De valores, obstáculos y coherencia.

Que tus objetivos externos sean un reflejo de tus valores
Que tus objetivos externos sean un reflejo de tus valores

 

La semana pasada hablamos de cómo las personas tenemos en realidad 2 tipos de objetivos: los externos y los internos (valores). Y explicábamos cómo el alinearlos correctamente, daba lugar a la motivación. Hoy analizaremos con más detalle como esta relación nos permite salvar 3 obstáculos muy típicos que solemos encontrar al querer iniciar o llevar a cambio los cambios que deseamos para alcanzar nuestra vida “soñada”.

 

Primer obstáculo: “¿qué me pasa que no arranco?”

Esta es una de las razones principales por las que las personas suelen acudir a un coach. No hablo de personas que se llenan la boca de palabras sobre cómo harán las cosas y  siempre acaban  refugiadas en excusas para no llevar a cabo lo que se proponen. Esos no suelen contratar un coach. Hablo de personas que normalmente, suelen llevar a cabo lo que se proponen. Personas que tienen  capacidad de compromiso y suelen sacar adelante sus proyectos personales, con determinación,  esfuerzo y perseverancia. Pero que en un momento determinado de su vida, aún teniendo claro lo que desean conseguir, se bloquean y no se lanzan a por ello.

 

Lo que suele ocurrir en estos casos es que falta alineación entre los objetivos externos e internos debido a  una falta de conocimiento de nuestros valores personales. Queremos hacer o tener cosas, pensando que conseguir el objetivo externo (cambiar de trabajo, de casa, de pareja, de ciudad o de estilo de vida) será la solución a una situación que nos resulta insatisfactoria. Proyectamos como nos sentiremos cuando consigamos eso que buscamos, cuando lleguemos “a la cima de la montaña”,  sin darnos cuenta de que en realidad eso es una ilusión. No podemos saber con certeza cómo nos sentiremos en ese lugar,  ya nunca hemos estado allí. Nuestra mente tiende a idealizar la situación y otorgarle una serie de emociones sobre cómo nos sentiremos una vez ahí, sin tener en cuenta otros factores que también suelen presentarse y suelen hacer que todo resulte muy diferente a como “habíamos previsto”.

 

En estos casos, la persona está buscando que el cambio de circunstancias externas le haga sentir algo que primero debe buscar dentro de si.  Y esta búsqueda, por lo general,  suele responder más a una emoción que desea experimentar, que a la necesidad de un cambio real. De ahí que se bloquee. Porque su cabeza tira en una dirección y el corazón, que también tiene su sabiduría, en la otra. De hecho, un 40% de mis clientes cambia los objetivos que traía al coaching por el camino.

 

Obstáculo 2: “¿merecía la pena pasar por esto?”

Este problema se lo encuentran muchas personas que se ponen en camino y llevan a cabo acciones titánicas para cambiar sus circunstancias externas. ( Yo era de ese tipo). Buscan, igual que en caso anterior que ese cambio les haga sentir mejor. Para ello, persiguen sus objetivos pasando por todo tipo de vicisitudes y sacrificios,  hasta acabar agotados y absolutamente desanimados.  De nuevo es buscar fuera, lo que primero debe corregirse dentro.  Buscamos una transformación de nuestras vidas. Pero ignoramos que  la verdadera transformación, comienza dentro de uno mismo. En la forma en que uno siente, vive y disfruta su vida. No estamos aquí para sufrir. Y si el conseguir X o Y va a generar sufrimiento, entonces esos no pueden ser verdaderos objetivos para nosotros. Los buenos objetivos, los que alinean cabeza y corazón, nos llenan de  alegría y felicidad. No es lo mismo que hacer sólo lo que nos apetece, sino que la motivación que provocan, nos permite hacer “lo que toca” con buen ánimo y optimismo.

 

Siempre que indago en esos objetivos externos que se ponen los clientes encuentro que escondido en ellos uno o más valores que no está siendo expresados en sus vidas: valentía, amor, creatividad, reconocimiento, alegría, felicidad… Lo adecuado no es tanto perseguir algo; sino explorar para detectar qué valor es necesario hacer presente en el día a día. Sólo desde ahí se podrá decidir en libertad si eso que se desea llevar a cabo es en verdad necesario. ¡Cuantas veces, nos encontramos persiguiendo una forma, sin saber si el fondo es en realidad lo que deseamos!

 

Suena raro, porque es justo lo contrario a como solemos actuar. Pero  primero debemos sentirnos bien y luego decidiremos qué queremos  hacer desde ahí. Lo contrario es una huida, no un viaje de auto-superación y plenitud.

 

Y esto resuelve el tercer y último problema que íbamos a revisar hoy:

 

Obstáculo 3: “¿cómo sé que ese camino, es mi camino, el camino correcto?”

Muy sencillo: por cómo te sientes en él. Si te sientes contento, ilusionado y motivado al seguirlo, ese el camino. Y las personas sólo nos sentimos así, cuando estamos viviendo plenamente los que son nuestros valores. Siempre que estemos fuertemente anclados en nuestro valores y luchemos por hacerlos presentes en nuestra vida, encontramos los recursos, la alegría y la disposición necesaria para avanzar sin dejarnos paralizar por la duda,  los miedos o el temor de estar en el camino equivocado.

 

El origen, por tanto, está en nuestros valores fundamentales. Honrarlos, tenerlos presentes en nuestras vidas, es lo que nos hace sentir bien. Lo importante, en definitiva, no es tanto qué quieres conseguir, sino  en quien te quieres convertir. Y el tipo de persona que quieres llegar a ser, te lo dan tus valores. Ellos son los que hablan de ti. Y sobre ellos, sí puedes incidir, a diferencia de los hechos externos que escapan totalmente a nuestro control.

 

Así que antes de ponerte en camino para la conquista de tu vida, revisa si los logros que buscas y el camino que seguirás para conseguirlo coincide con tus valores y te acerca de verdad a la persona que quieres ser.  Si tus objetivos son el reflejo de tus valores, podrás hablar de coherencia, y vivir en coherencia es una fuente permanente de equilibrio y  satisfacción personal, aun en las circunstancias más adversas.

 

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¡Desafíate a conquistar tus sueños!

 

Recuerda: la actitud correcta es la que nos acerca a nuestros sueños.

Toma tus decisiones con coraje, desprendimiento y una pizca de locura., como lo hacen los protagonistas de este encantador video, todo un ejemplo de valentía.

¡Para el 2014 atrévete a vivir tus sueños!

 

 

Convertir la ausencia en presencia: perder a un ser querido (II)

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En mi anterior post hablaba de cómo la pérdida de un ser querido nos “llama” a crecer en el terreno de la espiritualidad. Hacía alusión a cómo, si nos atrevemos a escuchar esos tañidos de campana y cruzamos las puertas del alma para buscar respuestas a preguntas difíciles, posibilitaremos transformarnos desde esa nueva dimensión para extraer un aprendizaje de vida de una situación tan dolorosa. Este aprendizaje nos va a permitir una de las formas más bellas de amor del ser humano: convertir la ausencia de ese ser querido en una presencia vívida, llena de intimidad y  paz.

 

Aunque a muchos les parezca algo imposible, se puede lograr. Para ello, debemos aprender a integrar en nosotros el LEGADO PERSONAL de quienes hemos querido y hemos perdido.

 

Seamos conscientes o no, todos tenemos un legado personal que transmitimos. Por legado, no me refiero tanto a las cosas  que esa persona hizo en su vida, sino al  para qué las hacía. ¿Cuales eran los valores rectores que movían a esa persona? ¿En qué creía, por qué luchaba, se emocionaba y  se comprometía? Eso es lo que en coaching llamamos  la ESENCIA de las personas. Acceder ahí es acceder al núcleo más íntimo del ser humano, que nada ni nadie nos puede arrebatar y que queda vacante, a disposición de que alguien recoja el testigo,  tras la muerte.

 

Así mi amiga Clara, que ha perdido a su padre, desde un primer momento me habló de cómo ahora se ocupará de preservar su legado: el de un hombre centrado en “mantener una familia unida”,  que combatía con los medios a su alcance la injusticia y que mostraba su amor a la humanidad mediante su profunda amabilidad.

 

En el caso de mi hermano su esencia hablaba de alguien apasionado, luchador, vitalista y experimentador de la vida. Capacidad de superación, aventura, disfrute, optimismo, creatividad y curiosidad también eran valores muy en su esencia.

 

Para que la esencia de una persona continúe presente entre nosotros y se transmita, primero hay que descubrir y saber  cual es ese conjunto de cualidades que en ellos se expresaban de forma única. Ahí estará su legado. Una vez lo sepamos, debemos elegir el recordar a través nuestro a esas personas. No sólo necesitamos ser conscientes de cuales son esos valores, sino también permitir que lo mejor de ellos pase a manifestarse en nosotros: en las decisiones que tomamos, en cómo enfrentamos y vivimos la vida. De este modo, habrá una nueva oportunidad para que se exprese su esencia en esa vida que ellos ya no tienen oportunidad de vivir.

 

En mi caso, cuando me miro al espejo, encuentro ahora en mi muchas de las características propias de mi hermano. No pervive tan sólo en mi recuerdo: está presente en una forma de ser y de hacer que le era propia y hoy se ha amalgamado con la mía, enriqueciéndola.

 

No hablo de vivir por ellos o hacer lo que ellos hubieran hecho…su vida se ha perdido y eso no tiene vuelta atrás.  Hablo de  convertirnos en la persona que ellos contribuyeron a forjar. Eso es lo que hace que continúen con nosotros y nos devuelve la esperanza. Más que con mis lágrimas (que también las hubo), la desesperación o la tristeza, es a través de la memoria de ese pasado que se ha escrito en nosotros, que los que han partido nos pueden  acompañar.

 

Sin duda, el último regalo que podemos dar y recibir al perderlos es “convertirnos en la persona que ellos nos convirtieron en parte y vivir las vidas que esas personas que tanto amamos contribuyeron a desarrollar para nosotros”.  ( M. Rowlands).

Vivir con los ojos abiertos: el DESPERTAR

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En estas últimas semanas, me ha tocado acompañar a clientes  y amigos en la difícil lucha consigo mismos para conseguir crecer como personas. Mi mayor reconocimiento hacia ellos, porque es un proceso que requiere de enorme voluntad y valentía.  No es fácil deshacerse de viejos hábitos para adquirir otros nuevos. Tampoco lo es embarcarnos en proyectos y acciones que,  aunque deseamos porque intuimos que serán beneficiosos para nosotros a largo plazo, requieren de esfuerzo, disciplina o cambios importantes en nuestra forma de comportarnos y de estar en la vida.

Las promesas futuras se nutren de grandes intenciones. Las acciones cotidianas que nos llevan a esas promesas, implican  renuncias,  superar miedos y exponernos. Es sencillo desear. Lo complicado suele ser llevar a cabo las acciones que hacen realidad esos deseos.

 

En concreto, uno de mis clientes se lamento de llevar muchos años de lucha personal con su terapeuta, antes de haber acudido a mi. Me pregunto por el sentido de pasar por el esfuerzo y dificultades que conlleva el querer cambiar.  Quería saber si alguna vez se terminaba esta lucha por crecer y superarse. En ese momento, no supe contestarle con la precisión que la pregunta requería. Pero a raíz de unas interesantes reflexiones que me ha enviado una amiga para agradecerme una improvisada sesión de coaching, lo he entendido.

 

Una de las frases de esta amiga, decía: “tu talento es abrir los ojos a los que no vemos lo que tenemos dentro” .

 

Efectivamente. Esa es la función de todo coach. Hacer de espejo en el cual se mira el cliente y en que se reconoce, con todo lo maravilloso y lo menos maravilloso que posee como ser humano. Un coach tiene el mismo efecto que un retrato de Dorian Gray. Solo que muestra tanto la parte brillante de la persona, con sus talentos, sus valores, su potencial aún no expresado,  como la parte oscura, con sus miedos, sus egoísmos y sus miserias.

Así el cliente, al verse atrapado en ese callejón sin salida que es su propia imagen, inicia su propia revolución interior.

De nuevo ahí mi amiga da en la diana al citar a Bertol Bretch: “las revoluciones  se producen  en callejones sin salida”.

 

Y esa revolución, ese reconocimiento de quién es, le obliga a ABRIR LOS OJOS.

 

Una persona que vive con los ojos abiertos, es lo opuesto a  ese vivir con los ojos cerrados que cantaban los Beatles en Strawberry Fields . ¿Lo recordais? “Es fácil vivir con los ojos cerrados, interpretando erróneamente todo lo que ves”.

 

Una persona que vive con los ojos abiertos, entra en una nueva dimensión: la de la CONSCIENCIA. Y la consciencia, lo cambia todo. Introduce en nosotros una nueva forma de estar en la vida, como si reseteáramos un ordenador y cambiáramos su software.

 

Es lo que muchas personas habréis escuchado denominar “el despertar”.

 

Despertar es meter consciencia en nuestras vidas. Ello nos permite, entre otros aprender a enamorarnos de  la vida. Despertar es preguntarse por el  sentido de nuestras vidas y nuestra misión en ella.  Es aprender a escuchar no sólo a nuestra mente, sino también a la sabiduría de nuestro corazón. Y atreverse a expresarlo aunque nos repudien las mentes apegadas a la racionalidad.

 

Despertar es aprender a conocernos y valorarnos: cuales son nuestros talentos, cual es nuestra contribución única. Para qué estamos aquí. Despertar nos permite aprender a elegir desde nuestros valores, no desde los valores que nos impone la sociedad o desde nuestro desconocimiento de nosotros mismos. Nos facilita utilizar nuestra libertad personal y asumir las consecuencias de nuestras elecciones. Y esa libertad a su vez, nos proporciona la fortaleza necesaria para mostrarnos auténticos, sin responder a lo que las convenciones u otras personas esperan de nosotros.

 

Una persona despierta, consciente, se convierte en un tesoro para los que le rodean. Aprende a desarrollarse para saborear la vida en profundidad, como un gran enólogo saborearía un buen caldo. O como un director de orquesta interpretaría una brillante partitura.  Y ayudan a los demás a disfrutarlo. Discierne lo esencial de lo trivial. Vive el dolor sin sufrimiento y encuentra la trascendencia de cuanto la vida le ofrece. Vive una vida en 3 dimensiones, cuando lo normal es vivirla en dos.

 

Las personas que eligen vivir con los ojos abiertos, se convierten en líderes que transforman con su presencia a los demás. Y aunque ven las luces y las sombras que les rodean, brillan tanto que su propia luz hace retroceder la oscuridad.

 

No es fácil vivir con los ojos abiertos. Sólo podemos realmente VER cuando tenemos los ojos abiertos desde el interior. Y abrirnos a la consciencia, es un proceso que requiere de mucha valentía, por cuanto de responsabilidad comporta.

 

 Siempre resulta más fácil no saber que aprender.

 

¿ Y tu? ¿ ¿vives con los ojos abiertos o cerrados?

Rest your head upon the grass….and listen to it grow!

 

Tan sólo en el silencio de nuestro corazón,  podemos escuchar crecer la hierba. Y al escucharla, sabremos como situarnos en la vida  en ese momento, para gozar de su esplendor.

 

Os dejo aquí con la música y la letra de esta maravillosa canción, para que cada uno la disfrute y encuentre su propia melodia.

Splendor in the grass

 

I can see you’re thinking baby
I’ve been thinking too
about the way we used to be
and how to start anew

Maybe I’m a hopeless dreamer
maybe I’ve got it wrong
but I’m going where the grass is green
if you’d like to come along

Back when I was starting out
I always wanted more
but every time I got it
I still felt just like before

Fortune is a fickle friend
I’m tired of chasing fate
and when I look into your eyes
I know you feel the same

All these years of living large
are starting to do us in
I won’t say it wasn’t fun
but now it has to end

Life is moving oh so fast
I think we should take it slow
rest our heads upon the grass
and listen to it grow

Going where the hills are green
and the cars are few and far
days are full of splendor
and at night you can see the stars

Life’s been moving oh so fast
I think we should take it slow
rest our heads upon the grass
and listen to it grow

grass

 

 

 

¿Septiembre?: ¡tiempo de reformas y aprendizaje!

lapiceros
¿qué vas a hacer para llenar de color tu “vuelta al cole”?

 

Hablando con  amigas que van regresando de vacaciones, me comentan como en Septiembre experimentan en mayor o menor grado sensaciones de ansiedad, decaimiento y cambios de humor.  Para ellas y muchas personas, todo lo que este mes trae consigo -fin de las vacaciones, vuelta al cole, vuelta al trabajo, a la rutina, al agobio, fin de verano, vuelta a los días más cortos, a las primeras lluvias-  les hace más vulnerables al abatimiento y al desánimo. Parece como si tras las vacaciones, la vida se nos vuelve más gris sin que podamos hacer nada por evitarlo. 

Aunque este “sindrome post-vacacional” esté tan aceptado como para haberle puesto un nombre y un apellido, lo cierto es que esta pequeña “voz de alarma” suele ser la punta del iceberg de conflictos o desajustes internos que eludimos afrontar. ¿Qué se esconde realmente tras esas “preocupaciones” tan generalizadas en nuestra sociedad que hemos acabado por asumirlas como “normales”? Todos tenemos preocupaciones, pero que la vuelta a nuestra “rutina”  nos impida conciliar bien el sueño o disfrutar el final del verano es algo que merece la pena revisar. Puede esconder que vamos a pasar muchos meses inmersos un estilo de vida del que no disfrutamos tanto como debiéramos o podríamos.  Y nos asusta tanto aceptarlo, que no nos atrevemos a revisarlo. ¿ por qué?

El inicio de un nuevo curso es para los niños una nueva etapa de aprendizaje. Una etapa de color y emociones. Aprenden no sólo conocimientos externos, sino también internos y de relaciones sociales para crecer y desarrollarse como personas. ¿Por qué no tenemos un planteamiento similar los adultos?  ¿Te imaginas los que nos aportaría tener la ilusión de enfocar el inicio de un nuevo curso como una oportunidad de renovación? Para muchos de mis clientes es así. Regresan ilusionados año tras año, habiendo decidido que  el inicio de curso es un periodo estupendo para crecer y desarrollarse.

Sin duda, Septiembre es un excelente momento para plantearse algunas preguntas que nos lleven a ganar claridad y nos permitan colorear  nuestro día a día mejorando hábitos y adoptando actitudes para una vida más positiva y plena.  Y aunque afrontar un proceso de  “renovación interna” puede asustar o dar pereza por diferentes razones, a través de él podremos adecuarnos mejor a nuestras circunstancias y deseos. Así estaremos mejor preparados para realmente disfrutar sin pereza ni abatimiento los largos meses de invierno  y crecer como personas un año más.

Insisto, el inicio de curso, con las pilas recargadas tras el descanso estival,  es un estupendo momento para “renovarse” y afontar así un invierno cargado de energía y optimismo. Hay un antes y un después de ese proceso. Si no lo crees, te invito a que leas el artículo de una conocida, Ana Bizarro y como se transformó su vida a partir de descubrir el coaching. http://accionconalegria.com/coaching-y-cambio/

¿ Y tu? ¿A qué esperas para empezar a colorear tu vida? ¿ A qué esperas para hacer de este mes tu periodo de reformas interiores y renovación?