Regresando al hogar

Buenos días!! ¿Cómo estás?  ¿Cómo te han ido estos meses?

Mucho tiempo sin saber de mi ¿verdad? Espero que no me hayas olvidado y que de algún modo me hayas echado en falta. La verdad es que como os dije la última vez, yo os he echado mucho de menos porque en estos años, he sentido como escribir en el blog para vosotros cada vez me produce más alegría. Sobre todo cuando recibo los mensajes preguntándome por qué ya no escribo y si no volveré a escribir y dándome las gracias por lo que hacía. De veras que son una bendición y una alegría porque me han hecho saber que aporto ilusión, reflexión y la posibilidad de abrirnos  a una visión diferente y más amplia de la vida, la realización personal y la felicidad. Y por eso estoy aquí de nuevo, aunque ahora, que me siento a escribir,  sean las 23 horas y mañana tenga que levantarme a las 6:30.

 

No sé a ti, pero a mi este año se me ha pasado todavía más “volando” que el anterior…finales de Octubre…¡ ya!!!! En dos patadas como quien dice, ¡Navidades!

 

Como ya sabéis lo que me seguís con asiduidad, primavera y verano son etapas complicadas para mí, por el gran volumen de trabajo que suelo tener. En primavera, siempre me ataca alguna crisis (que este año he evitado, pero me ha atacado al final del verano)  y suelo terminar el verano rayadísima. Al menos, este año he gestionado todo mejor, como puedes leer aquí. Después han llegado las necesarias vacaciones: primero en Septiembre una semana por la Costa Brava y después en Octubre 10 días disfrutando de bajar por la Ruta de la Plata en coche hacia Sevilla y un par de días pasar a la región del Algarve en Portugal. Todas en familia. Lo maravilloso es que tenemos un país para enamorar vayas donde vayas, con un patrimonio artístico, paisajístico y gastronómico que muchos otros, que se dan más bombo, para si quisieran. Así que aunque no haya podido salir al extranjero, ha sido todo un lujo.

 

PicMonkey Collage vacaciones

 

Y volviendo a lo nuestro: el caso es que desde finales de agosto he estado “apurando a tope el verano” y entre vacaciones, y que aprovecho cada hueco libre para hacer deporte al aire libre o bañarme en la playa,  las semanas se me han pasado sin verlas.

 

Para los que me seguís desde fuera de España, aclararos que aunque San Sebastian, la  ciudad donde vivo, es maravillosa estéticamente,  al estar situada en el Norte de España tiene un clima muy, muy lluvioso, que puede resultar muy desagradable y bastante deprimente.  Los veranos son casi siempre breves y nos dejan con hambre de sol a los donostiarras. De ahí mi urgencia de exprimir al máximo el buen tiempo, ya que luego, se pone gris, empieza a llover y ¡no se sabe cuando para! Por suerte, este ha sido un buen verano y está arrancando el otoño con un tiempo estupendo. (Por cierto, que aquí, casi siempre estamos hablando del tiempo).

 

Pero si nos fijamos en el calendario hace ya unas semanas que ha arrancado el otoño y yo como que ni me había enterado. Me ha sorprendido hoy, por primera vez, que me he dado la tarde “libre” y al salir del agua, me he fijado en como los árboles de  los montes que delimitan la bahía de la Concha, han adquirido los tonos profundos y  tostados que van venciendo al verde de finales del veram. Un poco más tarde, mientras paseaba por la Parte Vieja, me he dado cuenta  de que en los escaparates de las pastelerías ya están los Huesos de Santo para la fiesta de los Difuntos del 1 de Noviembre. Y también que las floristerías  están llenas de crisantemos y ciclámenes, tan de esta época.  Con el ajetreo de vida que llevo, tengo tan poca ocasión de pasear por la ciudad que ni siquiera los había visto. Así que el “otoño ha venido, y yo ni sé cómo ha sido”. Pero me alegro, porque para mí siempre es una alegría el cambio de estaciones y la belleza y las oportunidades que nos trae cada una de ellas. Es más, siempre he pensado que me resultaría muy duro vivir en un lugar donde las estaciones no estuvieran bien marcadas y diferenciadas.

 

PicMonkey Collage otoño bueno

 

¿Y qué me gusta del otoño? Bueno, pues muchas, muchas cosas….los colores que nos regala la naturaleza, las deliciosas setas, las castañas pilongas que caen en lluvia de los árboles, los caquis, los buñuelos y las castañas ( las de comer) asadas y bien calentitas, el profundo olor a humus de las hojas que se descomponen en la hierba, la luz que entra oblicua y acerada cambiando el aspecto de las calles y las fachadas de los edificios, ese fresco que nos estremece por las mañanas…sí, lo sé. Cosas pueriles, pero a mi me encantan…¿a ti no te hacen disfrutar?

 

Pero sin duda, lo que más, más me gusta del otoño, es la oportunidad que me brinda de “volver a casa”. De “regresar a mi hogar”. 

 

Y ¿qué es ese “hogar”? Algo que seguro que algunos de vosotros conocéis bien y tenéis ya construido. Otros, quizás estéis en proceso de “construirlo”. O tal vez lo hayáis reencontrado después de mucho tiempo fuera de él y lo estéis limpiando, adecuando y  amueblando, eligiendo con cariño cada detalle. Para otros, es todavía un lugar que encontrar. Porque el hogar del que hablo, no es un espacio físico: sino un lugar de reencuentro con uno mismo, un espacio interno que, con independencia de dónde estés, siempre va contigo.  

 

Yo, en verano, tiendo a alejarme de mi hogar sin darme cuenta. Sobretodo, por lo que me absorbe un trabajo que me drena emocional y físicamente. Y porque es una época más de vida social, más de vivir “hacia fuera”, donde no solemos pararnos a reencontrarnos con nosotros mismos.  Conste que me encanta el verano y su parte de estar mucho en la calle, rodeada de gente…Pero a mí el verano “me pasa factura”.  Y por eso, cuando llega el otoño, acorta el día y regresan las lluvias, sé que es el momento para mi de “regresar a mi casa”. En ella, habitan las mejores cualidades de mi misma en estado puro: creatividad, amor, compasión, ternura, alegría, humor…y sobre todo, es el lugar donde vuelvo a conectar con mi energía vital, con mi esencia: esa energía que me hace sentirme enamorada de la vida y me permite acceder a una dimensión más espiritual y trascendente de la vida, lejos de los enredos de la rutina y la falta de visión que nos produce a veces estar volcado en lo cotidiano.

 

En mi hogar, me siento libre, plena y enamorada de la vida. Disfruto a tope de la belleza, del regalo de estar viva. Todo me fascina y me sorprende, no hay soledad porque estoy acompañada por mi mejor amiga (que soy yo misma) porque me siento amada (sobre todo por mi misma) y no hay espacio para el miedo. Es como si mente, corazón y cuerpo se abrazasen y bailasen muy juntitos. No puedo hacer otra cosa que estar agradecida por todo lo que tengo, por todo lo que he vivido y aprendido y por la perspectiva de todo lo que aún tengo por aprender y vivir.

 

En ese espacio, entiendo la existencia de otra manera; entiendo que independientemente de los logros externos, la vida se sostiene con pasiones, con actitud positiva, con afán de superación y excelencia.

 

¿ Sino por qué creias que E.T. quería regresar a su casa con tanta fuerza?
¿ Sino por qué creias que E.T. quería regresar a su casa con tanta fuerza?

 

Tu “casa” es un lugar para sentirte agradecido, en armonía y en paz. Un lugar donde nada ni nadie puede herirte sin tu permiso. El refugio al que retirarte, porque en realidad, siempre está disponible, siempre va contigo. Pero puede que en algún momento tu salieras de él y luego extraviases el camino de regreso y todavía no lo hayas encontrado.

 

Créeme que todos, todos y cada uno de nosotros, tenemos ese hogar. Y si aún no lo conoces, piensa un poco…¿no te ha ocurrido nunca sentirte como si hubieras vuelto a un sitio que siempre has conocido? ¿Cómo si atisbases por una ventana un espacio que te remueve de arriba abajo y te asoman las lágrimas porque darías cualquier cosa por poder estar ahí dentro, en vez de estar fuera soportando frío, soledad y miedo?

 

Pues ese es tu hogar.

 

sala con chimenea 2

Hay muchas personas que les pone triste el otoño, la llegada del invierno. Dicen que es la falta de luz, el mal tiempo, el frío. Es cierto que somos seres en relación permeable y permanente con el medio que nos rodea. Pero yo muchas veces pienso que esa tristeza innombrable, es que no han encontrado su hogar. Su Shangri – La. El paraiso perdido o no, que habita en nosotros y del cual nosotros mismos, nos hemos expulsado.

 

Si estás fuera, este otoño, te deseo que puedas volver a tu hogar. Te puede ayudar a conseguirlo el pasar tiempo contigo mismo, el trabajar en tu autoconocimiento, la meditación, el yoga, el mindfulness, el caminar por la naturaleza…todo aquello que te lleve al reencuentro contigo mismo, con tu fuerza vital y te aporte energía y te lleve a desarrollarte y superarte. Hay muchos caminos para volver a casa. Pero debes saber que todos pasan por dentro de ti mismo y que sólo tu puedes ponerte en marcha para encontrar ese espacio.  

 

 Y tú: ¿ has encontrado ya tu hogar? ¿ estás en camino o amueblándolo?

 

¿ qué deseas para este otoño? ¿ qué vas a disfrutar?

 

Te espero en los comentarios.

 

¡Hola! Soy María Díez Coach y con mi blog ofrezco un espacio de encuentro, reflexión vital  y aprendizaje para personas comprometidas con su realización personal, familiar y laboral.

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