Los guiños de la vida: en el camino del coraje.

Atrévete. Arriesga. Vive.
Atrévete. Arriesga. Vive.

 

Van pasando las semanas y casi sin darnos cuenta, ya estamos a mediados de Noviembre. En la montaña apenas queda follaje en los árboles. Lo ví el domingo pasado, mientras conducía bajo el sol de otoño por la bellísima autovía que une Gipuzkoa con Navarra a través de la espectacular sierra de Aralar. La verdad es que el otoño siempre pasa para mí como un suspiro. Parece que después del verano, un pequeño salto y plas!!! Ya estamos en Navidades. Sobre todo ahora, que cada vez arrancan antes con la decoración navideña, en una invitación al consumismo cada vez más descarada.

 

Quizás por eso, mientras conducía mirando las montañas recortarse contra el cielo azul, me dio por pensar que deseo que se acabe este año. Algo que pocas veces me ocurre. Pero lo cierto es que este 2015 está resultando un año complicado y agridulce para mi.  Casi más agrio que dulce diría yo. Aunque tampoco puedo afirmarlo, porque ha habido muchas cosas positivas.  Es solo una sensación.

 

¿La razón? Bueno. Está claro que una parte de mi se siente dominada por la desilusión de no ver recompensados suficientemente los esfuerzos de estos últimos años. No puedo engañarme. Este cansancio que arrastro, esta falta de energía de los últimos meses, está directamente ligada con la sensación de tristeza que me causa ver como muchas puertas que yo quisiera abiertas, están cerradas. Y algunas, irremisiblemente. A pesar de todas las horas invertidas. De toda la lucha. De todos los esfuerzos.

 

Definitivamente, 2015 no ha sido un año de cosecha, como yo esperaba. De ahí lo del sabor agrio.

 

Sin embargo, hay otro lado. Un lado mucho más amable, pero que todavía no soy capaz de saborear en toda su dulzura. Un lado que me lleva a asombrarme con todo lo que he sido capaz de llevar a cabo, no sólo en 2015, sino en todos estos últimos años.  Que me habla de los “triunfos a medias”, que no fueron grandes triunfos porque no acompañó el resultado. Pero fue increíble el espíritu que movió y alimento las acciones. Que me habla de cuanto me he atrevido. De cuanto he apostado por lo que yo creo. De cuanto he arriesgado. Y ese lado, me susurra que soy grande, y me recuerda la importancia de VIVIR LA VIDA CON CORAJE.

 

Son como esos dos lobos que pelean dentro de mí. Los lobos de los que habla esa conocida leyenda india.

los dos lobos

 

Y como quiera que a veces, nosotros mismos estamos tan exhaustos que no tenemos capacidad de alimentar al lobo adecuado, va la vida y me lanza un guiño. Un guiño, como son los guiños: rápido, cómplice y motivador. Y este guiño, no es ni más, ni menos, que recibir la noticia del regreso a Donosti hasta Navidades, de una de las amigas que hice el verano pasado: Lucy. Y que junto con Anastasia y Nina, tuvieron una enorme influencia en mí en el 2014. Porque hablar de cualquiera de ellas, es hablar precisamente de eso: de coraje. De apuesta. De riesgo. Y de aventura.

 

La palabra coraje es muy hermosa. En su origen, viene de “cor”, que significa corazón. Así que vivir con coraje, además de valentía, viene a significar algo así como “vivir con corazón”. O lo que es lo mismo: vivir siguiendo el camino del corazón.

 

Y eso es lo que experimenté con estas compañeras de trabajo el año pasado. A sus 24 años, las 3 habían sido capaces de dejar sus países y una vida cómoda para emprender en camino del corazón. Sin pensarlo dos veces, abandonaron la orilla de la seguridad a pesar de estar perfectamente, porque les faltaba una cosa: la aventura, lo desconocido. Las 3, igual que me ocurre a mi, poseen el afán por continuar explorando y desarrollándose lejos del camino trillado.

 

Cada una en su estilo, cada una con su forma de mirar la vida. Pero todas compartimos la rebeldía de no conformarnos con la persecución de unos clichés de felicidad que para nosotras no eran suficientes. Y por eso, a pesar de la diferencia de edad y de culturas (Lucy es inglesa, mientras que Nina y Anastasia son rusas) pudimos encontrarnos en un denominador común de vitalidad y pasión por la vida, reconociéndonos como iguales. Y nos hacíamos de espejo de forma que con cada  destello, agrandábamos un poco más nuestra propia imagen.

surround-yourself

Las 4 tenemos claro que el camino del corazón, es el camino del coraje. De la valentía. El camino de atreverse con la inseguridad. De adentrarse en lo desconocido. Y no hay otra forma posible de vivir para nosotras,que desde la valentía.

 

Sólo que el camino del coraje no es fácil.  Implica vivir en la incertidumbre de los resultados. Los resultados pueden llegar o no. Debes buscarlos, pero sin aferrarte a ellos. Porque lo principal es arriesgar y avanzar luchando por aquello en lo que crees.  Así es como vas descubriendo que el principal logro es la persona en la que te vas convirtiendo al afrontar cada reto. No el resultado. Cuando buscas desesperadamente el resultado, te conviertes en un cazador de seguridad. Y entonces te olvidas de lo esencial, que es la aventura. Ahí te domina la ansiedad y de nuevo estás preso de tus miedos.

 

El camino del coraje te hace valiente porque te niegas a detenerte a causa de tus miedos.  Te hace superarte con cada nueva aventura. Y vas ganando confianza en tus recursos, a base de adentrarte por caminos inexplorados. Antes de saber lo que vas a encontrar o si serás capaz de afrontarlo.  Es un camino donde puedes sentirte VIVO. Y donde a cada paso, te vuelves más humano porque vas conociendo mejor tu propia grandeza y tu propia debilidad.

 

Great people do things

 

Aunque después de aquel verano de 2014 cada una de ellas salió en una dirección, este otoño he recuperado a Anastasia, con la que estoy pudiendo dar largos paseos por el monte que me renuevan y me reconectan conmigo misma. Y ahora, con el regreso de Lucy por unas semanas hasta las Navidades, entiendo como la vida me dice que todo está en orden. Me recuerda que este es el camino correcto. Que no puede haber otro, independientemente de cual sea el resultado. Vuelvo a recuperar esa sabiduría, que casi había olvidado en este año de locos que he tenido. Y sé que tengo por delante unas semanas estupendas en su compañía, recordándome quien soy y el valor de lo que llevo a cabo cada día.  Justo lo que necesitaba para terminar de recuperarme y entrar en plena forma al 2016.

Este guiño, me tranquiliza (con la dulzura que necesito en este punto de mi vida) respecto a esas puertas cerradas: debían sin duda cerrarse para poder avanzar. Y las puertas que no deben cerrarse…simplemente vuelven a abrirse.

Este guiño me habla de que no me preocupe por los resultados. Me anima a seguir caminando con confianza, curiosidad y alegría, disfrutando de la persona que soy y lo que puedo aportar desde ahí a los demás.  Los resultados…¿quién sabe si no llegarán otros incluso más hermosos y que yo no soy capaz siquiera de imaginar?

 

Al fin y al cabo, sé bien que el viaje no es el fin, como reza el hermoso poema de Kavafis . El viaje es el propio camino. Y hace ya mucho que yo he elegido vivir siguiendo el camino del coraje. ¿ Cómo podría dejarlo ahora? Sería como renunciar a mi, a mi persona. A mi vida.

 

¿Lo que me llevo de esta “coincidencia”? Entender que todos necesitamos a veces de estos guiños de la vida, que nos vuelven a recordar el para qué y el cómo en los momentos bajos. Y que nos hacen valorar y celebrar quienes estamos siendo y cómo hemos elegido vivir.

 

 

Y tu: ¿sigues el camino del corazón?

 ¿ qué guiño necesitarías que te hiciera la vida en este momento?

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