Esos esqueletos que guardamos en el armario

Closet Skeletons
¡Hola! ¡Estamos aquí para recordarte quien eres!

 

Aprovecho que esta Semana Santa me ha tocado hacer “limpieza y reestructuración emocional” para traeros un tema que a todos nos afecta o nos ha afectado en un momento de nuestras vidas: el de los esqueletos que metemos en un armario. Aunque supongo que todos sabéis a qué me refiero (todavía no conozco a nadie que no haya tenido al menos uno) vamos a revisar este curioso fenómeno emocional, que bien merece al menos un post o incluso dos, por la relación directa que guarda con un aspecto tan importante como es el de nuestra autoestima.

 

Pero: ¿Qué son y cómo se originan estos esqueletos?

 

Los esqueletos del armario suelen originarse como consecuencia de esconder un cadáver. Esto es muy obvio. Pero ¿qué cadáver? “si yo no he matado a nadie”, os diréis. Bueno, es que los fenómenos emocionales son muy perversos…El cadáver suele ser el resultado de una relación o una situación no resuelta. La aparcamos y la dejamos de lado, con la esperanza de que el paso del tiempo o el azar de la vida la resuelva por nosotros. Ese es el cadáver.

 

Ese cadáver, con el paso del tiempo, pierde su materia blanda: el dolor agudo, la rabia feroz, la profunda tristeza,  la culpa desgarradora o la tremenda impotencia que nos causaba. Pero el hecho que nos llevó a esa situación, que nos hizo tomar esa decisión que sabemos  injusta o errónea o sacar de nuestra vida a una persona sin aparente motivo, o tener una actitud despreciable o inmoral o el sentir que hemos  hecho daño a alguien, no se ha reparado. La carne y su hediondo olor desaparecen, pero los huesos quedan, porque no podemos escondernos de nosotros mismos.

 

Los esqueletos del armario, suelen tener más  que ver con situaciones que hemos provocado nosotros mismos y con nuestra propia autopercepción,  que con situaciones que nos han “creado” los demás.

 

Apartamos esa parte oscura, escondemos los huesos y esperamos que se queden tan tranquilos, sin darnos la lata. Pero la vida no funciona así. Porque ese esqueleto que tan calladito y sensato parece al principio, al cabo de un tiempo empieza a darnos guerra. Se aburre del armario y pide trastear. Quiere que le dejemos salir, que le llevemos a pasear. Que le demos de comer, de fumar. Empieza con que quiere jugar a las cartas, ver el futbol y gastar con la tarjeta de crédito. Vamos, que empieza a patalear cuando menos lo esperamos, pidiendo que le prestemos atención.

esqueleto travieso

 

Y nos castiga con una sensación de  culpa o una emoción de rabia, tristeza u hostilidad, que nos sorprende de vez en cuando (y casi siempre en los momentos más inoportunos)  lastrando  nuestras vidas. Nuestro esqueleto determina de algún modo quienes somos, marca nuestro auto-concepto y nuestra autoestima.  El nos hace presente que aunque nadie lo sepa, en el fondo, no somos tan buenas personas. Nos hacen sentir que, podemos volver a causar daño, como una vez lo hicimos. O que somos incoherentes, injustos, indignos y poco fiables. Nos  llena de vergüenza y culpa,  haciéndonos comportarnos de forma incongruente y absurda, para que nadie descubra nuestro secreto.  ¿Te suena?

 

Y digo casi siempre, porque en ocasiones, ocurre algo tan curioso como que en vez de esconderlo, nos hacemos amigos del esqueleto. Nos parece que nos da prestigio tenerlo y vamos con él a todas partes, mostrándolo sin ningún pudor.

 

¿Que no te lo crees?

 

Piensa sino en ese chico con el que pensabas que ibas a ligar, que a la primera de cambio te empieza a hablar de lo mala que era su ex novia. O lo que es peor, en el que no estando ya con su mujer (porque él la engaño y ella le mandó a paseo) no para de hablarte de lo maravillosa que era su esposa. O  en esa amiga que todavía no ha superado la separación de su marido, aunque fue ella quien le dejo y vuelve loca a su actual pareja metiéndolo de continuo en la relación. O la suegra que sólo te habla de lo encantadores que son  esos hijos que nunca la llaman ni la visitan, mientras tú estás presente en su vida cada día. Por no hablar de los jefes que no paran de alabar a empleados que ya no están con ellos (porque prefirieron marcharse hartos de unas pésimas condiciones) o a los que incluso, ellos mismos despidieron.

 

¿Cómo te sientes con personas así?

 

Todos esos, son ejemplos de personas que se han hecho amigos de su esqueleto. Pasean con él colgado del cuello o cogido de la mano. No entienden que en general, al resto, su esqueleto nos da pavor.

 

Y si malo es los que andan por ahí mostrando su esqueleto, más peligroso es todavía quien lo “esconde” o lo menciona muy de pasada. Como si nada.

 

Creo que debería establecerse como uso social aceptado y digno de elogio,  el presentar a nuestros esqueletos en primer término. Eso facilitaría enormemente las relaciones personales.  Nada del aburrido “estudias o trabajas”. Es mucho mejor un “perdona, ¿me presentas a tus esqueletos?”. Aclara un montón de cosas y da muchísima información veraz sobre temas mucho más importantes a la hora de relacionarnos con las personas, que su ocupación o su edad.

 

Desde luego, yo ahora, cuando me presentan a un hombre, no miro ya tanto su coche, su ocupación o su físico, sino que indago sutilmente sobre cuantos esqueletos tiene y cómo los consiguió, con la naturalidad de un entomólogo que se interesase por la colección de mariposas de un colega. E idem con las mujeres. No es difícil, basta con ser un poco más curioso cuando te hablan de determinadas situaciones: de los jefes que son tan malos, o de sus hermanos que todos les tienen envidia o sus ex-parejas, todas atroces. Cuando alguien te habla o muy bien, o muy mal de alguien que ya no está en su vida, indaga. Indaga si ha entendido qué ocurrió realmente y busca saber si se siente victima o verdugo. Cuando nos posicionamos como alguna de las dos, solemos  tener aún esqueletos guardados de nuestros  “deberes por hacer”. Nada es más indicativo de una persona con baja autoestima como el creerse inferior o superior.

 

Y ¡ojo! No te digo que no te trates con esas personas. Pero sí que seas cauto a la hora de relacionarte con ellas.  Que elijas a quien entregas tus afectos.

 

armario a reventar de esqueletos

Y si….seguro que muchas y muchos estáis pensando que ojala  hubierais leído esta reflexión y  hubierais conocido antes esa técnica para haberla aplicado con alguna de vuestras ex parejas, auténticos artistas de emparedar relaciones afectivas.

 

Fuera de bromas, a todos nos sobran las personas con esqueletos en el armario. A mi me parecen peligrosas. Porque al no haber encontrado una forma de gestionar sus problemas y afectos y  aunque no lo pretendan,  en cualquier momento puede que te empareden a ti. Su incongruencia y su malestar latente pueden hacer de ti, incluso sin desearlo o ser conscientes de ello, una víctima.

 

 

Y no quiero tener que cargar con los esqueletos de otros. Porque los esqueletos, se gestionan. Pueden sacarse del armario o de la pared donde los hayamos ocultado y llevarse al cementerio, que es donde deben estar.

¿Y cómo?

Creciendo y desarrollándonos como personas.

Deteniéndonos a revisar la razón de nuestro malestar y reparando la situación si pensamos que todavía estamos a tiempo. O afrontando y llevando a cabo un trabajo personal (con un psicólogo, con un coach o de forma individual) sobre  la emoción que  ha quedado y el comportamiento que nos llevó a causar esa situación, si pensamos que lo primero no es posible.

 

Algo tan sencillo como optar por resolver y enfrentar.  Dos recetas excelentes para la autoestima.

 

Si. Sencillo, porque aunque parezca lo contrario, a la larga, resulta mucho más fácil  y genera menos desgaste personal gestionar nuestros esqueletos que cargar con ellos toda una vida. Y además, hacer cargar con ellos a los que nos rodean, que es lo que suele acabar ocurriendo. Y la principal razón que te debe llevar a gestionarlos, es que  tienen un impacto directo y negativo en tu autoestima. 

 

Los esqueletos no se “disolverán” en el armario. Algún día empezarán a exigir libertad aunque los emparedes bien fuerte y volverán a ti. Ten la valentía de empezar a liberarlos tu, antes de que ellos empiecen a esclavizarte a ti. Quizás no puedas sacarlos a todos,  ni librarte del todo de ellos. Pero sólo con atreverte a mirarlos, cambiará tu forma de relacionarte con ellos y en consecuencia, la forma en que te sientes respecto a ti.

Desde esa nueva consciencia, te será más fácil no volver a cometer los mismos errores.

 

Y es que como bien decía George Bernard Shaw: “Si no puedes librarte de tu esqueleto, al menos, enseñale a bailar”.

 

Y tú: ¿cuántos esqueletos guardas en el armario?

¿Qué vas a hacer para liberarlos y mandarlos al cementerio?

¡Hola! Soy María Díez Coach y con mi blog ofrezco un espacio de encuentro vital, reflexión y aprendizaje para personas comprometidas con su superación personal, familiar y laboral.

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2 comentarios en “Esos esqueletos que guardamos en el armario

  1. Hola Maria muchas gracias por compartir este tema tan interesante .
    Estoy pasando un duelo de una ruptura de pareja y una de las principales causas de haber minado la relacion , ha sido por estos esqueletos.
    lo que no me ha quedado del todo claro es como gestionarlos y que no den problemas importantes a pesar de que esten ahi .muchisimas gracias .un abrazo y mil gracias .

    • Buenas Sole,
      como en concreto no sé cual es el esqueleto que ha provocado esa situación no puedo darte consejos demasiado específicos. Sí te puedo decir que hasta ahora, la única forma de gestionarlos que encuentro es reflexionar de una forma lo más objetiva posible sobre nuestra parte de conducta que ha provocado la situación. ¿ que nos llevó allí? ¿ qué nos sobró o qué nos falto? ¿ qué haríamos de forma diferente ahora?
      Si lo deseas, puedes enviarme un mail a avanza.conmigo@mariadiezcoach.com explicándome un poco más e intentaré darte ideas al respecto. ¡Gracias por tu comentario!

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