Materializando sueños.

No sabemos de lo que somos capaces, hasta que no lo intentamos.
No sabemos de lo que somos capaces, hasta que no lo intentamos.

 

¡Buenos días! ¿Cómo estás?

Yo me encuentro un poco más que bien: estoy muy feliz.

¿La razón? Que el año ha arrancado con muy buenas expectativas para mí. De hecho, me  encuentro con tanto trabajo, que he tenido que aplazar el escribir en el blog regularmente. Clientes, cursos, conferencias….parece que todo se presenta a la vez. Están siendo semanas muy intensas y de veras que echo mucho de menos no haber podido mantener mis post semanales. Por no hablar de que mi presencia en las redes sociales se ha vuelto casi nula. Sin embargo, creo que lo entenderéis cuando os explique lo que estoy viviendo.

Veréis: estas últimas semanas me las he pasado cosechando frutos de semillas que planté hace tanto tiempo, que casi las había olvidado. Porque aunque a mi misma me cueste aún creerlo, parte de mi sueño de vivir del coaching ha empezado a  materiliazarse. Va tomando una forma más real, tangible y lo más importante: facturable.

No está ocurriendo todavía en la forma y volumen que  soñé  pero si en el fondo y en la esencia. Y os aseguro, que si un sueño es ya hermoso cuando se sueña, cuanto más maravilloso resulta cuando se vive.

Os cuento. Durante este mes de Febrero he conseguido llevar mi taller de coaching para padres al lugar que desde el primer momento soñé que era el espacio idóneo para impartirlo: en la maravillosa casa de Cultura de Aiete, enmarcado dentro de la programación cultural de la ciudad. 5 años me ha costado conseguirlo. Pero lo importante es que lo que en su día no fue sino un deseo en mi corazón, ahora se ha vuelto realidad.

 

Aiete collage

 

Salvo mis amigos más cercanos, pocas personas imaginan el reto que esto ha supuesto para mí. Diseñe este taller hace 5 años, en el arranque de lo que me proponía que fuera un giro profesional de 180 grados en mi carrera. Y desde entonces,  por el camino han ido cambiando muchas cosas: desde el título del taller, a su contenido que he tenido que adaptar a los nuevos conocimientos que he ido adquiriendo. Pero sin duda, lo que más ha necesitado cambiar para conseguir este reto, he sido yo misma.

 

 ¡Qué razón tiene quien dijo que nunca sabemos de lo que somos capaces, hasta que de verdad lo intentamos!

 

Conseguir este logro sin aparente importancia para muchas personas, ha supuesto para mi un largísimo y árido camino de autosuperación y maduración personal.  Ha conllevado muchas renuncias a divertirme, a salir con mis amigos o dedicar tiempo a mi familia. Ha implicado invertir tiempo y dinero en formarme, sin saber muy bien qué retorno tendría esa inversión. Y también gastar un dinero que me hubiera venido muy bien para aspectos más pragmáticos de mi vida, en aspectos de mi negocio que pocas personas veían coherentes o necesarios.

 

Durante este increíble proceso de transformación personal, ha habido de todo;  algunas alegrías, muchas ilusiones fallidas. Y una larga, largísima travesía del desierto que ha durado meses e incluso años, sin resultados aparentes. Donde me he caído mil veces y me he levantado mil y una. Magullada, dolorida y confusa, pero nunca, nunca derrotada del todo. Porque sabía que el coaching es mi pasión y porque además, darme por vencida, no va con mi espíritu.

 

Este sí que ha sido un verdadero Viaje del Héroe, con todo lo que de aprendizaje sobre nosotros mismos conlleva. 

 

Y qué queréis que os diga: ahora me siento muy orgullosa de mi misma. De mi empuje, de mi tesón. De mi cabezonería si queréis llamarlo así. Pero lo cierto es que he sido capaz de haber continuado peleando por mi sueño sin rendirme todo este tiempo, hasta haber llegado aquí. Y aunque cansada y algo aturdida, me alegro de haber apostado tanto y tan fuerte por mí misma. Porque al final,  o trabajas para hacer realidad tu sueño, o acabas trabajando para hacer realidad el sueño de otro.

 

Así que ahora, doy una y otra vez las gracias, por mi perseverancia en el  constante sembrar semillas acá y allá de los últimos años. Acepto con cariño esa parte “ilusa y loca de mi”, que avanzaba a trompicones, un poco como podía: supliendo con  ilusión y pasión la falta de recursos materiales y la falta de apoyos y experiencia.  Y abrazo a esa parte mía de “pueril entusiasmo”, que ha sido la que  ha permitido que descubra aspectos vitales tan profundos como lo que cuesta mantener viva la esperanza de que un día, alguna de esas acciones que llevaba a cabo, alguna de esas simientes de sueños, acabaría arraigando y daría frutos.

 

sembrador-de-estrellas-de-noche

 

Y así ha sido. Al menos una, ha fructificado. Entiendo que puede que sea un hecho aislado y se quede en esto. No más.  Punto final.

Pero en cualquier caso, nada podrá cambiar ya como me siento ahora: agradecida y llena de amor por la persona en la que me he convertido.

 

Y he aprendido tanto por el camino…he aprendido que hay cosas para las que nunca es tarde. No importa cuando empieces, sino tener la valentía de salir de tu espacio de comodidad y empezar. Y he aprendido de la íntima sensación de realización personal que proporciona el responsabilizarte de tu vida y tus decisiones.

 

También he aprendido de la diferencia que hay entre insistir y perseverar. Y de la fuerza de voluntad, el empuje y el esfuerzo que se necesita para sacar adelante un proyecto personal, por poco ambicioso o pequeño que nos pueda parecer. También entiendo con otro nivel de profundidad  la renuncia que implica elegir entre lo que quieres ahora o lo que quieres para tu vida. Y entiendo que nada mas importante puede mover nuestras acciones que la humildad y el afán por superarnos a nosotros mismos y ser cada día un poco mejores y más completos, para luego volcar ese potencial al servicio de los demás.

 

Ahora puedo contar la historia de una chica que en vez de quedarse estancada en la queja de un trabajo que le resultaba insatisfactorio, un día plantó las semillas de un sueño profesional en su mente, y poco a poco, esa visión  la transformó hasta convertirla en la persona capaz de conseguir lo que anhelaba.

 

Y por eso hoy celebro el éxito del objetivo conseguido, celebro en quien me he convertido por el camino y celebro lo que he disfrutado de lo obtenido impartiendo el curso.

 

Ahora, a seguir sembrando, para que nuevas semillas germinen cuando llegue su momento.

 

Y tú: ¿cómo vas con la materialización de tus sueños?

¿qué nuevas semillas puedes plantar para que germinen un día?

¡Hola! Soy María Díez Coach y con mi blog ofrezco un espacio de encuentro , reflexión vital  y aprendizaje para personas comprometidas con su superación personal, familiar y laboral.

En él encontraras herramientas de inteligencia emocional para transformar los obstáculos  cotidianos  en retos y construirte una vida equilibrada y armónica, llena de fuerza, confianza y pasión. Una vida  a tu medida, que sientas que merece la pena vivir.

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2 comentarios en “Materializando sueños.

  1. Felicidades, CAMPEONA!!!
    Me alegro un mogollón!
    Yo…como en una canción rusa de la época soviética:”Y qué has hecho hoy para tu mañana?”…
    Aunque un pasito pequenitooo, pero en la dirección hacia mi sueñoooo.
    Tú, con tu ejemplo, ya nos das muuuchooo ánimo y empuje!
    Gracias!!!

Los comentarios están cerrados.