Florecer en invierno: ¿ será porque me amo?

 

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A veces los demás nos dicen dónde estamos, antes de que nosotros mismos nos demos cuenta. Creo que este ha sido mi caso, ya que desde que empezó el año, llevo escuchados ya bastantes: “qué bien se te ve” “qué bien se te nota”, “qué bien suenas” “qué bien se te siente”.

De todas esas expresiones, la que más me gusta es sin duda la última: qué bien se te siente. Porque aunque parezca que no se lleva sentirse bien y  feliz, así es como me siento cada día.

Lo triste es que tras esa afirmación, muchas personas han añadido inmediatamente: “¿qué te ha pasado? ¿te ha tocado la lotería?  ¿has cambiado de trabajo? ¿tienes muchos clientes? ¿estás enamorada o te has echado un noviete? ” Y califico de tristes esas coletillas, porque todas esas preguntas tienen un denominador común: la creencia de que para estar bien con nosotros mismos, necesitamos algún acontecimiento externo “especial”.

¡Cuantas oportunidades para construir nuestra felicidad interna día a día nos resta esa idea!  Está tan extendida en nuestra sociedad, la tenemos tan interiorizada, que ni nos la cuestionamos.

" Después de haber buscado durante mucho tiempo la felicidad te das cuenta de que la tenías en la puerta de tu casa"- Proverbio africano.
” Después de haber buscado durante mucho tiempo la felicidad te das cuenta de que la tenías en la puerta de tu casa”- Proverbio africano.

 

Debo confesaros que no soy tan rara como para no desear que me ocurran algunas de las cosas anteriores. Pero de momento, no han ocurrido. Y sin embargo, es cierto que desde que empezó este año estoy viviendo una etapa de plenitud personal que me está llevando a florecer en pleno invierno, como esos árboles a los que el rigor del frío cubre de flores sus ramas vacías de hojas.  Es un sentimiento nuevo, muy íntimo y bonito. Y la palabra que más se le ajusta, es que siento AMOR. Un amor infinito y tierno por esa persona tan cercana a mi que no era capaz de verla, de descubrirla. Una persona que me acompaña en cada momento, que siento fiel, buscando  darme su mejor versión: YO MISMA.

Si. Si en muchas ocasiones he podido sentirme enamorada de la vida, ahora me siento enamorada de mí. Y os aseguro que faltan palabras para describir toda la alegría, la paz y la felicidad que eso me produce.

 

Que nadie se confunda por favor. No estoy hablando de un arrebato absurdo de egolatría o vanidad. Sino de la culminación de un proceso de conquista de actitudes personales internas que me hacen sentirme bella más allá de lo externo.

 

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No ha sido un camino fácil. En post anteriores os he descrito que ha sido un largo viaje de casi 11 años.

 

De hecho, en la primera etapa, las cualidades que busqué adoptar, estaban más encaminadas a buscar la aceptación y la seducción de los demás, que la mía propia.

 

Un gran error. Poner el foco fuera. Pero como fui autodidacta,  no supe hasta mucho más tarde, que todo lo que merece la pena en el crecimiento personal va “de dentro hacia fuera”. Por lo cual, me pasé muchos años mejorando, pero mejorando desde la dependencia de la mirada externa. Hicieron falta dos relaciones sentimentales que me dejaron “de rodillas y con el corazón en los huesos”, (como diría Sabina) para entender que esa mirada de fascinación, debía estar lo primero, volcada en mi.

Nada ocurre en balde. Si esas relaciones no me trajeron lo que deseaba, sí me trajeron lo que más necesitaba. Así suele funcionar la vida. Por eso, con la segunda de ellas, me llegó el coaching. Una herramienta de desarrollo interior que poco a poco, me llevó a cambiar el foco y alumbrar hacia adentro. Porque de eso se trata en el fondo un proceso de coaching: de un viaje de autodescubrimiento que nos permite encontrar nuestro potencial, nuestras cualidades más íntimas y  sacarlas  a la luz, a través de las acciones que llevamos a cabo para alcanzar unas metas u objetivos.

 

 

" Nunca es lo externo. Siempre eres tu."
” Nunca es lo externo. Siempre eres tu.”

 

Así que ahí comenzó otro largo proceso: ¿qué cualidades aspiraba a tener para sentirme fascinante a mis propios ojos? ¿O dicho de otro modo; qué me haría enamorarme de mi? ¿Cual era o iba a ser mi belleza interior?

 

La belleza puede quedarse en algo externo, pero posee una vertiente interior que se manifiesta en el actuar de cada día. Es una actitud, un conjunto de valores y actitudes éticas que podemos conquistar y  forjar. Esto depende de nosotros. Está en nuestra voluntad. Descubrir y construir nuestra belleza interior es algo fundamental para estar bien con nosotros mismos.  Y conocerla, nos genera confianza en nuestro potencial.

Eso es amarse a uno mismo. Eso es autoestima.

¿Qué me ha hecho florecer este invierno? Sin duda que estoy viviendo plenamente ese amor por mi misma. Que estoy instalada en mi belleza interior.

Y no nos engañemos: una belleza corpórea, unos rasgos armoniosos, conseguidos a golpe de dinero o bisturí, pueden resultar inicialmente llamativos, pero totalmente vacíos y planos si no van acompañados de un encanto que irradia del interior. Lo que nos hace realmente atractivos a los ojos de los demás es nuestro conjunto de valores y actitudes éticas, que se reflejan en las mil y una situaciones cotidianas: en nuestra alegría al sonreír agradecidos bajo los rayos del sol, o  en nuestra ternura al ver jugar a un niño, o en nuestra delicadeza al conmovernos con las primeras flores. O en nuestra capacidad para entregarnos a la vida, en nuestra generosidad con los más desfavorecidos o en nuestra integridad a la hora de actuar entre otros. Esas cualidades que tiene más que ver con actitudes éticas y amables que con unas medidas perfectas.

 

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Y así me siento yo, ahora. Libre del peso de la mirada externa, infinita en el amor de mi mirada interna. Nadie puede dictarme cual es mi belleza moral: esa la elijo yo, depende de mi voluntad, no del físico, las modas o el dinero. No necesito aprobación externa, ya tengo la mía, que es la más difícil de conseguir.

 

Y esa belleza es la que nos enamora de nosotros mismos y nos llena de amor. Y es a la larga, la que conquista de forma permanente. Entre otras razones, porque no disminuye con los años. Al contrario, suele ir en aumento dejando por donde pasa, una estela difícil del olvidar.

 

No sé lo que durará esta etapa. Quizás este sentimiento sea tan efímero como una floración invernal. Pero el haberlo experimentado, aunque sea de forma puntual, es algo que sin duda, transformará mi manera de relacionarme conmigo mismo y con la vida.

 

Y tu: ¿Qué haces para florecer en invierno?

¿Qué cualidades te enamoran de ti?

 

Soy María Díez Coach y con mi blog ofrezco un espacio de encuentro vital, reflexión y aprendizaje para personas comprometidas con su superación personal, familiar y laboral.

En él encontraras herramientas de inteligencia emocional para superar los obstáculos cotidianos y construirte una vida llena de fuerza, confianza y pasión. Una vida  a tu medida, que sientas que merece la pena vivir.

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4 comentarios en “Florecer en invierno: ¿ será porque me amo?

  1. Sí, María,eres una Flor muy bonita.¡Florecer siempre!Yo también sólo hace unos años llegué a ello y sigo aprendiendo: “Lo primero: quererte a ti misma y estar bien contigo misma, así los de tu alrededor también estarán bien. Y saber decir “no, hasta ahí” a la gente que no te aporta nada positivo (antes lo haría por compromiso, por pena…).
    Los problemas siempre habrá (y si no, los inventamos… jjjj…Bromaaa)
    María:¡Que pases feliz día!
    Un beso
    P.D.Envíame, por favor, el enlace para inscribirme en tu página.

    • Gracias Anna!¡ Florecer siempre, eso es! Florecer desde el amor a nosotras mismas y sabiendo poner límites a personas, a situaciones…que continúes así, alegrándonos con tus flores. Y sé que todavía tienes muchos capullos que no se han abierto para que los veamos.

  2. El amor intenso es el que se gana con esfuerzo ¡Hay que sudar!
    Pero cuando se consiguen una vez, se conoce el camino para repetir cuando lo necesitamos más intensamente.
    Una de las propuestas de Victor Kuppers (hablando de plantas) es que el Amor es como una planta: hay que cuidarlo todos los días. ¡Y lleva su trabajo!
    Pero cuando la planta florece es mucho más sencillo cuidarla ¡Sus flores te cautivan!
    Me alegro mucho de tu nuevo AMOR porque es eterno.

    • Totalmente de acuerdo en todo Ana. ¡Nada llega sin esfuerzo! Y eso es lo que lo hace, si cabe, aún más valioso. Conocía la metáfora de Victor Kuppers con su planta, es muy buena e ilustrativa. Me quedo con tu frase “cuando se consigue una vez, se conoce el camino para repetir cuando lo necesitamos más intensamente”. Precisa y llena de esperanza. Gracias Ana!

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