Missis Ñoñostiarra y la sonrisa de los girasoles.

Collage girasoles
Enfocate en la luz y quedarán a tu espalda las sombras.

 

Missis Ñoñostiarra y la sonrisa de los girasoles.

 

Hoy es sábado y a Missis Ñoñostiarra le espera un gran día por delante. Todos los sábados suele ayudarle a su ama en el caserío, pero hoy libra y es como un día de fiesta para ella. Se ha levantado prontito, con la intención de aprovechar el día a a tope. Parece que el tiempo se ha aliado con su alegría, porque el sol brilla con fuerza. ¡bravo!

 

Sale pronto a la calle,  para dar un paseíto antes de bajar a la playa. El aire es todavía fino en la sombra, pero al mediodía hará calor.  Toda la ciudad parece brillar bajo la luz del mes de Septiembre que para ella es uno de los más hermosos en Donosti. Le encanta pasear por la ciudad,  ahora que se ha vaciado un poco de veraneantes y se ha quedado tranquila, esperando las regatas de traineras, las mareas vivas de San Miguel y el relumbre del Festival Internacional de Cine. ¡Fantástico mes el de Septiembre!

 

En la Plaza de Gipuzkoa, una de sus favoritas, se detiene a  recrearse observando la armonía de los edificios que la delimitan y los grandes tilos, que ya presentan el verde profundo de finales de verano. Desde  ahí, se acerca hasta la Bretxa a comprar algunos productos a las baserritarras. Le encantan sus puestos bien dispuestos, presentados de forma tan sugerente, que  adquieren el refinamiento de las naturalezas muertas que pintaba la escuela holandesa. Admira el verde tierno de los calabacines, las hojas frescas de las acelgas, los rojos tomates del país y los jorobados boletos de enorme pie y diminuto sombrero…incluso ya hay algunas coquetas calabazas. Pero lo que capta su atención por encima de todo, son unos bellos girasoles. Una flor que le fascina desde niña y que rara vez encuentra como flor cortada, a pesar de que casi todos los pintores, desde Van Gogh a Botero, han ensalzado su estética.

 

Así que se compra 3 girasoles y se pone tan contenta, que decide darse también el capricho de comerse algún pintxo en la Parte Vieja. Toda sonriente, se dirige con sus girasoles para dar cuenta de una deliciosa brocheta de gambas y un buen pintxo de foie, acompañados de txakoli. Al ser temprano, el bar está casi vacío. Tan solo hay dos parroquianos enfrascados en sus txikitos y el resultado del último partido de la Real.

Ya sea porque el bar está tranquilo o porque nuestra Ñoñostiarra irradia tal felicidad con sus flores, lo cierto es que el camarero no sólo establece contacto visual con ella ( algo bastante inaudito), sino que ¡incluso le sonríe y entabla conversación!

 

–         “Qué bonitos girasoles”- le comenta. “¿Te los han regalado?”- pregunta.

 

Nuestra Ñoñostiarra le contesta que en realidad, los ha comprado. Pero al momento, recapacita y responde que si, que en cierto modo, son un regalo.

 

–         “¿Entonces es tu cumpleaños?”, pregunta el camarero. Y nuestra Ñoñostiarra, coqueta, niega con la cabeza.

–         “ Pero algo celebrarás”- continua él curioso. Y luego añade: “ y por el brillo que tienes en los ojos, diría que estás enamorada”.

 

Y de pronto, a nuestra Ñoñostiarra algo se le mueve en el interior y le corta un momento la respiración. Y se escucha a sí misma contestando algo tan cursi, que ella misma se horroriza de ser capaz de decirlo: “Si, celebro que estoy enamorada de la vida”.

 

Enamorada de la vida. Eso es lo que siente. Es lo que lleva sintiendo semanas, sin ser capaz de ponerle palabras. Y al sacarlo, un aleteo de mariposas recorre su estómago y se pone roja, sintiéndose muy vulnerable por haberse mostrado con tanta sinceridad ante un extraño. El camarero, ante está declaración y esta inaudita exhibición de emoción, se queda totalmente desconcertado. ¡Menos mal que de la cocina le sacan los pintxos y así puede tener unos momentos para sobreponerse! ¡Vaya respuesta le acaba de dar la chica esta! ¡ Enamorada de la vida! ¡Qué cursilería! Pero también…¡qué bonito! Ojalá pudiera él expresar lo mismo que irradia ella con su mirada. Así que mientras le sirve los pintxos, le pregunta con curiosidad. “ Y eso: ¿cómo se hace?”.

 

Nuestra Ñoñostiarra reflexiona un poco, porque tampoco está segura de cómo lo ha hecho ella. Pero enseguida las palabras empiezan a fluir y le explica: “hay que tener actitud  de vivir cada día como si fuera un regalo, ¿sabes? Aprender a celebrar los pequeños detalles.  Esas pequeñas cosas que aunque parezcan no tener importancia, nos proporcionan una gran satisfacción. El problema es que no somos conscientes de ello…parece que sólo lo valoramos cuando no podemos tenerlo. Hay que aprehender los momentos de felicidad posible;  como por ejemplo yo hoy, paseando bajo el sol, comprando flores, tomando un pintxo. O el pasear con tus hijos del mano, acompañar a tu ama al médico cuando es mayor o tomar un café con un amigo.  Cosas que están a nuestro alcance, pequeñas, cercanas.”

 

El camarero la mira reflexivo e interesado y le responde:  “Cuesta encontrar a alguien que hable de esta forma hoy en día. Aquí cada vez veo más caras largas, con la crisis, con lo mal que está el mundo, con que ya no tienen para irse de vacaciones como antes…”

 

“Es que no hemos aprendido a valorar lo que tenemos” –le contesta la Ñoñostiarra- “No sabemos apreciarlo, porque vivimos con los ojos puestos en lo que nos falta”- añade. “Y por eso nos sentimos todo el rato incompletos y frustrados. A mi me ha pasado, pero ahora estoy aprendiendo a mirar todo lo que me rodea con ojos nuevos y me doy cuenta de cuantas tengo y lo afortunada que soy.”

 

“¿Algo así como que nos pasamos la vida con los ojos puestos lejos, cuando en realidad lo que necesitamos para ser felices está cerca?”- pregunta el camarero.

 

“¡Eso es!” – contesta Missis Ñoñostiarra- “ Soñamos con grandes cosas, grandes acontecimientos: ese gran amor que llegará un día para hacer nos felices, esas fantásticas vacaciones que llevaremos a cabo un día, el gran trabajo…Nos educan para hacer cosas grandes que cuando no llegan, nos hacen sentir frustrados. Pero en realidad, la vida está hecha de cosas pequeñas. Solo que nadie nos enseña que hay que darlas valor si queremos aprender a ser felices.”

 

“Entiendo”- contesta él- “buscamos todo el rato grandes acontecimientos que nos permitan cambiar nuestras vidas, sin darnos cuenta de que la dicha, se encuentra mucho más cerca de lo que creemos….¡miramos en la dirección equivocada!”

 

“Eso es”- asiente la Ñoñostiarra. “En realidad, a las persona nos ocurre como a los girasoles. Cuando somos niños, jóvenes, miramos todo el rato hacia la luz y estamos en contacto con la felicidad. Pero luego, al crecer, nos vamos volviendo rígidos y nos quedamos mirando en una única dirección, dando la espalda al sol en la mayor parte del tiempo. Entonces, nos quedan delante nuestras sombras mientas dejamos a nuestra espalda la felicidad. Lo importante entonces es reaprender  a ser feliz.”

 

Entran varios parroquianos más en el bar. El camarero la deja para atenderles y le hace una seña a la Noñostiarra de que está invitada. En sus ojos, también hay ahora un brillo especial. Y cuando la Ñoñostiarra sale con sus flores cuyas corolas miran hacia el, le parece como si estas, le sonrieran alegremente.

 

Y tú: ¿donde tienes puesta tu mirada? ¿ en la luz o en las sombras?

 

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