Missis Ñoñostiarra, la lluvia y las quejas.

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Hoy va a ser un día importante para Missis Ñoñostiarra.

1-Ella espera que sea un gran día, porque ha quedado con una muy buena amiga, que ahora vive en Madrid  y ha venido unos días a Donosti a veranear. Aunque antes se veían con frecuencia, los últimos años apenas han coincidido, así que espera el momento con ilusión. ¡Han compartido tantas cosas juntas de niñas! Han contactado a su otra amiga de infancia para reunirse las 3. ¡Missis Ñoñostiarra está ilusionadísima de poder estar juntas de nuevo tras tantos años! Han decidido que subirán al Monte Igueldo, desde donde las vistas son fantásticas y además hay un antiguo parque de atracciones que parece sacado de la Belle Epoque de la ciudad. Es un parque que permanece inalterado desde cuando eran niñas y en eso reside precisamente su encanto: en su aire entre naif y “antediluviano”.

Pero al levantarse…¡cómo no!!! Se encuentra con el típico cielo gris mordoriano y el diluvio universal que parece desatarse sobre la ciudad….Brrr….¡otra vez! ¡20 de julio y todavía no deja de llover!

“Este año, está claro que no va a haber verano” se dice, mientras vuelve a calzarse la botas de agua y se coloca su sombrero amarillo de pescador, muy molesta con esa maldita lluvia.

 

2-      Visto el tiempo ta malo, han cancelado subir a Igueldo y  han quedado a tomar café.

Su amiga está encantada de estar otra vez en Donosti, la ciudad más bonita del mundo en opinión de las 3. Les habla un poco de Madrid, que le gusta mucho, pero también de cuanto echa de menos San Sebastián y de lo afortunadas que deben sentirse viviendo en ella y disfrutando día a día de una ciudad tan hermosa. Inmediatamente las otras dos saltan con una retahíla de quejas interminable: que si ya no se acuerda del tiempo del horror que suele hacer, que si el precio de los pisos, que si los bares son carísimos, la hostelería te maltrata….y una vez que han despotricado todo lo posible, pasan a otros temas relacionados: que si ligar sigue siendo complicadísimo, que encontrar trabajo está imposible….la tarde se les va en ponerse al día entre queja y queja y las dos donostiarras piensan que su amiga se lo está pasando tan bien como ellas, cuando de pronto les suelta:

 

3-      “qué pena que no sepáis valorar lo que tenéis y sólo sepáis quejaros.“Se ve que el virus de la queja también anda suelto por Donosti  y os ha contagiado. Deberíais vacunaros para ser más felices”- Y aunque su tono es amable, nuestras donostiarras se quedan planchadísimas. Intentan justificarse. Pero con el comentario,  algo se ha apagado en la conversación y no hay manera de volver a animarse. Las 3 se despiden un poco tristes. No saben cuando volverán a encontrarse, con lluvia o sin ella.

 

Missis Ñoñostiarra camina cabizbaja bajo la lluvia. Se para a mirar la playa vacía, con los toldos recogidos y las sillas sin usar. Salvo los 4 locos de siempre,  nadie se animaría a bajar a la playa con este horror de tiempo. Camina y reflexiona sobre la idea que  ha sembrado su amiga con su comentario. Una duda muy desagradable le ha invadido: ¿será acaso la Reina de las Quejas?

 

4-      Con bastante tristeza, se da cuenta de que esta no es la primera vez que le dicen algo así; que se queja mucho.

Pero hoy quizás ha sido la primera vez que esto le ha “calado”. Se siente muy avergonzada de haber producido una impresión de ser una “quejica” en su amiga. Ella misma tiene un superior quejica, que no para de lamentarse, exigir y protestar, pero no da nunca nada, ni resuelve nada.  Y una compañera que no para de quejarse de todo lo que hace y lo ocupada que está, para evitar así que le den más trabajo. Por no hablar de una amiga con la que ya ni se trata. Porque cuando pregunta “¿qué tal estás?” apenas empiezas a intentar responder, te quita la palabra para quejarse con problemas que la mitad de las veces son imaginarios.

 

Ella siente que los quejicas son agotadores, que no saben disfrutar de lo que tienen y reclaman la atención de una forma infantil para demostrar que sufren más que nadie. Ahora se siente mal porque piensa que quizás, ha interiorizado tanto la queja, la ve tan normal, que la ha integrado como parte de ella y su forma de relacionarse.  ¿ Por qué se queja tanto? Lo cierto es que no le van tan mal las cosas si se compara con muchos otros. Si, pero también le gustaría que pasaran muchas cosas en su vida que nunca parecen llegar: un trabajo y un sueldo mejor para  salir  así de casa de sus padres a un piso propio un poco decente. Chicos más interesantes a su alrededor que sean un poco aventureros y les guste viajar y ponerse guapos para ir a veces a un restaurante bonito y que no hablen sólo de la Real y vayan sólo a las sidrerías.  Nuestra Ñoñostiarra tiene la sensación de que sus amigos culturalmente más inquietos  se han marchado fuera y le da envidia las cosas que le cuentan de Londres, de NYC y de Berlin.

 

Claro, ella se queja porque no tiene esas cosas y al fin y al cabo, ella ha hecho siempre “lo que debía”. Sus estudios, su vida ordenada, su trabajo… se queja porque la vida  que tiene, no es mala, pero tampoco la siente buena realmente. Y  muchas veces se aburre y se siente sola, a pesar de vivir en esa maravillosa ciudad.

 

Por eso se queja. No porque ella sea una quejica. Sino porque es humano y necesita que la escuchen a veces, que la cuiden en casa, que valoren su esfuerzo en el trabajo. No como los otros, que se lamentan todo el rato sin motivo.

 

A pesar de todo, hoy al acostarse,  Missis Ñoñostiarra se siente muy triste. Esperaba un día alegre y no lo ha sido. Y algo en su alma se ha removido y  le dice que esté atenta. Le susurra “cuidado”. Le avisa que quizás esa insatisfacción que casi todo el mundo parecía compartir,  ni sea tan general, ni tanta gente como ella cree la comparta. Y que quizás ese “virus de la queja”, le haya inoculado una toxina que hace que en ocasiones su ánimo esté tan gris como el cielo, aunque hasta ahora, no quería aceptarlo.

Se duerme, pensando que sería bueno saber para qué se queja tanto. ¿ Será una forma de forma de protegerse hacia aquello que no le gusta, pero no se siente capaz de cambiar ella sola?

Y tu: ¿ cuantos espacio ocupa la queja en tu vida? ¿ hay algún malestar acallado que te hace quejarte sin que tomes acción?

 

Si te ha interesado el tema de las quejas, no dejes de leer: “la doble cara de las quejas”

 

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5 comentarios en “Missis Ñoñostiarra, la lluvia y las quejas.

  1. “Los quejicas son agotadores, no saben disfrutar de lo que tienen y reclaman la atención de una forma infantil para demostrar que sufren más que nadie”
    Por eso no me gusta la queja, aunque por momentos hay que compartir nuestra tristeza y nuestro ansia de mejorar (que muchas veces se refleja por un pequeño fracaso).
    Solo me gusta compartir la tristeza con amigos de verdad y mi mejor amiga soy yo misma Jajaja Es la que mejor me cuida … :)pero también tengo un par de amigas insustituibles.

  2. Me encanta esta chica…siempre reflexionando sobre cosas importantes…con sus botas y su sombrero.
    En la queja se pierde energía, tranquilidad, perspectiva, humor, tiempo y amistades…y se gana tristeza, negatividad, aburrimiento, tensión…no hay nada que justifique la queja…Podemos cambiar la mirada hacia lo que nos rodea, actuar sobre aquello que esté a nuestro alcance y lo que no ¿para qué preocuparnos si no podemos hacer nada?…
    Espero con entusiasmo la próxima entrega…Besos guapa

    • No hay k kejarse? Hay k ser conformistas entonces?? Hombre, pues con el clima no nos keda otro remedio k aguantar o pirarnos a un sitio con un clima mas acorde a nuestros gustos pero….yo kreo k sí hay k kejarse, pero siempre k la keja pueda servir pa algo, pa cambiar algo k no esta bien, k no es justo, k te molesta. Hay k kejarse para rebelarse en un siguiente paso si es necesario. Igual nos roba algo de paz y armonia (me gustaria k no…) pero para avanzar es necesario un esfuerzo.

      • Recordad que la queja tiene una doble cara: puede ser positiva usada como una una llamada de atención sobre lo que no nos gusta, lo que nos molesta, lo que deseamos cambiar. Sería un toque de rebeldía sobre algo con lo que no estamos de acuerdo, como bien indicas Silbe. Sin embargo, hay una queja que es “vacia”, una forma de relacionarse exigente para con los demás y lo que nos rodea, pero no con nosotros mismos.En esa queja, lo que queremos que la realidad se adapte a lo que deseamos, pero no llevamos a cabo el esfuerzo de cambiar nosotros y nos refugiamos en la queja. Lo principal es poder mirarse al espejo y no engañarnos respecto a en cual de las dos quejas nos situamos en nuestro día a día.

        • Felicidades María, me ha encantado, y lo mejor, ¡oía tu voz contándome la historia!
          Totalmente de acuerdo contigo, el no quejarte no siempre es sinónimo de conformismo, puede ser que hayas elegido adoptar una actitud más positiva. Es verdad que llueve, el día es gris… pero en lugar de quejarme de algo sobre lo que no puedo hacer nada, sí puedo elegir qué actitud adopto frente a ese “mal tiempo”. Ya lo dice el refrán, ¡al mal tiempo buena cara!!! Un abrazo!

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