Missis Ñoñostiarra y el tesoro de la vida.

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Después de “la revelación” que sufrió la semana pasada, Missis Ñoñostiarra siente que ha sufrido una especie de transformación.

No se ha atrevido a comentarlo con nadie, por si la toman por loca. Pero igual que los super héroes despiertan un día notando que algo es distinto en ellos y de pronto descubren que tienen super-poderes, nuestra Ñoñostiarra nota como ha desarrollado una nueva capacidad que guarda relación con reaprender a vivir.  La ha llamado, la APRECIACIÓN

 

En concreto,  el principal cambio que ha detectado, es que cada día, rumbo a su trabajo, es como si tuviera super-  sentidos.  Sus ojos, sus oídos, sus nariz, su piel…parecen vivir ahora  en alerta y  captan detalles que antes no era capaz de apreciar. Así, se nutre con el olor de la hierba recién cortada en los jardines o el olor de salitre que la brisa esparce por la ciudad. Se sorprende con los saltos del polluelo de gorrión que aletea en los jardines persiguiendo a su madre y sonríe, al escuchar como pía insistente reclamando su alimento. Y se deleita con la fresca caricia del sirimiri que cae con serenidad en las mañanas grises. Incluso detecta el sol que se refleja en una vidriera modernista que en la que jamás había reparado anteriormente, aunque hubiera caminado mil veces por esa calle. Sin hablar de cuando cruza el puente sobre el rio camino de su trabajo; esto se ha convertido para ella en una fiesta, porque ahora es capaz de apreciar los mil y un matices del agua y del cielo, renovados cada día. Y se extasia ante ellos. Lo invisible, se ha hecho visible para ella.

 

Se le han revelando los delicados matices de lo cotidiano, que habían permanecido ocultos bajo el manto de la falta de apreciación mientras duraron sus quejas y su actitud pasiva. Su día a día, su vida tan normal y que ella deseaba diferente,  ha adquirido una riqueza cromática y sensorial inigualable. Es el regalo de la APRECIACIÓN, que brota de nuestro interior cuando nos acercamos a vivir prestando más atención a las cosas y personas que nos rodean. 

 

Por si esto fuera poco, además de la alegría de saborear la vida intensamente,  experimenta una maravillosa sensación de gratitud. Ha entendido por fin, lo afortunada que es por todo lo que tiene. El mismo hecho de poder caminar a su trabajo un día tras otro, con salud,  lo vive ahora como un increíble regalo. Siente también gratitud por el cielo azul o gris de cada mañana. Por despertarse un día más y poder verlo.  Incluso, algo inaudito,  se siente profundamente agradecida por tener ese trabajo que tan poco le gusta. Este repentino cambio de paradigma,  ha trasladado su foco de la carencia a  la abundancia. Otro de los aspectos que la tienen feliz, pero desconcertada.  Antes se sentía culpable por saber que debía estar agradecida por lo que tenía.  Pero ese pensamiento no dejaba de ser una ideas abstracta. No lo sentía. Estaba en su  mente, pero  no consolaba su corazón cuando estaba de bajón.  Ahora sin embargo, es una emoción profunda, real, que parece surgir como un geiser de su interior.

¿Cómo es posible que no haya sabido valorar y apreciar todo esto hasta hoy?

No entiende cómo ha surgido de pronto  toda esta alegría, esta sensibilidad y esta gratitud en ella. Recuerda sus quejas,  su actitud victimista, su  mirada puesta  siempre fuera de lo que estaba a su alcance.  Recuerda cómo ha vivido, absorbida por el ruido de sus preocupaciones y sus miedos, apagada su luz y ausente de si misma y se estremece. ¿ Puede haber cambiado tanto? ¿ Es normal lo que le está ocurriendo?

 

Y cada día,  cuando ve en los rostros de la mayor parte de las  personas con las que se cruza esa misma expresión que ella tenía, desea gritarles: “ ¡DETENEOS UN SEGUNDO! ¡MIRAD ALREDEDOR VUESTRO! ¡APRECIAD TODO LO QUE HEMOS RECIBIDO, TODO LO QUE TENEMOS A DISPOSICIÓN!”

 

Sólo la vergüenza de  quien ha recibido un gran don sin haberlo merecido, la hace guardar silencio.  ¡Cómo le  gustaría poder compartir con esos zombies que caminan  hacia ninguna parte todo lo que está descubriendo en su interior!  Pero ella misma ha sido zombie hasta hace poco. Si alguien le hubiera hablado de esto, le habría mirado desde los juicios de su mente  y sonriendo con cortesía, habría pensado que esa persona era, como mínimo, “un poco rara”. Por eso, no dice nada. Sus antiguos juicios, la hacen guardar silencio, aunque su alegría sea tan grande, que a ratos se ríe sola. Y sin creerse todavía del todo su fortuna, da las gracias  en su interior. Gracias,  por tener la vida a su disposición y además,  por el increíble regalo de sentir su corazón lleno de esperanza y pasión, ardiendo en el calor de su verano interior.

 

 Y tu: ¿ vives con una actitud apreciativa? ¿ qué actitudes la hacen posible? 

 

 

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3 comentarios en “Missis Ñoñostiarra y el tesoro de la vida.

  1. “El maestro aparece cuando el alumno está preparado” es una frase que siempre me repito cuando veo a los zombies (!!)
    No merece la pena gastar energía en personas que no desean despertar porque el efecto en personas despiertas es brutalmente opuesto, como tú bien lo sabes.
    Por eso una de mis grandes actitudes, que trabajo día a día, es AMARME, confiar, y aceptar. ¡No siempre lo consigo! 🙂
    Pero no dejo de entrenar para sentirme más viva cada día.

    • ¡Cierto Ana! Nadie nos puede hacer ver aquello para lo que no estamos preparados. Suscribo el aprender a amarse, confiar y aceptar un poco más cada día. 3 opciones vitales que todo un RETO. No resulta fácil adquirirlas, pero como sabiamente indicas, se puede entrenar. Habrá días mejores, días peores…pero es la única forma de ir mejorando. A mi también me cuesta, pero no cambiaría por nada del mundo lo que he vivido y experimentado desde que estoy en ello. ¡y algún día seremos legiones de personas entrenando para superarse y sentirse más vivas cada día!

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