Deudores de nuestra vida.

rESPONSABILIDAD VIVIR

 

No tenía previsto escribir hoy una entrada para mi blog.

Llevo varias semanas en que me faltan horas de sueño y arrastro un cansancio físico que hace que mi energía esté bajo mínimos. Mi cuerpo pide a gritos, el pobre, descanso y tranquilidad, asustado ante la idea del viaje a Barcelona que me toca este fin de semana a un nuevo curso.  Algo que demanda mucha, mucha energía por razones que algún día os contaré. Pero algo hoy me ha hecho cambiar de idea. Algo tan importante como para decidirme a volver a sentar ante el teclado a las 11 de la noche y  volver a robar horas de descanso a mi cuerpo. En esta ocasión, no es algo alegre. Todo lo contrario. Es luto. Es desgarro. Es llanto.  Es vacío y estupor. Es la tragedia del avión de Germanwings que ha caído en los Alpes, segando la vida de 15o personas.

 

Cuando me he enterado de la noticia por la mañana, se me ha cerrado el estómago. Literalmente. Como si alguien me hubiera asestado un increíble puñetazo. Tenemos ahora varias personas alemanas estudiando en la escuela donde trabajo y no ha sido agradable comunicárselo durante el descanso entre clase y clase.  En mayor o menor medida he visto en los ojos de cada uno de ellos como se sentían igualmente golpeados y sacudidos por la vida. Porque aunque no tuviéramos más datos, estaba claro que los pasajeros iban a ser mayoritariamente alemanes y españoles. Así que ahí estábamos, hermanados en el horror.

 

Si hay algo que tienen las grandes tragedias, es que nos igualan a todos en el dolor, en  el profundo sentimiento de vulnerabilidad al que nos arrojan  las noticias de este tipo. Estos  sucesos nos recuerdan a todos que,  aunque vivamos como si fuéramos inmortales, el ser humano sigue siendo frágil. Y la vida humana no es infinita. Es limitada. Los accidentes, las catástrofes naturales, nos confrontan con la ineludible realidad de  entender que no somos nosotros quienes elegimos cuando se escribe para nosotros la palabra FIN. Alguien la escribirá en el guión por nosotros. Y nos llevan a replantearnos si estamos aprovechando y viviendo nuestra vida como se merece.

 

Podemos llegar a la luna, inventar las obras más maravillosas, operar con ordenador…podemos creernos invencibles y vivir con la arrogancia que se deriva de esa presunción. Pero no tenemos el poder del destino de decidir que se ha acabado, aunque nosotros no estemos de acuerdo. Por eso este tipo de tragedias nos conmueven tan profundamente. Y sobre todo si son cercanas. Porque entonces, al hecho de recordarnos que somos juguetes del destino, se une la sensación de que el hálito de la muerte nos ha pasado cerca, casi rozándonos. Nos hace sentir que podíamos haber sido nosotros, nuestros padres, nuestros hijos, nuestros amigos, los que habrían podido ir en ese avión. Porque había ahí padres, hijos, amigos, parejas….personas cuyas posibilidades se han extinguido para siempre. Y al otro lado, destrozados de dolor, quedan padres, hijos, amigos y parejas a quien de pronto la vida golpea con toda su fuerza.

 

Por eso las noticias de estas tragedias se viven con un sentimiento de dualidad, en parte con alivio, en parte con identificación con el dolor ajeno. Nos sentimos aliviados porque esa vez no somos nosotros y a la vez, hermanados con aquellos sobre quienes esta vez si son. Si les ha tocado.  Con los que llevarán la terrible carga que esta vez no ha sido nuestra. De ahí que nos afecten tanto estos sucesos.

 

Pero más allá de afectarnos, más allá de las vidas que quedarán destrozadas para siempre, me pregunto: ¿qué quedará de todo esto en  nosotros cuando pase la vorágine informativa?

 

¿Nos quedará la luz de entender que nuestra mayor responsabilidad es vivir?

 

Vivir por los que ya no podrán hacerlo, vivir los sueños que otros no han tenido posibilidad de cumplir. Vivir comiéndonos la vida hasta que tengamos que entregarla.

 

¿Nos quedará la comprensión de que las excusas sólo nos dejan en la mediocridad y necesitamos aplicarnos a fondo para saborear y exprimir al máximo el regalo de la vida hasta que el Fatum venga a pedírnosla?

 

Nadie podrá reparar esas muertes de ayer, pero quizá puedan ayudar despertar a otras personas a la vida si tenemos el valor de hacer preguntas valientes.

 

¿Hasta qué punto somos capaces de sentirnos deudores de la vida y comportarnos como tales?

 

 vida amor


 

Seguirán ocurriendo accidentes. Seguirán ocurriendo catástrofes naturales. Y siento que todas las vidas que se pierdan,  serán en vano,  si los que tenemos la oportunidad de disfrutar cada día el regalo de la vida, no recogemos su testigo.

 

Para mí, eso implica estar en condiciones de expresar nuestro amor por la vida entregándonos a ella en plenitud. Con total compromiso hacia lo que supone estar en ella.

 

Mi forma de vivir ese amor por la vida implica disfrutar cada día llena de gratitud hacia lo que me ofrece. Implica buscar la alegría Incluso en los días más grises. Pero también implica hacerse preguntas dolorosas. Y esforzarme por superar mis miedos y mis limitaciones. Conquistar el amor incondicional y tratar de vivir con mayor congruencia.

 

Quizás tú lo vivas de una manera diferente. La mía es luchando por ofrecer lo mejor de mi  misma. Por mí, por los que me rodean y por todas esas personas que,  como los fallecidos hoy, ya no van a estar.

 

Cada uno tiene su propia manera de ser digno deudor de la vida. Y para mi, lo  importante es encontrar y saber cuál es la nuestra.

 

 

Y tú: ¿qué sientes respecto a esto?

¿Cómo expresas tu respeto y tu amor por la vida? 

Soy María Díez Coach y con mi blog ofrezco un espacio de encuentro vital, reflexión y aprendizaje para personas comprometidas con su superación personal, familiar y laboral.

En él encontraras herramientas de inteligencia emocional para superar los obstáculos cotidianos y construirte una vida llena de fuerza, confianza y pasión. Una vida  a tu medida, que sientas que merece la pena vivir.

Anímate a suscribirte  para recibir los boletines mensuales con el resumen de las publicaciones.

También puedes seguirme a través de mi página de facebook: www.facebook.com/mariadiezcoach