La doble cara de las quejas

la queja es una forma de protesta
la queja es una forma de protesta

 

Quizás tengas a alguien cerca que se pase el día quejándose y hablando de lo que no les va bien. Quizás seas tu misma quien se queja con frecuencia, sintiendo que sufres más desgracias que nadie.

 

La queja, cuando está justificada es una protesta saludable que permite detectar aquello que no funciona y poner en marcha un cambio para mejorarlo. Pero cuando se convierte en habitual, acaba creando malestar en las personas que rodean al quejumbroso. ¿De dónde viene tanta queja? ¿ será ser el disfraz de una violencia escondida?

 

En el caso de la queja femenina, manifiesta generalmente el malestar y la violencia que se encuentran acallados en una rutina de lo doméstico. Es una forma de llamar la atención por no prestar atención a las necesidades propias, y anteponer las necesidades de todos los demás a las nuestras. La dificultad de hallar modos alternativos que nos permitan modificar una vida que no es de nuestro gusto y repercute en una sensación de opresión se manifiesta en modo de quejas. La queja es en este caso, una forma de contraviolencia socialmente aceptada.

 

El problema es que la queja permanente mantiene a la persona en una posición infantil y pasiva, no permitiéndole cambiar ni evolucionar.

 

En estos casos, la queja se utiliza como refugio o zona de seguridad para no enfrentarse a lo que resulta difícil cambiar.  Aunque se usa para reclamar atención sobre lo que pasa, en la queja permanente se convierte en el recurso de personas demandantes e infantiles que esperan que otros les resuelvan la vida. Los quejitas insatisfechos esperan que alguien con “mas poder” les “arregle el mundo”, ya que se sienten débiles y sin recursos para enfrentarse a sus circunstancias. Son como niños que piden algo a sus padres, manteniéndose en una posición de  irresponsabilidad frente a sus vidas y sin posibilidad de evolucionar y crecer como personas.

 

También es una manera de defenderse frente a la incapacidad de poner límites a los demás. Así uno se queja para que no le exijan más.

 

Texto original de Isabel Menéndez psicóloga, adaptado por María Díez Coach.

 

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