Coaching, cangrejos y cambios personales.

 

 

¿de verdad podemos cambiar las personas?

¿puede el coaching realmente hacernos cambiar de vida?

 

Esas son preguntas que tanto los posibles clientes de coaching, como los propios  coachs  nos hemos planteado en alguna ocasión.

 

Las personas cambiamos como los cangrejos
Las personas cambiamos como los cangrejos

Recuerdo que durante nuestra formación, fueron varios los compañeros que en aquel periodo enfrentaron cambios externos tan importantes como dejar un trabajo que ya no les satisfacía o poner fin a sus relaciones de pareja. Otros sin embargo no veían claro que como coachs pudiéramos ayudar a las personas a lograr los cambios radicales que a veces deseamos para nuestras vidas.

 

Ahora, al revisar estas preguntas tras bastantes horas de experiencia con clientes, tengo una idea mucho más clara respecto a las respuestas.

 

Los clientes llegan a nosotros pidiendo cambios. En la mayor parte de los casos, los cambios que buscan son externos. Desean cambiar su trabajo o su forma de trabajar, su ciudad, su matrimonio, sus relaciones laborales o familiares. Esperan de su relación de coaching cambios de la envergadura de la poética transformación de la triste oruga en bella mariposa.

 

Si….esta hermosa metáfora ha hecho mucho daño. A todos nos entusiasma esa imagen de la mariposa multicolor que despliega sus alas y vuela. Pero lo cierto es que a pesar de que el coaching es una de las herramientas de crecimiento personal más eficaz y rápida, las personas solemos requerir de procesos de transformación más costosos y lentos.

 

No hay duda de que desarrollarse personalmente a través del crecimiento personal  desembocará a la larga en una gran y maravillosa transformación. Pero cuando los cambios externos que queremos afrontar son muy fuertes, el proceso será más lento que la milagrosa transformación de la oruga en mariposa en unas pocas semanas. Eso no quita que en bastantes ocasiones, el coaching adecuado llega al cliente en el momento en que lo precisa y está preparado para ello. Se obtienen entonces resultados extraordinarios.

 

En realidad el crecimiento personal provocado por el coaching, se asemeja más a la forma en que “crece” un cangrejo.

 

Como habréis observado ( a falta de que os hayáis preguntado cómo crecen los cangrejos en alguna ocasión) estos crustáceos tienen un caparazón rígido de carbonato cálcico que recubre y protege su interior. Ese caparazón no crece y por ello, cuando el cangrejo se desarrolla, se les va quedando pequeño y es necesario reemplazarlo por uno nuevo.

 

Algo muy similar ocurre con las personas. A medida que nos desarrollamos y vamos acumulando experiencias y vivencias, vamos construyéndolos un caparazón de recuerdos, emociones y creencias que conforma nuestro APRENDIZAJE VITAL. Nos permite determinar cual va a ser nuestra respuesta o actitud ante cada situación que nos vaya planteando la vida. Como la cáscara del cangrejo, nos protege. Pero llegado un momento determinado, también nos limita. Se nos va quedando pequeño o se vuelve pesado para llegar allí donde deseamos o adaptarnos a las nuevas circunstancias que la vida nos exige. Por eso hay que revisarlo puntualmente.  Ese suele ser el punto en el que están los clientes cuando deciden contratar un coach: ese caparazón que les protege, también les impide avanzar.

 

La misión del coach  es ayudar al cliente a conformar un nuevo “caparazón” mucho más adaptativo a sus nuevas circunstancias y los nuevos retos. Igual que el cangrejo cuyo video podéis ver más abajo, tras un proceso de coaching,  el cliente abandona su vieja “cascara”  llevándose con él todo lo que hubiera de valioso en ella y emerge con una nueva cáscara mucho más conforme a sus “órganos vitales”. Revisa sus valores rectores, sus fortalezas, su sabiduría y crea con ellos un nuevo caparazón libre de los miedos y limitaciones que había acumulado el antiguo. Si. Ha habido transformación y cambio. Pero el cambio es ENDOGENO ( interno); NO EXOGENO ( externo). Por eso en muchas ocasiones, las circunstancias externas del cliente no siempre cambian a la par de la transformación.

 

Además, cuando  los clientes ya no están aprisionados ni se sienten limitados y ganan en fuerza y libertad, es normal que  revisen la agenda que trajeron al coaching. Entonces deciden  qué cambios de los que deseaban,  quieren llevar a cabo y cuales no. Reencuadran y reenfocan sus deseos. No todo proceso de coaching va a implicar cambios exteriores radicales. Dependerá de cual era la búsqueda real del cliente.

 

He visto como en muchas ocasiones, lo que los clientes buscan es sentir lo que creen que esos cambios externos van a aportarles: ilusión, poder, paz, alegría, valentía, aventura, seguridad interna. Al tener ya ese bienestar en ellos pueden revisar con mayor libertad sus objetivos y mantenerlos o abandonarlos. Los árboles ya no les impiden ver el bosque. O lo que sería aplicable en este caso: su caparazón, no le impide entender los dictados de su corazón.

 

Un buen proceso de coaching facilita en primer lugar claridad y COMPRENSIÓN sobre nosotros mismos. Y  nos lleva a un lugar donde nuestras NECESIDADES reales se satisfacen desde nuestro interior, sin dependencia externa. Eso genera la verdadera libertad para ELEGIR lo que realmente deseamos para nuestra vida. Lo importante es que se desarrolla en el cliente el POTENCIAL suficiente para llevar a cabo el cambio si así lo desea.

 

Así nos transformamos, paso a paso, las personas. Así crecemos. Y así podemos llegar, mediante el difícil pero fascinante camino del desarrollo personal,  a tener incluso “alas” para volar.

Así cambian los cangrejos: http://www.sciencerecorder.com/news/watch-a-crab-climb-out-of-his-old-shell-video/

 

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¿Septiembre?: ¡tiempo de reformas y aprendizaje!

lapiceros
¿qué vas a hacer para llenar de color tu “vuelta al cole”?

 

Hablando con  amigas que van regresando de vacaciones, me comentan como en Septiembre experimentan en mayor o menor grado sensaciones de ansiedad, decaimiento y cambios de humor.  Para ellas y muchas personas, todo lo que este mes trae consigo -fin de las vacaciones, vuelta al cole, vuelta al trabajo, a la rutina, al agobio, fin de verano, vuelta a los días más cortos, a las primeras lluvias-  les hace más vulnerables al abatimiento y al desánimo. Parece como si tras las vacaciones, la vida se nos vuelve más gris sin que podamos hacer nada por evitarlo. 

Aunque este “sindrome post-vacacional” esté tan aceptado como para haberle puesto un nombre y un apellido, lo cierto es que esta pequeña “voz de alarma” suele ser la punta del iceberg de conflictos o desajustes internos que eludimos afrontar. ¿Qué se esconde realmente tras esas “preocupaciones” tan generalizadas en nuestra sociedad que hemos acabado por asumirlas como “normales”? Todos tenemos preocupaciones, pero que la vuelta a nuestra “rutina”  nos impida conciliar bien el sueño o disfrutar el final del verano es algo que merece la pena revisar. Puede esconder que vamos a pasar muchos meses inmersos un estilo de vida del que no disfrutamos tanto como debiéramos o podríamos.  Y nos asusta tanto aceptarlo, que no nos atrevemos a revisarlo. ¿ por qué?

El inicio de un nuevo curso es para los niños una nueva etapa de aprendizaje. Una etapa de color y emociones. Aprenden no sólo conocimientos externos, sino también internos y de relaciones sociales para crecer y desarrollarse como personas. ¿Por qué no tenemos un planteamiento similar los adultos?  ¿Te imaginas los que nos aportaría tener la ilusión de enfocar el inicio de un nuevo curso como una oportunidad de renovación? Para muchos de mis clientes es así. Regresan ilusionados año tras año, habiendo decidido que  el inicio de curso es un periodo estupendo para crecer y desarrollarse.

Sin duda, Septiembre es un excelente momento para plantearse algunas preguntas que nos lleven a ganar claridad y nos permitan colorear  nuestro día a día mejorando hábitos y adoptando actitudes para una vida más positiva y plena.  Y aunque afrontar un proceso de  “renovación interna” puede asustar o dar pereza por diferentes razones, a través de él podremos adecuarnos mejor a nuestras circunstancias y deseos. Así estaremos mejor preparados para realmente disfrutar sin pereza ni abatimiento los largos meses de invierno  y crecer como personas un año más.

Insisto, el inicio de curso, con las pilas recargadas tras el descanso estival,  es un estupendo momento para “renovarse” y afontar así un invierno cargado de energía y optimismo. Hay un antes y un después de ese proceso. Si no lo crees, te invito a que leas el artículo de una conocida, Ana Bizarro y como se transformó su vida a partir de descubrir el coaching. http://accionconalegria.com/coaching-y-cambio/

¿ Y tu? ¿A qué esperas para empezar a colorear tu vida? ¿ A qué esperas para hacer de este mes tu periodo de reformas interiores y renovación?