Y yo no lo aceptaba, casi siempre miraba en otra dirección y así me sentía permanentemente dividida, con mi cuerpo en un lugar y mi mente en otro. ¡Qué gran lección aunque duela!

 

Con ese descubrimiento, he obtenido unidad. Otro gran regalo que deseo para muchas personas que conozco a mi alrededor. No tengo mi cabeza en un sitio y mi corazón en otro. No deseo ya cosas con mi mente, a las que mis acciones luego no secundan sintiéndome mal por ello. Y un cambio de paradigma tan brutal como el que he mencionado, me ha colocado en una posición de profunda humildad. Y de esa humildad, nace una avanzadilla de sabiduría, que imagino será mi regalo principal del 2014.

 

Estas son algunos de los regalos que he recibido este año. Estos son los resultados de haber decidido un día, elegir invertir en crecimiento personal, en vez de en consumismo.

Y lo que es todavía más maravilloso: al adquirirlos yo y ser una persona más completa,  transformo automáticamente con mi presencia a los demás mediante el impacto de mi liderazgo. Son regalos para mi, que disfrutan todos lo que me rodean.

 

 

 

¿Y a ti?  ¿Qué te han traído las Navidades? ¿Todavía regalos que se pueden comprar?