No me llames ilusa, porque tengo una ilusión.

una vida de éxito

 

El próximo mes de Noviembre hará 5 años desde que arranqué con mi formación como coach en Madrid, con CTI ( Coachees Training Institute). Nunca podré olvidar la alegre expectación con que me dirigí al Hotel de Alcala Norte donde se impartía el curso.

 

Aunque había escuchado hablar de la inteligencia emocional y el crecimiento personal, para mi eran términos abstractos y lejanos. Por eso, en aquel momento, hicieron falta una serie de carambolas para que yo acabase allí, aunque ahora entienda que no podía ser de otro modo, porque el coaching y yo teníamos que encontrarnos en algún punto del camino, por razones que os explicaré en otro post.

 

Como nos ocurre a casi todas las personas que entramos en contacto con esta modalidad de crecimiento personal, puedo deciros que los cursos fueron para mi impactantes y transformadores. Desde el minuto cero, mi sensación fue de haber aterrizado en el lugar al que yo naturalmente pertenecía. Después de largos años de búsqueda, de pronto me encontré entre personas que compartían conmigo inquietudes, intereses y una forma de estar ante la vida. ¡ Qué emoción más increíble para mi, que me había apuntado a los cursos de forma totalmente inconsciente, guiada un poco por mi pareja que me animó a hacer la prueba y me apoyó en todo momento para lanzarme a algo que para mi estaba lejísimos de mis posibilidades económicas y sobre todo, de las circunstancias vitales que me rodeaban entonces!

 

Me sentí como si me catapultaran a otra dimensión, a otra realidad que yo ni imaginaba que pudiera existir.  Sentada en aquella sala, escuchando hablar a los profesores, en un ambiente completamente distinto al ambiente en que yo me había movido hasta entonces,  fue tal el bienestar y la pertenencia que experimenté que a los 15 minutos de iniciarse el curso, rompí a llorar de felicidad. Y el único pensamiento que daba vueltas en mi mente mientras me caían las lágrimas allí sentada era  “y pensar que por dinero yo iba a quedarme sin haber vivido esto….Estar aquí, haber sido capaz de darme a mi misma esta oportunidad, esto es quererme.”

 

Así empezó el camino de regreso a mi misma y una pasión por el coaching que perdura intacta hoy en día, casi 5 años después. Y eso que muchas cosas han cambiado desde entonces.

 

De todo el grupo, yo fui una de esas personas que tuvimos  claro que queríamos dedicarnos al coaching de forma profesional. Y como precisamente el coaching va de eso; de cambios, de sueños, de nuevos objetivos y de seguir la llamada de tu corazón, yo me monté una maravillosa ilusión de que lo que sería mi vida, siguiendo el camino de hacer del coaching mi profesión. Siguiendo el camino de mi corazón.

 

Para que os hagáis una idea más precisa de la película que me monté, os comparto el dibujo que hice donde reflejaba cómo iban a evolucionar cada una de las áreas de mi vida y cómo esperaba encontrarme en ellas en un futuro.

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Os detallo lo que reflejaba cada una:

 

  • Area profesional: en ella me proyectaba viviendo del coaching, viajando por todo el mundo como formadora (igual que mis profesores de CTI) y ejerciendo de coach internacional.

 

  • Area económica: obviamente, me veía ganando por lo menos el doble o el triple de lo que gano. Y entre los dibujos de sacas de dinero a lo tío Gillito, faltaría la imagen de un descapotable, que es uno de mis sueños recurrentes.

 

  • Area de salud: me gusta mucho comer y cuando acudí a los cursos de Madrid ya estaba bastante rellenita. Además había abandonado durante muchos años el deporte y pensaba que debería regresar al gym. Por eso apunté “gym-si/ comida-menos/ deporte más”.

 

  • Area de Ocio: me encanta leer, algo para lo que apenas dejo tiempo. Y me gustan las exposiciones, los viajes y la música clásica. Así que hice un collage para expresar que mi ocio iba a estar lleno de arte, museos, viajes y lecturas.

 

  • Area de entorno físico: por aquel entonces, vivía con mi madre, pero tenía planes o bien de trasladarme a Madrid a vivir con mi pareja o barajábamos la posibilidad de construirnos una casa en el País Vasco, ya que él era de Bilbao (aunque vivía en Madrid) y yo vivía (y aún resido) en San Sebastian.

 

  • Area pareja/ amor: ni que decir tiene que estaba encantada con mi pareja (al que llamaba cariñosamente “koala”, de ahí la foto). Vamos lo que se dice, coladita y super –ilusionada.

 

  • Area crecimiento personal: ahí incluí un aspecto con el que he soñado largamente: los viajes solidarios a Africa a involucrarme en cuidar gorilas, asistir a niños…otro de mis sueños.

 

  • Area amigos: bueno, pues por ahí me veía todo el día de fiesta en fiesta (me encanta organizar fiestas y eventos) y saliendo al monte los domingos a disfrutar de la naturaleza.

 

Dejé en blanco, entre interrogantes, el área de la familia. No sabía como proyectarla  o qué deseaba , en una familia donde la relación con mis hermanos mayores era casi inexistente, mi hermano el anterior a mi había fallecido hacía apenas un año y la relación con mi madre, con la que convivía, era tensa y no de las más fáciles del mundo.

 

Ya veis. Así iba a ser mi mundo en 10 años.

 

5 años después, miro este mapa de las ilusiones y no es que nada se haya cumplido. Es que aparentemente, ha ido en claro retroceso.

 

Para los que no conocéis mi historia ni mis circunstancias actuales os lo explico. Mi pareja me dejó el primer día de Enero de 2011. O sea, antes incluso de que hubiera completado todos los módulos de la formación. Sigo en el mismo trabajo. Nunca viajé a Africa. Continúo viviendo con mi madre en San Sebastian.  He dejado de organizar fiestas con mis amigos, porque me volqué tanto en el cambio profesional (que todavía no se ha concretado) que me he quedado sin tiempo libre. Y lo mismo me ha ocurrido con el tiempo de ocio: viajo significativamente menos a ver exposiciones y apenas me dejo tiempo de leer o para ir a conciertos. Y mis ahorros en el banco, os aseguro que no han crecido, ya que he continuado formándome como coach, me gasté una pasta en la web, invertí en publicidad….y otros.

 

Y sin embargo te digo: no me llames ilusa, porque tengo una ilusión.

 

Pero ¿todavía la tienes? Te preguntarás después de saber todo esto.

 

Si. Todavía la tengo. Porque aunque a ratos me vence el desánimo y estoy a punto de tirar la toalla y aunque haya momentos en que me siento agotada debido a todas las vueltas que he dado durante estos 5 años sin resultado visible, ha habido otros resultados invisibles, que me hacen pensar que todavía tengo que ver llegar muchas cosas.

 

Y si te he contado toda esta larga y personal historia, no es para que me compadezcas, ni te burles, sino al contrario: es para reivindicar el valor de esos sueños, de esa ilusión  que me trajeron hasta aquí. Porque la ilusión, es ese motor que nos hace ver por medio de la imaginación lo que no existe y una vez visto con claridad, darle existencia por medio de la creatividad. A través de la imaginación se da vida a cosas que antes no existían y eso nos permite ir creando una realidad nueva en la que previamente hemos creído. Así es cómo la sociedad y las personas, avanzan y evolucionan. Y eso es exactamente, lo que yo he hecho.

 

Cierto que yo todavía no he conseguido dar vida a los aspectos externos de ese Planet Cookie donde me veía felizmente instalada. Pero sí que he dado forma a muchísimos aspectos internos propios, como la confianza personal, la fortaleza, el coraje, la determinación, el autoconocimiento y otros, que serán los cimientos de esa vida de éxito que soñaba. Por eso, desde esa profunda transformación interna,  siento que he sembrado las bases que posibilitan que esas ilusiones se cumplan.

 

Por eso hoy reivindico el valor de la ilusión como motor de vida, que nos impulsa a superarnos y evolucionar. Ese espejismo, ese sueño que me movía, por ingenuo que fuera, me impulso a recorrer caminos que de otro modo, nunca me hubiera atrevido a transitar.

 

Esa ilusión y el intento de traer a a mi vida la imagen que me creé, me ha llevado a evolucionar, a exponerme, a atreverme, a explorar. Y me ha llevado a una ardua peregrinación por un camino desconocido: el del descubrimiento de uno mismo. El del descubrimiento de los talentos propios, el de enfrentar los miedos, el de revisar mi autoconcepto, mis creencias respecto a mi misma, mi visión de la vida, mi comprensión del mundo y de las personas que me rodean. ¿Existe algo más vital?

 

Por eso, no me llames ilusa, porque tenga una ilusión. Porque esa ilusión, ese espejismo, me convirtió en la mujer fuerte y profundamente humana que soy hoy. Con plena confianza en sus recursos y sus capacidades. Y con coraje para mostrarse en este foro público con toda su vulnerabilidad. Hoy día, gracias a esa ilusión, me conozco mucho mejor como para poder redefinir ese dibujo desde mi actual concepto de éxito. Con mayor realismo y conformando esa ingenua visión de modo más específico con mis principios y valores. Y puedo contar de forma más fiable con mis propios recursos personales.  

 

Naturalmente, ha sido necesaria una gran autogestión emocional de las propias expectativas para irlas readaptándolas a la realidad.  Algo a lo que no me ha resultado fácil.  Pero el problema, nunca fue la ilusión, sino la ingenuidad. Y sin esa inconsciente ingenuidad, es probable que tampoco hubiera tenido el coraje de hacer todo lo que he llevado a cabo, como me lo demuestran quienes se han quedado sin tener el valor de explorar sus sueños.

 

Así que si miro esa “rueda” de mi planeta hoy en día, aunque en lo externo parezca haber retrocedido, en lo interno, ha habido avances increíbles.

 

La ilusión me trajo hasta aquí, mis cualidades personales actuales que he ido forjando por el camino; me llevarán el resto del camino.

 

Quizás para ti haya sido diferente. No necesitaste de ilusiones ni sueños para llegar hasta aquí. Quizás no fuiste nunca ingenuo/ ni soñado/a, sino pragmático/ y realista. Pero este ha sido mi camino y por haberme atrevido a recorrerlo, hoy me siento orgullosa, fuerte, una gran persona y una gran profesional y me celebro.

 

Así que ya lo sabes: no me llames ilusa, porque tengo una ilusión.

Y  me despido de vosotros con música, para darle un poco de alegría y humor a esta historia de la princesa del Planet Cookie.

 

No me llames iluso, porque tengo una ilusión. 

 

 

¡Hola! Soy María Díez Coach y con mi blog ofrezco un espacio de encuentro vital, reflexión y aprendizaje para personas comprometidas con su superación personal, familiar y laboral.

En él encontraras herramientas de inteligencia emocional para superar los obstáculos cotidianos y construirte una vida llena de fuerza, confianza y pasión. Una vida  a tu medida, que sientas que merece la pena vivir.

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4 comentarios en “No me llames ilusa, porque tengo una ilusión.

  1. María! Gracias por este post: hoy necesitaba algo así! Y me levanto el culo para ir avanzando, aunque a pasitos pequenitos, pero hacia mis sueños!!!
    Y te felicito a ti por ser como eres: una persona íntegra, sí,- humana, con fuerza, ilusión, y Guapa (por dentro y por fuera)!!!
    Muchos besos y a seguir adelante!!!

  2. Estoy de acuerdo María. La ilusión por sí misma es lo que nos hace ser felices, el disfrutar del camino, del esfuerzo, del trabajo por sí mismo; independientemente de que el resultado no sea el apetecido. El que pierde el partido gana mucho más que todos los que no se atrevieron a jugarlo. Claro que, para estar satisfecho en la derrota hay que madurar mucho.

    Pero yo no creo que hayas ido para atrás en todos las parcelas de tu tarta; aunque eso ya es una cosa personal.

    • Gracias Ramón!! Me encanta esa frase de “El que pierde el partido gana mucho más que todos los que no se atrevieron a jugarlo.” ¡¡¡Ojalá podamos mantener siempre viva la ilusión! ¡ Por cierto, yo tampoco creo que realmente haya retrocedido, aunque externamente pueda parecer que si. ¡Ya tocará hablar de eso! ¡ Y te deseo que estés lleno de ilusiones!!!

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