Vida, sorpresa, misterio y belleza

2013-12-08 hojas reducida

 

Vida, sorpresa, misterio y belleza, mucha belleza…

Aquí nos hallamos todos, pequeños humanos poblando un pequeño planeta perdido en el espacio inmenso. Humanos viviendo con más o menos conciencia de estar vivos, el milagro de la vida y la belleza de nuestro mundo. Humanos con dificultad para apreciar la magia de los colores a la luz de la luna reflejada en una pequeña gota de rocío.

¿ Cuántos años llevamos vivos y cuanta vida hemos vivido plenamente?

J. Soler & M. M. Conangla.

Ve donde el viento te lleve

2013-08-07 21.07.03

 

 

“La vida no puedes prepararla, no puedes tenerla prevista.

Esa es su hermosura y su milagro: siempre te coge desprevenido y te llega por sorpresa.

Cada momento es una sorpresa y no se puede aplicar una respuesta pre-concebida.

Por eso, ve donde el viento te lleve. “Osho

 

¿Te interesan los temas de crecimiento personal e inteligencia emocional?

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La danza del sirimiri

sirimiri original

 

No hay nada especial en un día como este. En realidad, no suele haber nada diferente en la vida de las personas que estamos enamoradas de la vida, salvo cómo nos sentimos ante ella.  Es un viernes más del verano, en el que el bochorno del día ha cedido paso a una fina y persistente lluvia en spray, característica de mi tierra, llamada sirimiri o calabobos. Su ligereza hace que se cuele por todas partes y de nada sirvan los paraguas: juega con el viento a mojarlo todo y a todos con su finísimo manto de agua.

 

Voy caminando de vuelta a casa tras dejar a mis amigas en el autobús. Me siento intensamente feliz disfrutando del frescor de esta noche. Como siempre que estoy contenta,  mis sentidos están muy despiertos. Me deleito con cosas tan sencillas como andar o sentir la caricia de la lluvia en las piernas. Me siento bien conmigo misma, radiante y feliz.

 

Al llegar al Paseo de la Concha me detengo ante las plumosas ramas de los tamarindos. Perladas con una miríada de gotas evanescentes en la noche veraniega, presentan una imagen delicada y cautivadora que me emociona.

 

Aunque vivo muy cerca de aquí, siempre me impacta la belleza serena de nuestra bahía, así que me acerco a la barandilla para admirarla. El paisaje es increíble.

 

La marea baja ha dejado al descubierto una amplia franja de arena húmeda. La  isla de Santa Clara y las murallas del castillo están iluminadas y  sus luces dibujan halos borrosos tras la cortina de sirimiri. Observo como el Cristo que corona el monte Urgull parece flotar suspendido la oscuridad sobre la silueta iluminada del edificio señorial del Ayuntamiento. Tiene un aire de aparición fantasmal. Justo debajo de mi, un foco proyecta su luz sobre la playa y ante él, danza infatigable el sirimiri, al ritmo de la tenue brisa nocturna. Se acerca, se aleja, revolotea…..una bella imagen que me fascina y ante la cual me quedo absorta.

 

Y de pronto sucede una vez más: la imagen de los torbellinos de lluvia lo invade todo, me absorbe en ella, igual que si hubiera saltado al interior de una película desde el patio de butacas. Mi mente se aquieta, me inunda una sensación de éxtasis y el mundo queda olvidado.

 

Por unos segundos, o minutos, ante tanta belleza y perfección, me siento catapultada más allá de los confines de lo ordinario. La emoción que me sobrecoge habla de PERFECCIÓN.  Me siento en UNIDAD y ARMONIA conmigo misma y el mundo. Experimento una profunda GRATITUD ante el regalo de la vida. La apreciación de estar viva trae lágrimas a mis ojos. Entiendo la bendición de cuanto tengo y me ha sido concedido.

 

Mi vida no es perfecta. No es en su forma como yo había  soñado o planeé. Pero acodada en la húmeda barandilla,  arropada por la BELLEZA de la danza del sirimiri, me siento tocada por la FORTUNA. Después de muchos años de trabajo personal, de construirme como persona,  si estoy logrando ser como deseaba. De nuevo soy QUIEN DESEABA SER Y ME SIENTO COMO SOÑABA SENTIRME. En la película de mi vida, vuelvo a ser la protagonista.

Me gusta mi actual actitud ante la vida. He aprendido a estar como deseaba sentirme; en paz y alegría. Tengo confianza en mi potencial. Sé que me ponga la vida el guión que me ponga delante, siempre encontraré un espacio para la felicidad, para la esperanza, para la ternura, la belleza, el amor o la risa. Para todos los sentimientos que engrandecen al ser humano. Confío cada vez más en mis posibilidades. Me quiero de una forma íntima que me llena de satisfacción.

 

En momentos como estos, sé que no necesito nada diferente, nada más. Hay PLENITUD en mí. No necesito buscar fuera mi felicidad, sólo necesito tomar conciencia de cuanta almaceno en mí y sacarla para devolver a la vida cuanto me ha dado.  

 

¿ y tu?  ¿ Llevas dentro de ti la danza del sirimiri?

 

¿eres protagonista en la película de tu vida?

Escuchando crecer la hierba ( a farewell to summer).

 

playa

 

Se va el verano. Esta noche nos dejará de forma oficial, dando paso al otoño. Y parece que para despedirse ha elegido sus mejores galas…. nos regala hoy un día límpido,  de una luminosidad vibrante,  irrepetible. Tan característica,  que sólo la he conocido  en San Sebastián en los días más bellos de Septiembre.

Escribo sobre la arena, acariciada por el sol. Aspiro la suave brisa cargada un inconfundible perfume marino que propician las  mareas vivas de San Miguel.  La playa, de nuevo recuperada para los donostiarras, está tranquila. Al bañarme, disfruto con el  agua cristalina que ya en estas fechas,  muerde con ese frío revigorizante que pone la carne de gallina al entrar y aleja a los menos acostumbrados.

 

Hoy es un día para vibrar con los 5 sentidos, de esos en que la vida te conquista con su fuerza. Yo me dejo cautivar cautivar por su belleza.  Soy consciente de que son esos momentos de seducción los que dan sentido a nuestros días. Me siento tan vibrante como el cielo azul y el agua de un verde pálido.Si alguien me preguntara ¿qué es la felicidad? le invitaría a escuchar en este momento a mi corazón para que le hablara de ella.

 

Se va el verano y me despido de él con gratitud. Llegó en un momento emocionalmente intenso para mí. Sobrecargada de trabajo, con mi madre pasando una mala racha y diferentes temas personales complicándose por momentos.  Por esas casualidades de la vida, vino acompañado de música. Un CD que me regaló una conocida,  en el día en que empezaba oficialmente el estío. Al llegar a casa esa noche y escuchar la canción de Pink Martini, Splendor in the grass, algo se agitó en mi interior y alzó su voz. Me sacó las lágrimas. Era la voz del corazón. Esa voz que tan pocas veces escuchamos y demasiadas veces acallamos.  Me urgía a encaminarme a “dónde la hierba es verde”. Me animaba a que “reclinase mi cabeza en la hierba y  la escuchara crecer”.

2013-08-04 17.26.14 (1)

 

 

No me resultó fácil entender que  expresaba mi corazón. No estamos acostumbrados a su lenguaje, porque rara vez le prestamos atención. Sin embargo, el deseo  que encerraba esa metáfora tomó sentido el día en que contemple estas praderas.  Lo que yo necesitaba era volver a sentir que la vida me pertenecía.  Quería salir de ese  periodo en que sentía una vez más que la vida se movía demasiado deprisa. ¡cuantas veces se nos escapa la vida  sin  saborearla, sin olerla, sin disfrutarla…. Asi estaba yo antes del verano. Necesitaba volver a habitarla sin prisa, degustándola. Amándola. No correr tras ella, como me ocurre a veces, cuando salgo de mí y permito que se adueñen de mi el stress  y la prisa y les cedo las riendas de mi vida.

Así que me di permiso para tan sólo cumplir con las obligaciones más estrictas y por lo demás,  dedicarme a disfrutar del verano con todas mis fuerzas y los medios a mi alcance. He organizado bellas excursiones por la costa cántabra y encuentros divertidos con gente cuyo descubrimiento ha sido un regalo. También he acudido a algunas fiestas, he quedado con muchos de mis amigos a los que no veo tanto como desearía y me he permitido disfrutar como una niña con cuanto fuera surgiendo en mi camino. No me he perdido ni un sólo atardecer, ni los fuegos artificiales de las fiestas. Y  he sido en lo posible el bastón de mi madre ahora que ha necesitado apoyo con su enfermedad. Y por supuesto¡ he trabajado! ¡Así que todavía me quedan las vacaciones por disfrutar! ¿ se puede pedir más?

Se va el verano y me ha cargado de vitalidad y energía. Me queda el recuerdo de haber disfrutado intensamente aquí ya ahora. Aunque no haya tenido vacaciones. Aunque el ritmo en la oficina haya sido agotador. Aunque convivir con mi madre con su rodilla mal haya sido por momentos como compartir la casa con Jack Nicholson en “El resplandor” ( (por cierto ¡lo mismo dice ella de mi! y supongo que parte de razón no le falta).  Lo cierto es que cuando recuperamos nuestro bienestar y nos damos permiso para la alegría, las circunstancias no tienen el mismo peso.

Escuchar crecer la hierba ha sido no dejarme invadir por esa  sensación de urgencia que la vida cotidiana nos intenta imponer una y otra vez. Lo peor es que nosotros la hacemos nuestra, para terminar corriendo sin saber en realidad hacia dónde ni para qué.

Se va el verano y salgo de él  en un punto totalmente diferente, tras haberme dado permiso para gozarlo al máximo, para detenerme a escuchar a mi corazón. Algo que pocas veces nos permitimos.  Sólo así he podido encaminarme a dónde “las colinas son verdes, los días están llenos de esplendor y por la noche puedes ver las estrellas”.

 

¿ y tu? ¿ has escuchado crecer la hierba este verano?

¿ escuchas a tu corazón?