El valor de los valores: libertad personal e integridad.

 

 

Hoy me gustaría seguir profundizando en el tema de los valores, por considerar que son uno de los aspectos claves para construirnos como personas. Porque si  hay algo realmente maravilloso para mí en la naturaleza humana, es que tenemos la libertad de elegir quienes queremos ser, en quien queremos convertirnos.

 

Autodeterminarnos como personas es una posibilidad de cada uno de nosotros.  Tener la opción de trascender nuestro instinto, la  pura reacción estímulo respuesta,  para crear un espacio de consciencia e intención en nuestra forma de ser, me parece uno de nuestros aspectos más fascinantes como seres humanos. Claro, que ejecutar esa opción es un proceso de responsabilidad personal que puede asustar, pero que sin duda, merece la pena afrontar si queremos ser los héroes de nuestra vida.

 

Y ¿como se logra esa transformación en “la persona que deseamos ser”? Es relativamente sencillo, aunque no exento de trabajo y esfuerzo personal.

 

Imaginemos un gran árbol que necesitamos  tratar de una  plaga que lo afecta o necesitamos  fortalecer para que nos dé mejores y más abundantes frutos. ¿Cómo procederías?  ¿Intentarías fumigar su corteza, sus ramas y sus hojas aun a sabiendas de que es una tarea inabarcable? ¿O intentarías abonar los propios frutos? ¿Tratarías el efecto o te enfocarías en la causa? Claro…lo razonable sería tratar la causa. Y lo mismo ocurre con las personas: crecer y mejorarnos como personas, pasa por conocer, desarrollar y trabajar  nuestra esencia; nuestras raíces. Esto es: nuestros valores.

 

Las verdaderas transformaciones personales, aquellas que son profundas y sostenibles,  se  logran, entre otros,  trabajando nuestro SISTEMA DE VALORES. Ya sea mediante la incorporación a nuestra forma de ser de aquellas cualidades y actitudes que nos resultan atractivas. Y también mediante  la readaptación de los que se han quedado obsoletos. No estoy hablando de “despersonalizarse” y cambiar radicalmente nuestros valores. Siempre hay un reducto de los mismos que permanecerá, determinando nuestra esencia. Estoy hablando de tener un sistema de valores lo suficientemente flexible que nos permita revisarlo y actualizarlo para evolucionar y transformarnos en versiones mejores (o peores) de nosotros mismos. Y hay infinitas versiones a las que podemos optar. Podemos elegir entre cientos de valores que nos conformen dependiendo de las necesidades y la ocasión. La libertad, el humor, la fantasía, la originalidad, la belleza, la aventura, la generosidad, la fuerza….Todo un abanico de cualidades que podemos ir adoptando para enriquecernos personalmente y conformarnos como seres más completos.

 

Pero el valor de los valores  no es tan solo que gracias a ellos, podamos autodeterminar nuestra identidad. Si, nos hacen libres para decidir quienes deseamos ser y además, también nos dotan del recurso de elegir ante cada situación. Por una parte, nos sirven de guía, pues nos proporcionan una idea de lo que es deseable y lo que no lo es.  Pero además, nos posibilitan para elegir  qué parte de nosotros será más útil sacar ante las siempre cambiantes circunstancias de nuestra travesía vital. Una esfera de libertad aun mayor.

 

Ser conscientes de esa posibilidad, nos lleva a entender que no estamos tan limitados por las circunstancias como solemos creer. Aunque nos condicionen. Siempre tendremos condicionantes de uno u otro tipo en nuestras vidas. Pero quien conoce sus valores no se deja intimidar fácilmente.  Por muy adversas que sean, se detiene y piensa: ¿Qué parte de mi está exigiendo la vida que saque? ¿Qué puedo aportar aquí desde quien soy? ¿Quién voy a ser ante esta situación para dar lo mejor de mí? ¿Tengo ese valor, o no lo tengo? ¿Y si no lo tengo y deseo tenerlo, cómo puedo lograr que forme parte de mi?

 

Porque cada situación, cada momento de la vida, requiere de un valor determinado. Por ejemplo, ante una grave enfermedad,  podemos recurrir al valor de la entereza  o al de luchar desde la esperanza. O incluso el de aprender mas acerca de nosotros mismos. Puede no parecer gran cosa, pero es mucho más que dejarse arrastrar por las circunstancias. Siempre nos quedará la libertad de elegir quienes queremos ser y como nos queremos sentir ante lo que nos ocurre.

 

Ese reducto de libertad de elección  en el que nadie puede actuar por nosotros y podemos decidir  como responder,  por pequeño que sea, es una enorme fuente de confianza personal. Y su ejercicio, es lo que diferencia a las personas “corrientes”, de las extraordinarias, que se superan y crecer con cada adversidad.  Porque conocernos como personas, conocer nuestros valores, nos aporta algo tan esencial como olvidado….LA INTEGRIDAD: el “facultamos” para tomar decisiones sobre nuestro comportamiento por nosotros mismos y además, tomar esas decisiones en coherencia con quienes deseamos ser.

 

Por eso, los valores y cómo los vivimos,  son parte fundamental de nuestro VALÍA INTRÍNSECA. No sólo nos determinan como personas y nos dotan de individualidad; además nos otorgan la libertad personal para conformarnos frente a nuestras circunstancias. 

Construir nuestros valores, equivale a  construir una parte importantísima de nuestro CAPITAL PERSONAL. 

 

¿ y tu? ¿ Conoces ya cual es tu sistema actual de valores?

 

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