Mermelada de momentos

2014-09-18 mermelada de momentos
Es importante estar atentos a construir momentos placenteros porque su suma, conformara nuestra vida.

 

Este domingo,  Missis Ñoñostiarra tiene por delante un plan estupendo. Una amiga le ha invitado desde primera hora de la mañana a su caserío en Igeldo, donde han estado cogiendo moras para hacer mermelada, antes de acercarse a ver las regatas de traineras. Después se han ido a disfrutar de una comida con la familia de su amiga, despachando unas buenas botellas de sidra. Al terminar, ambas pasan a la cocina del caserío, donde su amiga pone a cocer las moras que ha recogido por la mañana.

 

Se conocen desde hace tantos años  y se aprecian tanto, que aunque no se vean mucho, la conversación siempre es fluida, alegre e  íntima. Juntas, crean un espacio de encuentro donde se muestran en total libertad;  sin necesidad de fingir, sin miedo a los juicios y sin necesidad de tener que mantener ninguna imagen. Mientras preparan la mermelada, se ríen compartiendo mil fruslerías. Como la de su frustración por esos veranos lluviosos y fríos, como los que les ha tocado los dos últimos años. Ahora, con el paso de las semanas, todo eso ha quedado en una anécdota. Esas terribles semanas en las que no paró de llover, parecen cosa de un pasado muy lejano. Todo el sol que no quiso mostrarse en Junio, Julio y Agosto, se prodigara ahora de golpe. Puede decirse que el verano está cerrando al alza, ya que durante las dos últimas semanas ha lucido el  sol de continuo. Como si quisiera borrar el mal sabor de boca que causó al principio del verano.

 

Coinciden en su opinión de como el sol de Septiembre especialmente vibrante y bello en Donosti, por haber perdido esa acerada intensidad del verano. Comentan como esos días de fabulosa luminosidad,  con la super luna que hubo el miércoles y las mareas vivas que han llegado por San Miguel, han regalado hermosas e inusuales imágenes de la ciudad. Como la del agua cegando casi los ojos de los puentes sobre el río cuando está la marea  alta, o bien dejando al aire las rocas que permitirían pasar hasta la isla de Santa Clara andando, cuando está la marea  baja. “Han sido un fantástico regalo”, coinciden ambas amigas, mientras revuelven las moras que desprenden un delicioso olor.

 

Aunque no hablen sobre ello, ambas son conscientes de que este domingo están disfrutando de un día único, lleno de  momentos privilegiados. El de estar en compañía de personas que aprecias y disfrutando de cosas sencillas: la tradicional competición de traineras, el  recoger moras;  una buena comida en familia y ahora, el hacer la mermelada. Aprovechando este clima de intimidad, Missis Ñoñostiarra le cuenta a su amiga lo que ha disfrutado este verano y le enseña  las fotos que guarda en el móvil de todos los bellos instantes que ha capturado. Le explica  cómo ha sido un verano tranquilo, lejos de esos grandes momentos de euforia que ella anhelaba cuando era más joven. Le confía como curiosamente,se ha encontrando con montones de momentos modestos. Y le explica como esas sensaciones calmadas de redescubrir  tantos instantes de belleza cotidiana, le han llenado de bienestar. Le ha hecho disfrutar del presente y sentirse a gusto con ella misma.

 

Su amiga sigue revolviendo pausadamente la mermelada, y de pronto, le mira a Missis Ñoñostiarra y le dice con una gran sonrisa: “se me ocurre que deberías embotar todos esos maravillosos momentos”. Se ríe y añade “así podrías comer una cucharada o dos de momentos placenteros cuando por lo que sea,  te sientas baja. Podrías endulzarte un poco recordando el sabor de este verano y volviéndote a conectar con toda esa emoción y ese bienestar que has encontrado en ti”.

 

Missis Ñoñostiarra se ríe ante la ocurrencia. Pero…¡qué cierto es que todos deberíamos preocuparnos de hacer acopio de buenos momentos! Así, podríamos traerlos a nuestro corazón cuando llegaran los momentos de “bajón”.

 

Construir y “recolectar” en nuestra memoria  momentos placenteros, de esos que nos proporcionan una gran satisfacción, nos ayudaría a entender que siempre tenemos a nuestra disposición recursos a los que recurrir para suavizar las dificultades. Por muy mal que vaya nuestra vida, siempre habrá algo a lo que podamos recurrir para que nos proporcione bienestar: disfrutar de la compañía de un ser querido, escuchar nuestra música favorita, mirar el mar…La mermelada de momentos nos ayudaría  a recordar que en el pasado hemos podido ser felices y encarar con mayor fortaleza el hecho de que la vida siempre tiene momentos de alternancia:  momentos buenos y momentos más difíciles. Momentos para reír y momentos para llorar. Momentos que no parecen tener importancia alguna, pero que al final conforman una vida.

 

Saboreando la mermelada de momentos placenteros, podríamos alimentar la seguridad de que no hay mal que mil años dure y mantener viva la esperanza de saber que  tras la tempestad, llegará la calma. Y de esta manera, estaríamos pendientes de crear instantes de bienestar, que como los eslabones de un collar, compondrían día a  día, la cadena de nuestra felicidad.

 

 

¿Y tu?  ¿Cómo podrías preparar tu mermelada de momentos?

 

¿te reservas algunos momentos cada día para realizar aquello que te hace feliz

 

¿eres consciente de qué aspectos de tu vida cotidiana te aportan un profundo bienestar?

¿Te interesan los temas de crecimiento personal e inteligencia emocional? ¿ Te gustaría pertenecer a una comunidad de personas conscientes y orientadas?

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