Escuchando crecer la hierba ( a farewell to summer).

 

playa

 

Se va el verano. Esta noche nos dejará de forma oficial, dando paso al otoño. Y parece que para despedirse ha elegido sus mejores galas…. nos regala hoy un día límpido,  de una luminosidad vibrante,  irrepetible. Tan característica,  que sólo la he conocido  en San Sebastián en los días más bellos de Septiembre.

Escribo sobre la arena, acariciada por el sol. Aspiro la suave brisa cargada un inconfundible perfume marino que propician las  mareas vivas de San Miguel.  La playa, de nuevo recuperada para los donostiarras, está tranquila. Al bañarme, disfruto con el  agua cristalina que ya en estas fechas,  muerde con ese frío revigorizante que pone la carne de gallina al entrar y aleja a los menos acostumbrados.

 

Hoy es un día para vibrar con los 5 sentidos, de esos en que la vida te conquista con su fuerza. Yo me dejo cautivar cautivar por su belleza.  Soy consciente de que son esos momentos de seducción los que dan sentido a nuestros días. Me siento tan vibrante como el cielo azul y el agua de un verde pálido.Si alguien me preguntara ¿qué es la felicidad? le invitaría a escuchar en este momento a mi corazón para que le hablara de ella.

 

Se va el verano y me despido de él con gratitud. Llegó en un momento emocionalmente intenso para mí. Sobrecargada de trabajo, con mi madre pasando una mala racha y diferentes temas personales complicándose por momentos.  Por esas casualidades de la vida, vino acompañado de música. Un CD que me regaló una conocida,  en el día en que empezaba oficialmente el estío. Al llegar a casa esa noche y escuchar la canción de Pink Martini, Splendor in the grass, algo se agitó en mi interior y alzó su voz. Me sacó las lágrimas. Era la voz del corazón. Esa voz que tan pocas veces escuchamos y demasiadas veces acallamos.  Me urgía a encaminarme a “dónde la hierba es verde”. Me animaba a que “reclinase mi cabeza en la hierba y  la escuchara crecer”.

2013-08-04 17.26.14 (1)

 

 

No me resultó fácil entender que  expresaba mi corazón. No estamos acostumbrados a su lenguaje, porque rara vez le prestamos atención. Sin embargo, el deseo  que encerraba esa metáfora tomó sentido el día en que contemple estas praderas.  Lo que yo necesitaba era volver a sentir que la vida me pertenecía.  Quería salir de ese  periodo en que sentía una vez más que la vida se movía demasiado deprisa. ¡cuantas veces se nos escapa la vida  sin  saborearla, sin olerla, sin disfrutarla…. Asi estaba yo antes del verano. Necesitaba volver a habitarla sin prisa, degustándola. Amándola. No correr tras ella, como me ocurre a veces, cuando salgo de mí y permito que se adueñen de mi el stress  y la prisa y les cedo las riendas de mi vida.

Así que me di permiso para tan sólo cumplir con las obligaciones más estrictas y por lo demás,  dedicarme a disfrutar del verano con todas mis fuerzas y los medios a mi alcance. He organizado bellas excursiones por la costa cántabra y encuentros divertidos con gente cuyo descubrimiento ha sido un regalo. También he acudido a algunas fiestas, he quedado con muchos de mis amigos a los que no veo tanto como desearía y me he permitido disfrutar como una niña con cuanto fuera surgiendo en mi camino. No me he perdido ni un sólo atardecer, ni los fuegos artificiales de las fiestas. Y  he sido en lo posible el bastón de mi madre ahora que ha necesitado apoyo con su enfermedad. Y por supuesto¡ he trabajado! ¡Así que todavía me quedan las vacaciones por disfrutar! ¿ se puede pedir más?

Se va el verano y me ha cargado de vitalidad y energía. Me queda el recuerdo de haber disfrutado intensamente aquí ya ahora. Aunque no haya tenido vacaciones. Aunque el ritmo en la oficina haya sido agotador. Aunque convivir con mi madre con su rodilla mal haya sido por momentos como compartir la casa con Jack Nicholson en “El resplandor” ( (por cierto ¡lo mismo dice ella de mi! y supongo que parte de razón no le falta).  Lo cierto es que cuando recuperamos nuestro bienestar y nos damos permiso para la alegría, las circunstancias no tienen el mismo peso.

Escuchar crecer la hierba ha sido no dejarme invadir por esa  sensación de urgencia que la vida cotidiana nos intenta imponer una y otra vez. Lo peor es que nosotros la hacemos nuestra, para terminar corriendo sin saber en realidad hacia dónde ni para qué.

Se va el verano y salgo de él  en un punto totalmente diferente, tras haberme dado permiso para gozarlo al máximo, para detenerme a escuchar a mi corazón. Algo que pocas veces nos permitimos.  Sólo así he podido encaminarme a dónde “las colinas son verdes, los días están llenos de esplendor y por la noche puedes ver las estrellas”.

 

¿ y tu? ¿ has escuchado crecer la hierba este verano?

¿ escuchas a tu corazón?