¿Cuándo llega la felicidad?

Tu puedes provocar la llegada de la felicidad.
Tu puedes provocar la llegada de la felicidad.

La felicidad te llega cuando luchas por tu ideal, por tu sentido de la vida. Cuando trabajas hora a hora y día a día para lograr ese proyecto vital del que estas enamorado.

Eso te hace  hace sentir lleno de energía y entusiasmo. Y a la vez, te sientes más positivo y creativo y ese mismo sentimiento refuerza tu automotivación, empujándote hacia el logro de los objetivos.

Y además, tienes la sensación de serenidad, de paz y alegría que acompaña a quien sabe que está haciendo las cosas que debe hacer.

 

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De valores, obstáculos y coherencia.

Que tus objetivos externos sean un reflejo de tus valores
Que tus objetivos externos sean un reflejo de tus valores

 

La semana pasada hablamos de cómo las personas tenemos en realidad 2 tipos de objetivos: los externos y los internos (valores). Y explicábamos cómo el alinearlos correctamente, daba lugar a la motivación. Hoy analizaremos con más detalle como esta relación nos permite salvar 3 obstáculos muy típicos que solemos encontrar al querer iniciar o llevar a cambio los cambios que deseamos para alcanzar nuestra vida “soñada”.

 

Primer obstáculo: “¿qué me pasa que no arranco?”

Esta es una de las razones principales por las que las personas suelen acudir a un coach. No hablo de personas que se llenan la boca de palabras sobre cómo harán las cosas y  siempre acaban  refugiadas en excusas para no llevar a cabo lo que se proponen. Esos no suelen contratar un coach. Hablo de personas que normalmente, suelen llevar a cabo lo que se proponen. Personas que tienen  capacidad de compromiso y suelen sacar adelante sus proyectos personales, con determinación,  esfuerzo y perseverancia. Pero que en un momento determinado de su vida, aún teniendo claro lo que desean conseguir, se bloquean y no se lanzan a por ello.

 

Lo que suele ocurrir en estos casos es que falta alineación entre los objetivos externos e internos debido a  una falta de conocimiento de nuestros valores personales. Queremos hacer o tener cosas, pensando que conseguir el objetivo externo (cambiar de trabajo, de casa, de pareja, de ciudad o de estilo de vida) será la solución a una situación que nos resulta insatisfactoria. Proyectamos como nos sentiremos cuando consigamos eso que buscamos, cuando lleguemos “a la cima de la montaña”,  sin darnos cuenta de que en realidad eso es una ilusión. No podemos saber con certeza cómo nos sentiremos en ese lugar,  ya nunca hemos estado allí. Nuestra mente tiende a idealizar la situación y otorgarle una serie de emociones sobre cómo nos sentiremos una vez ahí, sin tener en cuenta otros factores que también suelen presentarse y suelen hacer que todo resulte muy diferente a como “habíamos previsto”.

 

En estos casos, la persona está buscando que el cambio de circunstancias externas le haga sentir algo que primero debe buscar dentro de si.  Y esta búsqueda, por lo general,  suele responder más a una emoción que desea experimentar, que a la necesidad de un cambio real. De ahí que se bloquee. Porque su cabeza tira en una dirección y el corazón, que también tiene su sabiduría, en la otra. De hecho, un 40% de mis clientes cambia los objetivos que traía al coaching por el camino.

 

Obstáculo 2: “¿merecía la pena pasar por esto?”

Este problema se lo encuentran muchas personas que se ponen en camino y llevan a cabo acciones titánicas para cambiar sus circunstancias externas. ( Yo era de ese tipo). Buscan, igual que en caso anterior que ese cambio les haga sentir mejor. Para ello, persiguen sus objetivos pasando por todo tipo de vicisitudes y sacrificios,  hasta acabar agotados y absolutamente desanimados.  De nuevo es buscar fuera, lo que primero debe corregirse dentro.  Buscamos una transformación de nuestras vidas. Pero ignoramos que  la verdadera transformación, comienza dentro de uno mismo. En la forma en que uno siente, vive y disfruta su vida. No estamos aquí para sufrir. Y si el conseguir X o Y va a generar sufrimiento, entonces esos no pueden ser verdaderos objetivos para nosotros. Los buenos objetivos, los que alinean cabeza y corazón, nos llenan de  alegría y felicidad. No es lo mismo que hacer sólo lo que nos apetece, sino que la motivación que provocan, nos permite hacer “lo que toca” con buen ánimo y optimismo.

 

Siempre que indago en esos objetivos externos que se ponen los clientes encuentro que escondido en ellos uno o más valores que no está siendo expresados en sus vidas: valentía, amor, creatividad, reconocimiento, alegría, felicidad… Lo adecuado no es tanto perseguir algo; sino explorar para detectar qué valor es necesario hacer presente en el día a día. Sólo desde ahí se podrá decidir en libertad si eso que se desea llevar a cabo es en verdad necesario. ¡Cuantas veces, nos encontramos persiguiendo una forma, sin saber si el fondo es en realidad lo que deseamos!

 

Suena raro, porque es justo lo contrario a como solemos actuar. Pero  primero debemos sentirnos bien y luego decidiremos qué queremos  hacer desde ahí. Lo contrario es una huida, no un viaje de auto-superación y plenitud.

 

Y esto resuelve el tercer y último problema que íbamos a revisar hoy:

 

Obstáculo 3: “¿cómo sé que ese camino, es mi camino, el camino correcto?”

Muy sencillo: por cómo te sientes en él. Si te sientes contento, ilusionado y motivado al seguirlo, ese el camino. Y las personas sólo nos sentimos así, cuando estamos viviendo plenamente los que son nuestros valores. Siempre que estemos fuertemente anclados en nuestro valores y luchemos por hacerlos presentes en nuestra vida, encontramos los recursos, la alegría y la disposición necesaria para avanzar sin dejarnos paralizar por la duda,  los miedos o el temor de estar en el camino equivocado.

 

El origen, por tanto, está en nuestros valores fundamentales. Honrarlos, tenerlos presentes en nuestras vidas, es lo que nos hace sentir bien. Lo importante, en definitiva, no es tanto qué quieres conseguir, sino  en quien te quieres convertir. Y el tipo de persona que quieres llegar a ser, te lo dan tus valores. Ellos son los que hablan de ti. Y sobre ellos, sí puedes incidir, a diferencia de los hechos externos que escapan totalmente a nuestro control.

 

Así que antes de ponerte en camino para la conquista de tu vida, revisa si los logros que buscas y el camino que seguirás para conseguirlo coincide con tus valores y te acerca de verdad a la persona que quieres ser.  Si tus objetivos son el reflejo de tus valores, podrás hablar de coherencia, y vivir en coherencia es una fuente permanente de equilibrio y  satisfacción personal, aun en las circunstancias más adversas.

 

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Hablemos hoy de AMOR.

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Me encuentro con una amiga a la que no veo hace tiempo. Empezamos a charlar, clásico “qué tal, qué tal”. Hoy hay algo diferente en ella. La noto evasiva. No me mira a los ojos, parece que le cuesta expresar lo que siente, como si un nudo le cerrara el paso de las palabras. Poco a poco se va soltando. Empieza, una vez más a lamentarse.

A lamentarse de su vida. A lamentarse de su situación personal. A lamentarse de su marido. Otra vez.

Porque no es la primera vez que la escucho estas palabras. Tristemente, son las mismas que me viene repitiendo en los últimos 5 años. Cada vez más quejumbrosa, cada vez más desesperada. Me explica cómo la actitud de su marido que no contribuye como ella esperaba en las tareas del hogar y en la educación de los niños, ha provocado que se distancien. Ella tiene que cargar con todas las responsabilidades, el no se hace cargo de nada. “Llega a casa y se va al gimnasio y no se da cuenta que sus hijos no han estado con él en todo el día y le necesitan. Y yo tengo que hacerme cargo de todo, porque si por él fuera los niños ni cenarían. Jamás me ayuda con nada de la casa y yo me paso el día ocupándome de todos y todo, sin tiempo para mí. Por él puede quedarse todo sin hacer. He intentado hablar con él mil veces, pero es como hablar con una pared. Estoy harta de repetirle las cosas y que él no preste atención, no me haga ni caso. Y lo que es peor, nos estamos distanciando cada vez más. Yo no sé adónde vamos a llegar… Siento que no le importamos en absoluto.”

“Vaya” os estaréis diciendo…”¿pero no íbamos a hablar hoy de AMOR?”.

Sí. Hoy quería hablaros de AMOR. Pero de amor con mayúsculas. No de amor con miseria. Quería hablaros de empezar a AMARNOS BIEN y dejar de QUERERNOS MAL.

Quizás hayáis oído esto mismo de otras personas. O incluso, quizás alguno de vosotros ha pensado esas mismas palabras, esos mismos reproches respecto a su pareja, alguna vez. Porque son tan comunes, que en alguna ocasión, todos hemos sido esa amiga ficticia a la que he prestado palabras y quejas que oímos con demasiada frecuencia.

Si es así…¿Cómo habéis reaccionado al oírlas? ¿Os habéis llenado de simpatía por la persona que las expresa, entendiendo como es una victima de las circunstancias y habéis hecho todo lo posible por consolarla? O al contrario, algo os ha chirriado en la cabeza y os han asaltado dudas como: ¿quién le está negando en verdad sus necesidades a esa persona? ¿Quién no se está haciendo ni caso? ¿Quién no se está implicando con su vida y está viviendo una vida que no desea y no le hace feliz? ¿Quién está junto a una persona con la que no parece compartir un proyecto común en torno a un vínculo tan maravilloso como es la pareja o la familia?

Ambas perspectivas son muy distintas. En la primera perspectiva,  el problema es el otro. La falta de amor del otro, que no cubre mis necesidades. Que no me quiere como yo deseo que me quiera. Si las quejas no esconden el hacer a la persona consciente de una situación que debe cambiar en su vida y no la llevan a actuar para salir de ahí,  apenas conseguirá otra cosa que cierta simpatía y comprensión inicial. Luego, acaban cansando, aburriendo si no hace nada para salir de esa situación. Cuando las quejas se convierten en crónicas, convierten en víctima sin fuerza al quejoso, que a su vez, victimiza a cuantos le rodean. En la segunda, el problema estriba en mi mismo. Pongo el foco en mi, que no soy capaz de cubrir por mi mismo mis necesidades y exijo a otros que se hagan cargo de ellas. Yo que no sé poner límites en mi relación de pareja, ni sé crearme una vida propia interesante. Yo que no me escucho, que no sé qué es lo que deseo para mi vida o lo que es o no es negociable para mi. Yo, que no me quiero y necesito el amor de los demás para llenarme. Pero también yo, que tengo capacidad de comprometerme en construirme como persona y la responsabilidad de crearme  una vida a la medida de mis aspiraciones.

Hablemos hoy de AMOR. Y entendamos que el verdadero amor, ese que se escribe con mayúsculas, empieza por uno mismo. Eso es lo primero que deberían enseñarnos, lo primero que deberíamos aprender ya de niños.

 

 El amor no va de hombres y mujeres abnegados que se sacrifican a sus parejas, a sus hijos y acaban frustrados y rebotados, echando la culpa de sus desgracias a los que les rodean. El amor implica renuncias, está claro. Cualquier elección las conlleva. Pero cuando elegimos y lo hacemos en libertad, sabiendo lo que de verdad deseamos y no desde el desconocimiento de nuestras necesidades, se paga el precio con alegría. Amar de verdad siempre implica alegría. La alegría de lo que damos, de lo que compartimos, porque nos sale del corazón, porque deseamos hacerlo con generosidad. Pero siempre cuidando de nosotros mismos.  Siendo responsables de entregar el regalo de nuestro afecto a quien lo respete y lo valore.

El AMOR no es pelea, no es guerra, no es estar midiendo cuanto pone cada uno en la relación. Es tan sencillo como entregar lo que cada uno desea y darnos desde la libertad, sin llevar una lista de agravios  “yo más, tu menos”. Cuando surgen esos problemas, es señal de que nos queremos, pero nos queremos mal.  Estamos considerando inconscientemente al otro como “algo que nos pertenece” y tiene que cumplir unas expectativas que tenemos sobre esa persona o esa relación. Expectativas que muchas veces, no han sido consensuadas y que en la mayor parte de las ocasiones, ni somos conscientes de volcar en el otro.

 Y quererse mal suele estar directamente relacionado con falta de amor por uno mismo. No es que no sientas afecto por el otro, es que el vínculo que se crea está viciado, porque se basa más en la dependencia que en la libertad. Cuando queremos mal, el peso de nuestra felicidad, está depositado en el otro, no en nosotros. Cuando amar, es exactamente lo contrario: el peso de la felicidad siempre debe están en nosotros.Nosotros tenemos que ser de algún modo lo  primero, para desde nuestro bienestar, poder ofrecer a los demás lo mejor de nosotros mismos. Primero te llenas para darte después.

 

Insisto; no estoy diciendo con esto que en una relación no hay que renunciar a nada. Una relación implica muchas renuncias para adaptarse a un modo de vida y proyecto común, que ambos deben desear.  Si esas renuncias se viven como una carga, como algo que nos pesa, como un sacrificio, entonces no hay verdadero amor. Hay necesidad, cierta dependencia. Miedo. Porque cuando se ama de veras, nos sentimos felices, satisfechos. Nuestro destino, como dice Osho “ se está realizando al amar”. Estamos donde queremos estar, donde sentimos que pertenecemos. Y funciona igual cuando te amas a ti mismo. Estás feliz estando en tu compañía y te envuelve una profunda satisfacción. Todos pueden ver lo feliz que eres, transmites confianza y serenidad.

Hoy,  te reto a que busques ese amor hacia ti mismo, lo primero. Hoy, atrévete a darte amor. AMOR del bueno.

Todo lo demás, como por arte de magia, vendrá después.

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Vivir con los ojos abiertos: el DESPERTAR

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En estas últimas semanas, me ha tocado acompañar a clientes  y amigos en la difícil lucha consigo mismos para conseguir crecer como personas. Mi mayor reconocimiento hacia ellos, porque es un proceso que requiere de enorme voluntad y valentía.  No es fácil deshacerse de viejos hábitos para adquirir otros nuevos. Tampoco lo es embarcarnos en proyectos y acciones que,  aunque deseamos porque intuimos que serán beneficiosos para nosotros a largo plazo, requieren de esfuerzo, disciplina o cambios importantes en nuestra forma de comportarnos y de estar en la vida.

Las promesas futuras se nutren de grandes intenciones. Las acciones cotidianas que nos llevan a esas promesas, implican  renuncias,  superar miedos y exponernos. Es sencillo desear. Lo complicado suele ser llevar a cabo las acciones que hacen realidad esos deseos.

 

En concreto, uno de mis clientes se lamento de llevar muchos años de lucha personal con su terapeuta, antes de haber acudido a mi. Me pregunto por el sentido de pasar por el esfuerzo y dificultades que conlleva el querer cambiar.  Quería saber si alguna vez se terminaba esta lucha por crecer y superarse. En ese momento, no supe contestarle con la precisión que la pregunta requería. Pero a raíz de unas interesantes reflexiones que me ha enviado una amiga para agradecerme una improvisada sesión de coaching, lo he entendido.

 

Una de las frases de esta amiga, decía: “tu talento es abrir los ojos a los que no vemos lo que tenemos dentro” .

 

Efectivamente. Esa es la función de todo coach. Hacer de espejo en el cual se mira el cliente y en que se reconoce, con todo lo maravilloso y lo menos maravilloso que posee como ser humano. Un coach tiene el mismo efecto que un retrato de Dorian Gray. Solo que muestra tanto la parte brillante de la persona, con sus talentos, sus valores, su potencial aún no expresado,  como la parte oscura, con sus miedos, sus egoísmos y sus miserias.

Así el cliente, al verse atrapado en ese callejón sin salida que es su propia imagen, inicia su propia revolución interior.

De nuevo ahí mi amiga da en la diana al citar a Bertol Bretch: “las revoluciones  se producen  en callejones sin salida”.

 

Y esa revolución, ese reconocimiento de quién es, le obliga a ABRIR LOS OJOS.

 

Una persona que vive con los ojos abiertos, es lo opuesto a  ese vivir con los ojos cerrados que cantaban los Beatles en Strawberry Fields . ¿Lo recordais? “Es fácil vivir con los ojos cerrados, interpretando erróneamente todo lo que ves”.

 

Una persona que vive con los ojos abiertos, entra en una nueva dimensión: la de la CONSCIENCIA. Y la consciencia, lo cambia todo. Introduce en nosotros una nueva forma de estar en la vida, como si reseteáramos un ordenador y cambiáramos su software.

 

Es lo que muchas personas habréis escuchado denominar “el despertar”.

 

Despertar es meter consciencia en nuestras vidas. Ello nos permite, entre otros aprender a enamorarnos de  la vida. Despertar es preguntarse por el  sentido de nuestras vidas y nuestra misión en ella.  Es aprender a escuchar no sólo a nuestra mente, sino también a la sabiduría de nuestro corazón. Y atreverse a expresarlo aunque nos repudien las mentes apegadas a la racionalidad.

 

Despertar es aprender a conocernos y valorarnos: cuales son nuestros talentos, cual es nuestra contribución única. Para qué estamos aquí. Despertar nos permite aprender a elegir desde nuestros valores, no desde los valores que nos impone la sociedad o desde nuestro desconocimiento de nosotros mismos. Nos facilita utilizar nuestra libertad personal y asumir las consecuencias de nuestras elecciones. Y esa libertad a su vez, nos proporciona la fortaleza necesaria para mostrarnos auténticos, sin responder a lo que las convenciones u otras personas esperan de nosotros.

 

Una persona despierta, consciente, se convierte en un tesoro para los que le rodean. Aprende a desarrollarse para saborear la vida en profundidad, como un gran enólogo saborearía un buen caldo. O como un director de orquesta interpretaría una brillante partitura.  Y ayudan a los demás a disfrutarlo. Discierne lo esencial de lo trivial. Vive el dolor sin sufrimiento y encuentra la trascendencia de cuanto la vida le ofrece. Vive una vida en 3 dimensiones, cuando lo normal es vivirla en dos.

 

Las personas que eligen vivir con los ojos abiertos, se convierten en líderes que transforman con su presencia a los demás. Y aunque ven las luces y las sombras que les rodean, brillan tanto que su propia luz hace retroceder la oscuridad.

 

No es fácil vivir con los ojos abiertos. Sólo podemos realmente VER cuando tenemos los ojos abiertos desde el interior. Y abrirnos a la consciencia, es un proceso que requiere de mucha valentía, por cuanto de responsabilidad comporta.

 

 Siempre resulta más fácil no saber que aprender.

 

¿ Y tu? ¿ ¿vives con los ojos abiertos o cerrados?

Pasaje a la conquista de tu vida: ¿ compras o ya lo tienes?

barco

En mis últimos post hablaba de las diferentes posturas que tenemos las personas ante la felicidad y la vida. En Manhattanhenge o la felicidad por circunstancias, avisaba de la importancia de erradicar la idea que nos ha vendido la sociedad de que la felicidad es algo externo a nosotros, algo que nos sobreviene. Hablaba de cómo las personas tenemos los recursos interiores y podemos desarrollar actitudes que nos lleven a construir vidas más satisfactorias.

 

En Shangri La o la búsqueda de nuestro paraíso perdido, evocaba ese reducto interior, ese espacio propio que nosotros mismos podemos construir y desde el que podemos vivir de modo satisfactorio y en plenitud nuestras vidas. Accederemos a él mediante la  evolución personal y el descubrimiento y la construcción de nuestro sentido de vida. Basarlo en hechos externos, pensar que la vida es injusta porque no nos ofrece las posibilidades que merecemos, nos deja desarmados frente a la vida y lo que es peor, nos convierte en víctimas sin fuerza ni empuje para cambiar.

 

Y con esos, son ya unos cuantos los post que llevo dedicados a la agitación. Como un torero ondea su capote frente al toro para animarlo a embestir, así ondulo yo mis post sobre bienestar, fuerza y felicidad frente a la manada, para ver quienes se deciden a “embestir” y lanzarse a la conquista de su vida.

 

Parece algo contradictorio, porque en casi todos nosotros subyace la creencia de que todos  deseamos mejorar nuestras vidas.

 

Pero en el fondo, cuando uno se fija en cómo actuamos las personas, se encuentra con que aunque muchos dicen desearlo, en realidad no están dispuestos a hacer ningún esfuerzo por conseguirlo. ¿Quién no conoce a personas que se quejan continuamente pero no hacen un esfuerzo real para cambiar o no toman las oportunidades que la vida les pone delante una y otra vez?  Se lamentan de su situación y envidian lo que los otros tienen. Desean los resultados, pero no están dispuestos a poner los medios. Cuando uno desea algo realmente, también ama los medios que le llevan a ello. Y los buscan activamente.

 

Seguro que reconoces a muchas personas de tu alrededor en esa descripción. No actúan, no arriesgan. Simplemente esperan y se ven como super-victimas porque la vida no las trata como ellas piensan que merecen. Son críticos, no hacedores. Se auto-engañan. Y miran a los que están en lo alto de la montaña pensando que fueron colocados allí por gracia divina. No saborean la vida, simplemente la padecen. No son curiosos con la vida ni con ellos mismos. Exigen que las circunstancias les resulten favorables, pero no construyen sus propias circunstancias.

Y luego están LAS OTRAS PERSONAS. Las personas que realmente están comprometidas con conquistar su propio concepto de felicidad. Las que en algún momento, emprendieron  con fuerza el viaje de su conquista personal. Su energía es elevada  y su presencia tiene tal poder, que transforman a los demás. Experimentan, curiosean, crecen, luchan, se esfuerzan, arriesgan, se apasionan, caen, se levantan …se comprometen consigo mismas y con los demás.  Están enamoradas de la vida y enamoran a quienes les rodean. Saborean la vida. Inspiran. El secreto de estas  personas, es que forjan día a día su propia identidad.

Y así, nos encontramos con que, como dice Sergio Fernandez,  cada uno de nosotros vivimos en una realidad diferente. Vivimos en mundos paralelos pero compartiendo escenario. Y eso, hace fácil confundirse. No nos engañemos: el resultado no será el mismo para unos y para otros.

 

Comprar un pasaje para la conquista de tu vida, equivale a comprar un pasaje para tu propia conquista personal.

 

 

¿ Y tu? ¿

¿Eres de los que ya tienes el  pasaje o seguirás mirando desde la barrera?

 

 Admin one

 

Me gustaría hacer de este blog el billete, el pasaje que te permite acceder a ese viaje de aventura y conquista. Confío en que aporte valor añadido todos.  A los que ya estáis disfrutando en la cima. A  los que estáis subiendo sin saber a veces ni como.  A los que  aún no habéis empezado.