Missis Ñoñostiarra, Doña Víctimista y los charcos.

 

PicMonkey Collage Victimismo
Los victimistas se ahogan en charcos poco profundos, en vez de construirse como personas cuyo reflejo en el agua les seduzca y enamore.

 

Hoy Missis Ñoñostiarra ha quedado al salir de la oficina con una amiga a la que no ve desde primavera para  tomar café. Aunque viven en la misma ciudad, llevan ritmos muy diferentes ya que su amiga tiene dos niños y no encuentra con facilidad oportunidades para quedar. Está muy ilusionada porque desde hace bastantes años, a su amiga le asoma mucha tristeza en los ojos. Missis Ñoñostiarra no entiende demasiado bien qué pasa con ella. Aunque tiene un  trabajo estable y con buen horario,  unos niños preciosos, un estupendo piso nuevo y un marido que la adora, todo en su vida parece ir mal. Por eso nuestra Ñoñostiarra tiene muchas ganas de verla,  Piensa  que con todo lo que ahora ha aprendido sobre la felicidad y sobre el verano interior, seguro que podrá ayudarla.

 

Pero no parece que vaya a ser así. Apenas pregunta a su amiga qué tal está, un torrente de lamentaciones sale por su boca…. Acaba de regresar de vacaciones y le pesa muchísimo la vuelta al trabajo, donde se encuentra desde hace tiempo totalmente desmotivada. La empresa en la que trabaja va fatal con la crisis y ella está muy asustada temiendo perder su empleo. Aunque siempre ha dicho que odia su trabajo, teme que empiecen a despedir personal, como ha ocurrido en la empresa donde trabaja su marido. Allí, cada viernes cuelgan una lista con las personas que no volverán a trabajar el lunes. Solo de pensar que pueda ocurrirle algo así, todos los días le duele la cabeza y el estómago. Si antes su trabajo le resultaba aburrido y odioso,  ahora no soporta el pánico que se vive en su oficina, ni a los compañeros compiten a dentelladas por intentar salvar cada uno su parte y demostrar que son imprescindibles.

 

Además, le deprime el fin del verano. Los días que se van acortando, la vuelta a la ropa de abrigo, los fines de semana lluviosos en que no sabe cómo distraer a los niños…siente como si con la llegada del otoño, su vida se encogiera y se apagara. Se siente  cansada de antemano por la certeza de que por delante le espera un horizonte de días llenos de rutina y obligaciones monótonas. Le confiesa que hasta ha llegado a sentir que lo mejor de su vida ya ha pasado: cuando conoció a su marido, los viajes ellos solos, el nacimiento de sus hijos, su primer piso…Ahora, aunque adora a sus hijos, entiende que son una gran responsabilidad y  siente que la sujetan a un estilo de vida que a ratos le pesa enormemente.

 

–         “Ay”, le dice a Missis  Ñoñostiarra, “qué afortunada tu, que puedes todavía hacer lo que quieras libremente! Puedes viajar, cambiar de ciudad si pierdes el trabajo. ¡Eso sí que es envidiable!” –

 

Nuestra Ñoñostiarra está asombrada ante este discurso. Intenta animarla, hacerle ver que estos son los años más difíciles, porque los niños son aún pequeños y dan mucho trabajo. Más adelante, podrán ayudarla. Y además, habrán pagado la mayor parte de la hipoteca, y tendrán más dinero. O quizás, podría plantearse dejar su trabajo, si realmente se siente tan mal. Pero su amiga tiene para todo una contra réplica.

Pone trabas a cualquier solución que Missis Ñoñostiarra le sugiere y lidera la conversación de lamento en lamento.

 

Entonces, como si se tratara de una película  que está viendo a cámara lenta, la Ñoñostiarra siente que ya no escucha a su amiga. Se ha desconectado de su aluvión de quejas y está procesando toda la información que recibe. Procesa las palabras que se dicen y también las palabras que se callan. Nunca las había podido escuchar antes, pero debe de ser cosa de sus sentidos ultra -agudos en estas últimas semanas. Se da cuenta de que su amiga, representa un rol tan perfectamente aprendido, que ha acabado por trasladarlo a su propia vida. Se ha convertido en una victima absoluta, repitiendo de memoria una película que ella sola ha escrito. En vez de reconocer que ha sido ella quien ha escrito el guión de su propia vida con cada una de sus decisiones, se autoengaña y se conforma con ese trágico rol.  Así tiene la posibilidad de ser  protagonista absoluta de una película mediocre en la cual la responsabilidad nunca es suya. Missis Ñoñostiarra no entiende cómo hasta ahora, no se había dado cuenta de ello  y había compadecido siempre a su amiga que llevaba una vida “tan difícil”. En realidad, ¡su problema es que su vida es demasiado fácil! Pero de esta forma, ¡nadie puede reprochárselo ni exigirle nada,  porque ella vende lo contrario! ¡qué perversa forma de eximirse de toda responsabilidad! ¡pero qué precio tan alto paga por la elección de una actitud vital tan toxica!

 

Su rostro tiene una expresión tan concentrada y sorprendida, que no se ha dado cuenta  de que su amiga por fin se ha callado y  la mira con cierta hostilidad por evidente falta de atención hacia sus quejas. Como buena víctima exige simpatía y que la compadezcan mucho. Y esta vez no siente que Missis Ñoñostiarra resulta demasiado propicia a satisfacer sus necesidades, con todas esas aburridas soluciones que le ofrece. Solo por cortesía, suelta el rol protagonista y finge interesarse por la Ñoñostiarra, preguntándole qué tal está y cómo le ha ido el verano.

 

Missis Ñoñostiarra empieza a hablarle  de sus descubrimientos del verano. De cómo abandonó su bunker de las quejas donde vivía recluída en la parálisis de creerse victima,  para pasar a  hacerse cargo de su vida. Y todo lo que esto ha supuesto en su vida. Espera que esto sirva para hacer que su amiga haga un poco de autocrítica y le ayude a salir de esa ciénaga en la que parece chapotear sin fin.

 

Le habla de como ahora se siente enamorada de la vida y encuentra la belleza hasta en los charcos que forma la lluvia. Le cuenta  cómo cada día es un nuevo regalo cuando  se tiene el valor de hacerse uno cargo de su vida y aprender a vivir confiando en la existencia. Le habla de cómo no puede haber rutina, ni tristeza cuando aprendes a valorar y apreciar todo lo bueno que la vida te ofrece cada día. Le explica cómo puede optar por poner el foco en lo que recibe y no en lo que falta. Y cómo cada día será una nueva sorpresa si decide aprender a saborear  la belleza de lo cotidiano. Le invita a disfrutar del momento presente, el único que realmente tenemos, al fin y al cabo.  Y le afirma que vivir en un mundo  amigo o en un mundo hostil, no es sino una elección personal de nuestra actitud vital. Y luego,  le invita a construirse personalmente, de tal manera que pueda enamorarse de si misma cuando vea reflejada su imagen en los charcos.

 

Con cada palabra, sus ojos, su boca y sus manos, su cuerpo entero, vibran bajo el entusiasmo y parecen bailar de alegría, mientras intenta echar un cable a esta amiga que se ahoga en un charco de agua.

 

A Doña Victimista esta cháchara no le está gustando nada. Primero, porque no le gusta no ser el centro de atención. Cuantos más años lleva en el su rol de lamentaciones, más atención va necesitando. Nunca le parece suficiente, siempre tiene sed de más. Finge  escuchar con cortesía, pero al contrario de lo que ocurre con Missis Ñoñostiarra, su cuerpo cada vez se pone más rígido.

 

 

Y como se aburre y está desconectada de la conversación,  en su mente se van formando los juicios. Al fin y al cabo, esta Ñoñostiarra siempre fue una soñadora y una mística. La belleza de los charcos de lluvia. Bañarse cuando llueve y recoger castañas en el parque. Enamorarse de la sonrisa de sus hijos, de coger su mano, de verlos jugar y dormir…¡como si a ella le quedara tiempo de eso! ¡Si vive desbordada, corriendo de un lado a otro para ocuparse de todo! ¡Como se nota que esta chica no sabe lo que es ser madre trabajadora! ¡Cómo se nota que no tiene la responsabilidad de una familia sobre sus hombros ¡Vaya tonterías! Ahora que lo piensa, no le sorprende que siga soltera y  no haya encontrado siquiera una pareja. Ni es raro que no tenga ni una casa propia. Lo que le sorprende, es que alguien tan ñoño pueda siquiera conservar un trabajo. Termina de escucharla con un silencio rígido, que quiere ser cortés y luego pone una excusa para acabar con el encuentro. ¡qué de estupideces ha tenido que aguantar de esta maldita chica con aspecto de ser feliz, cuando debería ser una desgraciada! Sale de la cafetería con aire altivo, olvidándose de pagar y se aleja a toda velocidad.

 

La Ñoñostiarra se hace cargo de las consumiciones y durante un breve momento sigue a su amiga con la mirada sintiéndose apenada por ella. Sin duda su rol le da resultado para manipular a los demás y obtener con más facilidad que los demás se amolden a sus antojos. Pero paga un precio muy alto por ello. Le resultará difícil mirarse en los charcos y  reconocer su reflejo en ellos, sintiéndose orgullosa de la imagen que le reflejan, como le ocurre ahora a ella. En cualquier caso,  no es su responsabilidad. Puede acompañarla en la emoción, pero sólo su amiga puede hacerse cargo de la identidad personal que cada día construye. Nadie podrá hacerlo por ella. Cae en la cuenta de que hasta hace poco, ella también compartía esa actitud victimista con su amiga. Y eso era lo que en realidad las unía. Por eso no puede juzgarla. Pero se siente intensamente afortunada por la elección que ha hecho para su actitud personal y el la forma de ser que construye día a día para si misma.

 

Con estos pensamientos, se dirige hacia el parque a dar un paseo. Al mediodía ha caído una gran tormenta y la acera está llena de hojas de árboles y ramas que ha desgajado el viento. Además, desde hace ya dos semanas, los castaños de Indias han adquirido un característico color de herrumbre que anuncia la inminente llegada del otoño.  Se alegra pensando que podrá  recoger algunas castañas que habrán caído con la lluvia. Las  pondrá en un cuenco en su casa como decoración.  Le encanta su piel brillante y húmeda, emergiendo de sus verdes caparazones de púas. En su rostro, se dibuja la sonrisa de quien está en paz consigo mismo.

 

Mientras tanto, su amiga ha entrado ya en su coche. Sentada al volante, se dispone a arrancar, cuando algo se lo impide. Una especie de tsunami de sollozos inunda su garganta. Y apoyada en el volante, se derrumba y se desgarra, mientras se abre a la consciencia de entender que prefiere presentarse como víctima ante los demás, antes que revisar una actitud vital que en el fondo la asfixia y  anula su felicidad.

 

Y tu: ¿ cual es tu actitud vital? ¿ eres victima, quejíca o te construyes como dueño de tu vida?

¿Puedes enamorarte de tu imagen en los charcos? ¿ o todavía tienes mucho que cambiar de ti?