La monotonía: 5 aspectos de tu carácter que te aprisionan y te alejan de la felicidad.

muro invisible
La monotonía vuelve opaca nuestra vida.

La semana pasada expuse mi visión sobre la rutina. Diferencié como a pesar de tener muchos aspectos positivos para nuestra salud emocional (seguridad, estabilidad, vinculación con el futuro), también puede acarrear aspectos muy tóxicos.  Tanto, que clasifiqué la rutina entre los inhibidores de felicidad. Hoy lo corrijo: es “la rutina del alma” el verdadero inhibidor de felicidad. Y la “rutina del alma”, tiene nombre propio: MONOTONIA.

 

La monotonía es  un problema muy de nuestros tiempos. Vidas protegidas, repetitivas hasta la saciedad, cerradas al soplo fresco del intercambio. Donde para bien y para mal, la novedad y lo “diferente” se vive como una amenaza. Sin apenas estímulos, ni posibilidad de transformaciones, para las personas que viven atrapadas en la monotonía,  el paisaje cotidiano que las rodea se pinta de gris, gris y más gris hasta que acaba sumiendo al corazón en una larga noche sin esperanza.

 

Así me sentí yo durante muchos años: mi corazón soñaba con cosas fantásticas que habrían de ocurrir, llena de idealizaciones, mientras mi vida cotidiana se desarrollaba presa en un cubículo cuyos muros de cristal  sólo existían en mi cabeza. Seguro que algunos de vosotros, sabéis de qué hablo.

 

Pero ¿Qué se oculta detrás de la monotonía? ¿Por qué nos dejamos atrapar por ella?

 

La respuesta es más sencilla de lo que parece: la monotonía surge en nuestras vidas, no por la repetición cotidiana de hábitos, sino como reflejo de nuestra propia cerrazón mental ante la vida. Es en su origen, nuestra alma triste  que repite acciones carentes de sentido y de pasión, la que nos acaba llevando a tener vidas monótonas  y no al contrario. Puedes pasar 4 veces al día por el mismo lugar y maravillarte a cada una de ellas.  O regresar de un viaje increíble y a los dos días volver a estar atrapado en el sentimiento de vacío y hastío natural de las vidas monótonas. Son determinados aspectos de nuestro carácter y nuestra forma de estar en la vida los que nos acaban arrastrando a la monotonía.

 

Por eso, aunque culpamos a nuestras vidas rutinarias de nuestras desgracias, que la rutina derive en monotonía es sólo cuestión de actitud personal. Y por desgracia, en nuestra sociedad, resulta particularmente  fácil traspasar la delgada línea divisoria que las separa. En el trabajo, en la relación de pareja y  en nuestras amistades. Una sociedad visceral de consumo como la nuestra,  donde se anteponen las cosas y las experiencias a las personas, nos desconecta absolutamente de nosotros mismos, de nuestra pasión vital. No hay campo más  fértil para que germine esta triste conducta que tanto nos aparta de la felicidad y el bienestar y acaba cubriendo con su manto gris nuestras vidas.

 

Para entenderlo mejor, os voy a enumerar algunos ejemplos de conductas personales que son el mejor abono para que surja esa  monotonía del alma de la que os hablo. Algunas de ellas las tuve yo. Otras se las veo a muchas personas que me rodean.

 

  • Comer el mismo tipo de comida toda la vida; evitar probar platos nuevos de gustos exóticos, limitándose a los platos “tradicionales” con frases como “yo no como pescado crudo” “en ningún sitio se come como aquí” “yo siempre pido este vino” o “donde haya un buen chuletón que se quite el resto”.  ¿Te suena? Pues vamos a llamarle por su nombre: la resistencia a probar cosas nuevas, ya sea comidas o formas de hacer las cosas, no es otra cosa que rigidez.
  • Rehusar oír opiniones e ideas que no se comparten. O ridiculizar el punto de vista de la otra persona apenas sea posible. O mostrarse “horrorizado” ante la idea de que alguien pueda “pensar así”.  Un método excelente para evadirse de lo diferente, de lo que resulta “desconocido”.
  •  Relacionarse sólo con personas que son “de la misma cuerda. O mantener toda la vida un grupo de amigos, aunque no sean los que te estimulan, porque te asusta el “que dirán” si buscas gente diferente que represente visiones nuevas.
  • Desechar e incluso despreciar ciertos tipo de actividades sin haberlas probado jamás. Meter en un saco a todos los que practican cosas que juzgamos como “raras” sin arriesgarse a probar nuevas experiencias.
  • Mantener una relación de pareja que no funciona por temor a la soledad. Pensar en general que más vale “malo conocido que bueno por conocer”.
  • Etiquetar a las personas. Juzgarlas y opinar sobre ellas sin haber hablado con ellas ni conocerlas.
  • Quedarse en el mismo trabajo totalmente desmotivado y apático, por miedo a la gran incógnita que significa un nuevo trabajo, o porque es en lo que uno se siente “seguro de saber hacerlo”.

 

Esa es la monotonía del alma, que acabará impregnando tu vida de insatisfacción: vivir encerrándose en conductas que empobrecen nuestra vida y nos hacen repetir el pasado, sin posibilidad de crecer ni desarrollarnos.

Analizando  qué subyace bajo esas actitudes, seguro que muchos de vosotros lo tenéis claro. Los denominadores comunes de lo que se esconde tras ese  “hacer siempre igual las cosas y mantener patrones de pensamiento sin revisarlos” son:

–          La rigidez: vivir sujeto a creencias, sin siquiera cuestionarlas.

–          Los prejuicios: que derivan de la propia rigidez. El prejuicio nos protege, ya que es más fácil quedarse con lo conocido, que esforzarse en adaptarse y atreverse a explorar aquello que no conocemos.

–          El miedo a lo desconocido, que viene originado por la falta de seguridad. Yo anhelaba algo desconocido, pero en el fondo, nunca lo dejaba entrar en mi vida.

–          Necesidad de seguridad: que viene originada por la falta de confianza en uno mismo y en la capacidad personal para hacer frente a cualquier situación que venga.

–          Parálisis; que se nutre de todos los anteriores y así, el círculo vuelve a empezar.

 

Esas son las cualidades de carácter que se suele desembocar en la monotonía. La vida monótona sirve de parapeto para no moverse, no cambiar, no cuestionarse nada ni evolucionar. Todo es previsible, todo está bajo control. Y por esa razón, aunque a veces no se lleve una vida monótona en lo externo, sí que se siente como tal en lo interno.

 

Es, como comentaba antes, una caja de cristal, donde sólo uno mismo ve la barrera que le separa de su felicidad.  Pero si hacemos un ejercicio de honestidad, entenderemos que esa barrera es un parapeto mental que creamos para no entrar en el tumultuoso río de la vida. Lo irónico es que las personas con vidas monótonas no ansían otra cosa que un acontecimiento que les saque de la caja donde ellos mismos se han metido. Y de tanto vivir en la caja, llegan a olvidar que cómo nos sentimos en nuestra vida, es una opción personal.

 

 

Y tu: ¿Llevas una vida monótona en algún aspecto? ¿Estás rodeado de personas monótonas?

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1 comentario en “La monotonía: 5 aspectos de tu carácter que te aprisionan y te alejan de la felicidad.

  1. “Lo irónico es que las personas con vidas monótonas no ansían otra cosa que un acontecimiento que les saque de la caja donde ellos mismos se han metido” ¡Me chifla, María!
    Solo entendemos lo que vivimos, y yo por eso me considero una vividora. Pruebo y lo que no vibra conmigo lo alejo de mi vida. Ahora parece que lo llaman PASIÓN !!
    Yo simplemente sigo los pasos de mis “estimuladores emocionales” que me dicen ¡no te creas nada! Pruébalo y siéntelo.
    A ver si se animan los lectores … con la Acción (y la Alegría) 🙂
    Nosotras a lo nuestro, María.

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