Mujeres encogidas, mujeres que se expanden

mama

Aunque no ocurre con frecuencia, en los últimos tiempos estoy teniendo ocasión de practicar uno de mis deportes favoritos: conversar con hombres de esos que da gusto hablar con ellos. Todo un lujo.

 

Esto no significa que esté de acuerdo con todo lo que dicen ni opinan. Lo que disfruto esencialmente de esas conversaciones es que me aportan el sabor de unos argumentos bien estructurados y la diversidad de un  punto de vista masculino, que según la ocasión, enriquece/ desafía/ o complementa mi mundo, que es esencialmente femenino.

 

Y es una de estas últimas conversaciones, la que me sirve de punto de partida, con motivo del próximo día de la mujer trabajadora.  En ella, le explicaba a mi  compañero de café mi decisión de especializarme en diferentes problemáticas que afectan a las mujeres trabajadoras con responsabilidades familiares en el siglo XXI.  Uno de los puntos clave en ese trabajo, sería el de ayudar a las mujeres a encontrar su lugar y abrirse un hueco a su medida en un mercado laboral cada vez más exigente y abrumador. Le explicaba cómo siento que vivimos en un sistema económico diseñado principalmente desde una mentalidad masculina, que para nada tiene en cuenta las necesidades personales de los individuos que lo componen y aún menos, las necesidades personales y familiares de las mujeres.

 

rubia agradable pequeña

 

Ahí se encendió la chispa para que él me confesara que aunque el tema le parece fascinante, debería plantearme si no me encontraré una asimetria entre mis expectativas y la realidad del mercado. Y como ejemplo, me expuso la situación que ve en el estudio de arquitectos donde trabaja, respecto a sus compañeras. Me comentó como ninguna de ellas mostraba el nivel de “dedicación o esfuerzo” marcado por las necesidades de un mercado en crisis, donde cada vez es más difícil conseguir clientes y mantener la facturación. Me explicaba cómo, ante estas reglas del juego que han cambiado, ellas no reaccionan “adaptándose a la situación”, que a su modo de ver pasa por dedicarle mucho más tiempo y esfuerzo a su trabajo. Prefieren  continuar con unos horarios cómodos que les permiten priorizar su familia y como consecuencia,  se van “quedando atrás” en un mercado que se ha vuelto despiadado.

 

Entiendo que hay personas que entrarán al trapo de atacar esta visión diciendo que esa lectura es  claramente machista. No es lo que viene a cuento.  Yo que  conozco a quien emitió esa idea, sé que no lo decía con ninguna intención de discriminación sexista, sino al contrario. Lo decía con tristeza por lo que él observaba. En el fondo, yo misma no quise entrar a discutir más, porque hay algo en esa visión que me “tocó”.

 

¿ La razón? Que yo he sido hasta no hace tanto, esa mujer poco implicada en un trabajo al cual no me entregaba más que a medias, entre otras cosas, porque no había en él ningún reconocimiento ni valoración para mi. Yo he sido esa mujer descontenta y victimista, que mantenía un empleo carente de pasión, del cual me quejaba en mil aspectos, pero que mantenía por comodidad. Lo justificaba porque así “podía hacerme cargo de mi familia”.  Ahora entiendo que no sabía ni hacerme cargo de mi misma. 

 

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No quiero generalizar, diciendo que este es el caso de cada mujer que se queja de su trabajo. Hablo de mí. Y por eso, siento que hay un punto de este razonamiento en el que tengo que darle la razón. Aunque no me guste.  Ese punto es el que me trae las siguientes preguntas: ¿hasta qué punto sabemos las mujeres cuidar de nosotras mismas? ¿ hasta qué punto sabemos/ asumimos/ y deseamos “ponernos en valor” en el ruedo del mercado laboral y por ende, en la esa construcción de la sociedad en pie de igualdad con el hombre?

 

Aunque es una realidad que no me gusta, debo reconocer que cuando voy a trabajar, me cruzo cada mañana con muchas, demasiadas, mujeres “encogidas”. Mujeres que me rebasan, a las que veo caminar sin fuerza, sin ilusión, hacia trabajos donde no se las considera y en los que ellas mismas, acaban no considerándose.

 

Muchas pondrán la culpa en el sistema social, en la educación. Y cierto, ninguno de los dos es idílico, pero ¿para cuando hacernos nosotras responsables de nuestras vidas y nuestras decisiones?

 

Nunca hemos estado las mujeres mejor preparadas que ahora, ni con más apoyo social e institucional, aunque este todavía resulte insuficiente y escaso.

 

¿Qué nos pasa que no arrancamos a pisar con fuerza y luchar por hacernos un hueco en el mercado laboral, de una forma que respete nuestras necesidades personales y familiares? ¿Qué nos pasa que preferimos dejar la responsabilidad de nuestro futuro laboral en manos de las instituciones o de empresarios que en el mejor de los casos reproducirán un patrón que estamos viendo que a muchas no nos sirve?  

mujer airbus

 

Durante estos últimos 4 años, he hablado con muchas, muchas mujeres que se habían quedado en paro o estaban en trabajos que les disgustaban, respecto a la posibilidad de lanzarse a la aventura de emprender su propio negocio o cambiar de trabajo.  Les he animado a buscar y construirse un futuro profesional que les apasionase, conservando en cualquier caso la red de seguridad de su empleo actual o sin dejar de buscar otro empleo que les garantizase ingresos mientras ponían en marcha su pasión.  Les he ofrecido oportunidades para colaborar con diferentes proyectos aunque fuera unas pocas horas, consciente de las posibilidades que se derivan de ampliar la red de contactos profesionales y el aire fresco que nos trae estar con personas que están cambiando el modelo laboral.

 

La respuesta ha sido mínima. Salvo por contadas excepciones, la mayor parte de ellas han optado por continuar encogidas en sus puestos, sin hacer nada por cambiar, mientras sus condiciones laborales se vuelven cada vez  más exigentes, más precarias, más amenazadoras. Repiten una y otra vez como un mantra: “¿y qué puedo hacer yo contra esto?”, mientras se someten a ese Goliat implacable que aplasta sus vidas cada día un poco más.

 

En el otro extremo, están mis clientes. Mujeres que han decidido hacer algo, aunque sólo sea lo que esté a su alcance. Y que han experimentado cómo cuando nos ponemos en camino luchando por nuestra independencia económica y emocional, la vida empieza a respondernos.  Estas mujeres, ya no caminan encogidas, como si siempre tuvieran frío en el corazón. Son mujeres valientes, a las que calienta el fuego de la pasión. A las que alienta la certeza de saber que nadie salvo nosotras mismas, podemos llevar a cabo el proceso de nuestra puesta en valor, porque es un proceso que se construye en nuestro interior.

mujeres contentas

 

Todavía no saben adónde les llevará el camino que han cogido. Una está abriendo su propia academia. Otra ha decido matricularse a la universidad para buscar su independencia profesional fuera de una oficina que ni la reconoce, ni la valora. La otra, está montando su propia empresa. Otra lo ha dejado todo para irse a un país diferente, donde está adquiriendo una nueva y rica experiencia laboral y el dominio de un nuevo idioma.

 

Lo que todas me transmiten es que ya por el sólo hecho de atreverse, se han transformado. Ahora,  se sienten vivas. Y se expanden día tras día, enfrentando las dificultades con valentía, mientras construyen futuro, sociedad y un ejemplo para las generaciones venideras.

 

No sé si se cumplirá la previsión de mi compañero de café respecto a la “asimetria del mercado” y me encontraré con que las mujeres no estamos todavía preparadas para dar el salto de hacernos responsables de nosotras mismas a diferentes niveles. Si así fuera, pocos clientes tendré y mi aventura terminará mal. Pero sí sé que en este momento de mi vida, soy una de esas mujeres, que se expande, se transforma y por ello transforma su entorno, sin encogerse.

 

  Y tú: ¿eres una persona que te expandes o una persona que te encoges?

Soy María Díez Coach y con mi blog ofrezco un espacio de encuentro vital, reflexión y aprendizaje para personas comprometidas con su superación personal, familiar y laboral.

En él encontraras herramientas de inteligencia emocional para superar los obstáculos cotidianos y construirte una vida llena de fuerza, confianza y pasión. Una vida  a tu medida, que sientas que merece la pena vivir.

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4 comentarios en “Mujeres encogidas, mujeres que se expanden

  1. “¡Mamá! ¿Qué te gustaría hacer si vivieras?” ¡¡Mola Mafalda!

    Para mi el problema es ir sola…es fácil volverse a encoger, es natural. Y contar con un coach que te guíe y te apoyo es ¡fundamental!

    Tendrás mucho trabajo…conozco a muchas mujeres en esta situación.

    En cuanto a los hombres, también disfruto mucho de su compañía, pero el día que se dediquen en cuerpo y alma a sus hijos entenderán nuestro Amor Incondicional a la familia y luego a la independencia económica.

    Me ha encantado la reflexión. Las mujeres te necesitamos.

    • Desde luego nosotras nos hemos metido en un berenjenal, la sociedad es tan opresora que tenemos que ser esposa, madre, hija, amiga, trabajadora, deportista, guapa sexy y cuidar de la casa y buscar tiempo para nosotras(este ultimo la mayoria de las mujeres se olvidan un poco). Desde luego eso te lleva a sentirse insegura por mirar demasiado haciael futuro generando miedo, son muchas responsabilidades y ademas te lleva a tal agotamiento cerebral y una posible depresion. Afortunada la que puede contar con un entorno fuerte, amigo y de apoyo,(sobretodo muy importante la pareja) luchar contra el miedo y no mirar hacia atras. Cortar todo sentimiento negativo y todo lo que le puede estancar, pensar en el presente y actuar! Conocerse a si misma es importante para saber lo que quieres y donde quieres llegar. Esa es parte de mi experiencia y lucho todos los dias de mi vida. Me encanta la idea de que l mujer pueda ser orientada atraves de un coaching, porque no?? Cuantos pasos nos hubiera adelantado??? Cuantas lagrimas y lineas de expresion nos hubieramos ahorrado?? venga sigamos pisando hacia adelante y no hacia atras mujeres!!!

      • Hola Melissa,
        gracias por tu comentario. Me mola que los dos comentarios que tengo vengan de mujeres que no se dejan enredar en esa “trampa” de la sociedad y están luchando y estirándose por llegar mucho mas lejos de lo que la vida les facilitaba. Desde luego que es esencial con apoyo, de lo contrario ¿ qué sería de nosotras? Lo malo es que metidas en tantos roles como estamos, demasiado a menudo olvidamos que nuestro primer y principal apoyo, siempre, siempre, tenemos que ser nosotras mismas. Y por tanto, somos lo primero a cuidar, en quien invertir y de quien ocuparnos. A veces es bueno que no lo recuerden. Abrazo y bienvenida.

    • Gracias Ana!!
      yo también pienso que es más difícil ir sola. Quizás para quien tiene una pareja no lo sea, pero para mi fue fundamental contar con la ayuda puntual del coaching. Me apunto la reflexión sobre los hombres y el Amor Incondicional. ¿ qué sería de los hijos y de la familia y la pareja sin el? Pero no olvidemos que sólo se puede amar desde la libertad, cuando los dos cuentan con independencia económica y emocional. ¡Ojalá muchas más mujeres sigan tu ejemplo y se continúen estirando!

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