El despertar de Missis Ñoñostiarra

PicMonkey Collage dos piezas

 

 

Nuestra Ñoñostiarra se despierta con una gran sonrisa. A pesar de que la luz que se filtra por su persiana por las mañanas ha disminuido de intensidad anunciando el declive del verano, cada nuevo día siente una renovada e inexplicable alegría.

 

Durante las semanas pasadas ha vivido inmersa en la aventura de crear su vida instante a instante. En su interior, ha recuperado la sensación que tenía cuando era niña y los veranos eran un regalo y una fiesta continua; infinitos en tiempo y experiencias. Aunque no ha habido grandes cambios en su vida, el haber entendido que ella es responsable de cuanto experimenta, está teniendo un fuerte impacto en su forma comprender y disfrutar su día a día. Desde que decidió bascular hacia la nueva actitud, enfocando su atención a las posibilidades de disfrute cotidianas de su vida, toda su energía ha cambiado. Una nueva luz ha barrido  las nubes grises y el tedio de las quejas y el victimismo.

 

Así, aunque le ha tocado trabajar durante la semana de fiestas, ha disfrutado mucho, mucho. Se ha encontrado con algunos amigos a los que no siempre tiene tiempo de ver y les ha convencido para hacer mil cosas olvidadas por ellos y que les han resultado nuevas. Han ido  a la pequeña isla de Santa Clara en piragua y se han bañado allí. Han subido al parque de atracciones de Igueldo ( a pesar de que llovía),  y se lo han pasado fenomenal con los autos de choque y la carrera de tortugas, rescatando sus risas de infancia. También han visto los fuegos artificiales desde un barco en la bahía. Y ¡qué increíbles resultaban los fuegos desde esa perspectiva!   Lo cierto es que lo ha pasado mejor que en muchos años. Incluso el tiempo externo parece haberse contagiado de su propia luz interior y ya se han podido disfrutar  varios días más o menos soleados durante estas últimas  dos semanas.

 

Mientras abre con entusiasmo las contraventanas y la ventana para ventilar, piensa en lo orgullosa que se siente por cómo está aprendiendo a “bailar bajo la lluvia”. Está feliz por todo lo que está encontrando al vivir desde la curiosidad renovada.  Y está asombrada por lo que ha disfrutado al  hacer uso de todas las oportunidades de disfrutar que están a su alcance, por tontas o pequeñas que parezcan. Sale al balcón buscando los primeros rayos de sol. Apoyada en la barandilla, mira sin ver, mientras reflexiona sobre cuanto ha cambiado su forma de sentir la vida desde que actúa impelida por un espíritu de atrevimiento y aventura. Nunca hubiera pensado que un diminuto cambio interno, en apariencia tan insignificante, pudiera traer tanto bienestar.

 

Un día por semana ha decidido salir de casa sin desayunar y se permite ir a explorar cafeterías nuevas y bonitas, a las que normalmente, no hubiera ido. Ese día que camina por un camino diferente, le parece que vuelve a descubrir la ciudad. Y encuentra bellos regalos.  En una de ellas, se encontró con inspiradores textos de un gurú hindú, puestos a disposición de los clientes. En otra estuvo charlando muy contenta con la chica de la barra, una preciosa mujercita con tanta sensibilidad como rastas en la cabeza, que la cautivó con su creatividad a la hora de ofrecer un espacio diferente a sus clientes, con libros para leer.  Otros días,  ha innovado, cambiando su itinerario a la oficina. Ha caminado atravesando un hermoso parque que siempre ha estado ahí, pero que en las silenciosas horas matutinas de agosto,  parece revelar toda su delicada belleza. Por no hablar del regalo de bañarse en el mar al atardecer, con lluvia o sin ella,  que descubrió junto a Mr. Attitude y que ahora practica siempre que tiene ocasión.

 

Y mientras está sumida en estas reflexiones,  ocurre algo extraño: su mente se detiene, se silencia y  presta atención a lo que la rodea.

 

Se da cuenta de que está fuera, en el balcón, cuando habitualmente mira la calle desde la ventana por las mañanas desde el interior. Sin salir al balcón.  De hecho, no recuerda haber salido nunca al balcón por las mañanas y detenerse allí un instante,  antes de ir a trabajar. Ahora, apoyada en la barandilla, tiene una perspectiva totalmente diferente. Mira hacia el fondo de la calle y se da cuenta de que está viendo algo sorprendente. “¿cómo es posible?” Se pregunta asombrada.  ¿Cómo es posible que lleve 12 años viviendo en esta casa y no se haya dado cuenta hasta ahora que desde su balcón en verano, se ve salir el sol, allí a lo lejos?

 

Un escalofrío la recorre mientras se pregunta cuanto tiempo llevaba mirando sin ver  lo que la rodea, en su vida.Se siente como si  se le hubiese caído una venda y la calle, tan conocida y  desconocida al mismo tiempo, se mostrara ante sus ojos por primera vez. En realidad, es como si viera por primera vez. Un mundo brillante, que ha estado siempre ahí, al alcance de su mirada. Y también comienza a sentir los rayos de sol en su piel. Sentir de verdad,  como si no los hubiera sentido nunca antes. Como si le hubieran quitado una venda de la piel. Y oye sonidos que antes le resultaban imperceptibles. Ante este inesperado cúmulo de sensaciones, la embarga una emoción tan  profunda, que  la abruma hasta las lágrimas. Una especie de salto a una dimensión donde ha recuperado el contacto con la alegría. Con la  ilusión. Con la belleza. Y con la magia. Por primera vez en mucho tiempo se siente vibrante y despierta. Como si  hubiera permanecido dormida y despertase tras un largo letargo a la belleza de la vida.

 

Y toma consciencia de que todo ese regalo de vida está ahí, con ella. Lo ha estado todo el tiempo, sólo que ella no sabía como acceder a ello, como disfrutarlo. De hecho, ignoraba que existiera esa forma de relacionarse con el mundo. Y se siente bendecida, inundada por un calor apreciativo de todo lo bueno que está recibiendo y antes no era capaz de disfrutar. En su interior, surge una nueva luz: ha conquistado su verano interior.

 

 

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