Igual pero diferente; tras la tormenta.

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Buenas.  ¿Cómo estás? ¿Cómo te encuentras?

 

Nos acercamos ya al meridiano de otra semana que vuela y cuesta creer que ¡ya sólo faltan 16 días para que se acabe el año! ¿Cómo lo llevas?

 

¡A mi  me da vértigo pensarlo! Y eso que este 2015 me ha resultado complicado por todo el movimiento que he tenido de mis “placas tectónicas” emocionales, así que por una parte, deseo cerrar este ciclo.

 

Pero por otra parte ya han pasado 2 de los 3 meses de la reducción de jornada que me han concedido. En Enero se acabó lo bueno y sin embargo ¡me parece que fue ayer cuando empecé a trabajar menos horas! Entre tu y yo; no llevo nada bien esto de que se acabe tan pronto. Pero así son las cosas. Y aunque no me haga gracia, soy consciente de que he sido una privilegiada pudiendo disfrutar de estas semanas con más tiempo para mi misma, para mis amigos y mi familia. Finalmente, no me he centrado tanto en mi proyecto como en pasar tiempo conmigo y los míos. Soy de las que creo que las relaciones, a pesar de que existan buenos vínculos, si no se riegan un mínimo, acaban como las plantas cuando les falta agua: o muertas o mutadas en cactus llenos de espinas. Y la verdad es que yo he tenido muy “abandonadas” y faltas de “mimo” las mías. Empezando por la relación conmigo misma.

 

Ahora,  gracias a ese tiempo libre, estoy cerrando el 2016 “al alza”. Un final de año increíble, lleno de “regalos” en forma de momentos para la confortar el corazón cuando “vengan mal dadas”. Y las semanas que faltan también prometen. Me imagino que para ti, igual que para mí, esta es la época más movida del año a nivel social. ¡Todos parecemos volvernos locos y querer quedar antes de las Navidades y el fin de año!

 

Además, para mi, que me encanta el movimiento,  he tenido la suerte de no “parar” estos últimos fines de semana. En Noviembre me tocó de nuevo Barcelona,  para la última formación de este 2015 del increíble programa de coaching para conflictos y dinámicas de las relaciones EED.  Barcelona, tan estupenda como siempre. Y ahora que la voy conociendo un poquito, cada vez la disfruto más y le saco chispas a esas 24 horas que me cojo libres para disfrutar de la ciudad.

 

También me escapé a Alceda, en Cantabria. Al fantástico balneario del mismo nombre, para que mi madre tomase las aguas. Buena cocina y un entorno otoñal bellísimo enclavado en los valles pasiegos. El balneario es un edificio renovado pero con sabor antiguo, con una atención excelente y a muy buen precio por ser final de temporada. De los mejores que he visitado y eso que ya llevo unos cuantos.

 

Una experiencia totalmente recomendable, muy en el estilo de “La montaña mágica” de Tomas Mann.
Una experiencia totalmente recomendable, muy en el estilo de “La montaña mágica” de Tomas Mann.

 

Y la semana pasada,  Madrid…. ¡De nuevo! La siempre vibrante capital por la cual tengo locura, donde he pasado 4 días tranquilos y muy hermosos, también con mi madre que ya ha ganado en movilidad y pudo patear colgada de mi brazo Embajadores, Lavapiés, el Prado…y como no….¡el rastro y Primark! Je, je, je.

 

Así que aunque me quedo con pena, estas Navidades no bajaré a Sevilla a visitar a mi hermano.  No es que no me tiente, porque ya me imagino la sensación de conducir y conducir tirando millas por la espectacular geografía que tenemos en nuestro país, pero todo no se puede.

 

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En cualquier caso, lo importante de todo esto es que me siento ya recuperada al 98%.

 

Aunque todavía se cruza en mi mente algún fogonazo de esa tristeza que he estado arrastrando, fruto de no ver mis esfuerzos de estos últimos años recompensados a nivel profesional como a mi me hubiera gustado, cada vez son menos y no duran mucho. En general me encuentro llena de una profunda serenidad y una fortaleza llena de curiosidad. Definitivamente, parece que la tormenta que me acompañó esta primavera y este verano ha pasado. Y como dicen estas bellas palabras de Murakami: algo ha cambiado en mí esa tormenta.

 

la tormenta

 

Lo sentí mientras conducía por la autovía de Cantabria, ya de anochecida, mientras rebasaba la localidad de Laredo, disfrutando de las luces que delimitan su hermosa playa en forma de concha. Si tienes la suerte de conocerla, sabrás que es una autovía maravillosa, con unos sube-baja como de Dragon Khan, donde se abren como por ráfagas, increíbles imágenes de la costa cántabra. Un auténtico disfrute para los sentidos si te gusta conducir como a mí. Me acordé entonces de la última vez que pasé por allí, camino de Galicia durante mis vacaciones de Septiembre. De cómo paramos precisamente en Laredo a comer y mientras mi madre dormitaba al borde de la playa, yo lloraba silenciosa bajo el sol (ver más aquí).

 

Y lo he sentido de nuevo en Madrid. Mientras miraba caer la tarde sobre los tejados desde la octava planta del fantástico edificio de La Prensa en Gran Vía. O al pasear bajo el sol invernar por Embajadores o bajo las luces de Navidad por Recoletos. ¿Recordáis como lloraba este mes de Abril en la Plaza Mayor, saber muy bien por qué, delante de mi “relaxing cup”, presa de unos miedos que ni yo misma conocía? ( ver más aquí)

 

Pues ya no ha habido llantos, ni hay miedos, ni desgarro. De hecho, en periodos como este, ni puedo entender lo que es sentir miedo, tan lejos queda de mi corazón.

 

Si. Algo ha cambiado en mí esta tormenta emocional, pero no sé identificarlo, ponerle palabras.  Sólo siento como si me hubiese dejado vacía de expectativas y deseos. Huérfana de rumbo.

 

Una sensación extraña. Durante los 5 últimos años he tenido muy claro hacia dónde iba, adónde quería dirigirme. Y he desarrollado una frenética actividad tipo “rat race” para acercarme a ese ideal, a ese sueño. Y ahora, de pronto, es como si todo eso hubiera perdido importancia y formase parte de una vida pasada.

 

Estos días pasados en  Madrid,  he recordado vívidamente a la María que allí se forjó hace 5 años cuando arranqué con el coaching ( ver más aquí)  y resulta que he sentido que todo aquello ha quedado de golpe muy, muy lejos.

Deduzco que como mi contexto externo no ha cambiado, parecía que nada cambiaba.

Y de lo revolcada que he ido por la ola del día a día, no he tenido perspectiva para darme cuenta de hacia donde me ha llevado esa misma ola.  Ahora que he podido escupir el agua que he tragado y sacudirme un poco la arena, miro hacia atrás y siento que aunque muchas cosas sigan iguales, muchas otras son diferentes. Pensando en esa María de hace 5 años, reconozco en mi muchas de sus cualidades y características. Pero no puedo ya identificarme con aquella chica a la que veo ahora casi como una niña, llena de afanes y anhelos por afirmar su independencia y conquistar una autonomía y una confianza  personal de la que aún carecía.

 

Supongo que es esa parte de María, la que se ha llevado la tormenta.

 

5 años separan estas dos imagenes...¿ podeis reconocerme en una y en otra?
5 años separan estas dos imagenes…¿ podeis reconocerme en una y en otra?

 

Es como si me hubiera ocurrido igual que lo que expliqué aquí que les ocurría a los cangrejos con los cambios: de pronto, el caparazón anterior se queda pequeño y se rompe. Y un caparazón nuevo empieza a consolidarse a tu alrededor.

 

Quiero creer que estoy en ese proceso de tránsito, porque la verdad es que me siento un poco desnuda. Con la piel al aire. Tranquila, pero con un punto de desasosiego ante la incertidumbre de qué resultará de todo esto. Porque algo me dice que he atravesado un punto de inflexión, de no retorno.

 

Cierto. Me inquieta levemente el hecho de sentir que me he quedado de algún modo sin los viejos sueños, sin las viejas ilusiones. Y entiendo que de algún modo, se habían convertido en una identidad con la que era fácil y cómodo ir “vestido”. Se habían convertido en una “zona de confort”.  Y por eso mismo, no me permitían ya seguir evolucionando. Así que ahora toca el reto de crear nuevas ilusiones más conformes a quien soy después de esta travesía.

 

También me inquieta no tener confianza suficiente para aceptar lo que la vida me ponga delante y disfrutar hacia dónde me lleve. Porque una de las cosas que he aprendido en este viaje, es que ese “happismo” de creer que  podemos dirigir nuestra vida según nuestros deseos,  es un poco “infantil”.  Por supuesto que nosotros podemos marcar un rumbo y jugar lo mejor posible las cartas que nos han dado. Podemos, y debemos. Y cierto que la travesía será tanto más plena y rica cuanto más nos conozcamos. Pero no nos engañemos: al final, la que elige es ella: la propia vida.

 

Porque por encima de la independencia, está la interdependencia. Y la felicidad, por mucho que ahora venda el “sé feliz, es lo único que importa”,  no puede ser un valor superior a otros, como por ejemplo, la congruencia o el amor.

 

Y según lo redacto, comprendo que esas lecciones son parte de lo que necesitaba aprender para una nueva etapa. Eran parte del aprendizaje  necesario para continuar evolucionando, si no quiero quedarme al margen de mi misma, como tan bellamente expresa Pessoa.

 

la travesia pessoa

 

 

Tan claro como que intuyo que el siguiente paso va a ser aprender a fascinarme y maravillarme con la circunstancia de que en esa incertidumbre está el prodigio de la vida.

 

No, no ha sido un año fácil. Nos guste o no, crecer duele. Crecer produce incomodidad, supone exponerse, arriesgar, salir de la zona de confort. Crecer supone auto-cuestionarse continuamente: atravesar una y otra vez tormentas.

 

Y una vez se sale de ellas, queda el esfuerzo de reubicarse, como me está tocando en estas semanas. Toca preguntarse ¿cuales son ahora mis expectativas, mis sueños? ¿Qué es importante para mí ahora? ¿En qué medida ha evolucionado mi concepto del éxito? ¿Estaré preparada para lo que la vida me está pidiendo si la miro desde mis valores?

 

Ya ves. Esto es lo que me ha quedado tras la tormenta: muchas preguntas, que me va a tocar responderme a lo largo de este próximo año. Y la sensación de que todo es igual, pero diferente.

 

Y tú: ¿cómo lo ves?

¿Te ha ocurrido a ti alguna vez algo parecido?

Estaré encantada si lo compartes en los comentarios.

 

Que tengas un gran día.

 

¡Hola! Soy María Díez Coach y con mi blog ofrezco un espacio de encuentro vital, reflexión y aprendizaje para personas comprometidas con su superación personal, familiar y laboral.

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3 comentarios en “Igual pero diferente; tras la tormenta.

  1. Pues si te entiendo plenamente, yo estoy en una de esas etapas que sabes que algo esta cambiando y te da miedo, angustia por que hasta ahora era lo que dirigía tu vida….toca cambiar plantearse otras cosas, pero don difíciles….espero que me vaya bien…besos

  2. En medio de la tormenta me encuentro ahora mismo,sin tener idea de lo que está pasando a mi alrededor y que ,sin embargo,está afectando a todo mi entorno.
    Entiendo ahora a los que han de hacer frente a acusaciones falsas,desde scam,identity theft,y demas… Y ,sí,nunca volveré a ser como antes,porque esta situación me está transformando. Ni tanta confianza ni tanto happismo.
    Eso sí,firme ante los que me han usado en su juego de tronos para una venganza personal.
    Investigada,expuesta,… Sólo se que si en algo me he equivocado,sólo puedo decir lo siento y gracias por la lección.
    Un saludo.

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