Corriendo amaneceres, nadando atardeceres: 7 claves para no “quemarse” con la sobrecarga laboral.

¡Buenos días!

 

¿Qué tal te encuentras? ¿Cómo estás? ¿Cómo has pasado el verano?

 

Llevo bastante tiempo sin poder escribir en el blog, sin poder compartir contigo mis reflexiones, mis vivencias y mi particular visión de la vida. La razón es simple: para los que me seguís de hace tiempo, sabéis que el verano es la época en la que más trabajo tengo en el empleo que me da de comer. Y así, mientras para muchos de vosotros es un periodo para disfrutar de más tiempo libre (por vacaciones o jornadas intensivas), para mi son los meses más agotadores del año, en los que hasta ahora, la sobrecarga de trabajo y el estrés que conlleva, me acababan drenando emocionalmente hasta dejarme “quemada”. (Puedes leer más sobre ello en este post).

 

Y porque el verano pasado me resultó tan devastador, uno de mis objetivos para este año era introducir algunos cambios en mi vida y mi forma de estar en el trabajo, para evitar volver a pasar por la misma situación de todos los veranos.

 

Ahora puedo decirte que esas claves que he aplicado han funcionado. Sin ellas y después del “veranus tremens” que hemos tenido de trabajo, estaría para “el arrastre”. Y como sé que no soy la única, como sé que muchos otros profesionales lo pasan realmente mal cuando llega una avalancha de trabajo que les sepulta y se disparan las horas que dedican al trabajo (en ocasiones ni pagadas, ni reconocidas),  hoy he decidido compartir con vosotros esas pautas que me han ayudado a sobrellevar estos últimos 5 meses de maratón profesional extrema, sin llegar al síndrome del agotamiento profesional.

 

Son pautas de fácil aplicación y en apariencia sencillas de seguir. Pero no nos engañemos; si fueran tan sencillas, no habría tantos profesionales con el síndrome del burn out. Aquí te las dejo, para que tu mismo saques tus propias conclusiones:

 

  1. Acepta la situación, prepárate para activar el modo “supervivencia” y corta por lo sano lo superfluo: por fin he entendido que es un error querer seguir siendo una superwoman y llegar a todo, aún en periodos de sobrecarga profesional. Creo que mi principal problema, era “negar” la situación, luchar contra lo imposible y seguir tratando de hacer en 8 horas un trabajo claramente inabarcable para los medios y el tiempo del que disponía.  Y además, pretender llegar a todo fuera del trabajo. El resultado otros años era sentirme mucho más acelerada, haciendo las cosas a toda velocidad, multiplicando el número de errores y aumentando así la sensación de pérdida de control y el consiguiente desgaste que eso conlleva. Todos sabemos que en periodos complicados hay que soltar “lastre”. Pero pocos somos capaces de aceptar la situación, plantearnos que más vale hacer las cosas con más tiempo y con más calma y vivir menos estresados, renunciando temporalmente a algunas actividades que no son tan esenciales. Yo este año lo he logrado. ¿El secreto? Aprender a priorizar,  renunciar y delegar todo lo posible.  Y eso ha incluido bajar las expectativas sobre mi misma.  Verás como reducir algunas funciones a “mínimos vitales” y enfocarte en lo que consideras esencial e irrenunciable, te hará replantearte muchas cosas de tus rutinas diarias y de tus creencias.

 

  1. Programa momentos nutritivos y en lo posible, múevete: este es uno de los puntos que ha resultado clave. Cuando vamos a todo meter, acelerados y agotados solemos olvidarnos de meter en nuestra agenda momentos  frecuentes para nosotros, que nos recarguen las pilas.   En mi caso, este año los he tenido en forma de hacer deporte. Y ha sido de lo que más me ha ayudado a mantenerme con la energía “alta”.  Otros años, como salía tarde de trabajar y estaba cansada, lo primero que abandonaba era el gimnasio. Gran error. El deporte es lo que me ha dado la energía necesaria para despejar la mente y poder abordar a tope el siguiente día. Después de 10 minutos corriendo y ya me había vaciado de cuantas emociones tóxicas y pesimistas había acumulado durante el día. O si lo hacía por la mañana, me daba la energía para “comerme el mundo”.  Y si ya, después del deporte, me daba tiempo a darme un baño en la playa, era el no va más. Programa si o si momentos con actividades sencillas, que sean sólo para ti, para reencontrarte contigo mismo. Puedes meditar, salir a pasear por la naturaleza, ver una puesta de sol, darte un masaje o tomar un café especial, en un sitio especial contigo mismo o en compañía. Cualquier cosa que te aporte bienestar y reconexión, que te haga vaciar la cabeza de “ruido”. Pero sobre todo y siempre que sea posible,  muévete. Sé que cuando uno se ha dejado la piel en el trabajo lo último que le apetece al llegar a casa es ponerse en movimiento. Pero es la pescadilla que se muerde la cola: si no te mueves, estarás más cansado todavía. Hacer ejercicio genera endorfinas, ayuda a soltar tensiones y desconectar. Basta con que establezcas una rutina de caminar, estirarte, nadar o hacer algunos ejercicios.

 

  1. Busca momentos que rompan la sensación de rutina y rodéate sólo de la gente que más te aporta. Seguro que cuando tienes un montón de trabajo de lo primero que se va a ver afectado es tu vida social. Llegas tan cansado que sólo quieres tirarte en la cama, cerrar los ojos y no pensar en nada. Por eso es importante que prepares aunque sea puntualmente,  planes “de calidad” que te proporcionan una satisfacción profunda y duradera.  Y que escojas gente de calidad con los que compartirlos.  Es fácil dejarse llevar por la inercia de hacer siempre lo mismo. Pero lo conocido, no nos renueva y no nos crea sensación de momentos únicos. Ni sensación de recuerdos “especiales e imborrables”. Es fácil que se te olviden las veces que has estado por ahí  tomando algo con tus amigos y pienses que el tiempo se ha pasado “sin más”.  Por eso, aunque te requiera un poco más de esfuerzo, programa puntualmente planes distintos a lo que haces normalmente. Aquí te dejo con mis fotos de  este verano de algunos de ellos: ¿a qué parece que haya pasado un verano increíble lleno de aventuras y glamour? Y en cierto modo, así ha sido porque estos no son los planes que puedo hacer habitualmente.  Y no olvides eligir con cuidado con quien compartes tu tiempo; huye de las interacciones vacías y las personas negativas que te drenan de energía. Ya sabes a quienes me refiero.

 PicMonkey Collage

  1. Cuida tu descanso y tu alimentación: una de las funciones que antes se resiente con el stress es el sueño. Las personas estresadas duermen mal, no duermen una cantidad suficiente de horas, ni con la calidad necesaria. El cuerpo no descansa lo necesario y llega al día siguiente cansado y con baja energía, arrastrando parte de las preocupaciones del día anterior. Marca tus horas de sueño, respeta la hora de irte a la cama. Que tu cuerpo sea tu templo, porque si él falla, todo se cae: cuídalo, mímalo.  Y lo mismo con la alimentación: busca alimentarte lo mejor posible. Respeta las pausas para beber agua y comer fruta durante el trabajo. El mundo no se hunde porque faltes 5 minutos en tu puesto, se pongan como se pongan.  Así no tendrás picos de azúcar y te mantendrás mas alerta y concentrado.

 

  1. Dedica más tiempo a organízarte mejor: en estos periodos es cuando más vas a necesitar organizarte. Por ejemplo, vas a necesitar planificar tu compra para poder alimentarte bien. Vas a necesitar mirar tu agenda más a menudo para que ninguna tarea importante se quede sin hacer por pasarte el día apagando fuegos. Necesitas más orden en tu mesa, tener todo preparado. Es imprescindible poner cada tarea en su lugar, cada cosa en su sitio para que todo pueda funcionar de una forma sencilla y fácil. Recuerda que será muy difícil “apagar un incendio” cuando no sabes dónde tienes la manguera.

 

 

  1. Pon límites y practica el  NO sin sentirte culpable: en muchas ocasiones, parte de la sobrecarga de trabajo que sufrimos la originamos nosotros mismos atribuyéndonos funciones y responsabilidades que nadie nos ha pedido. Obsérvate, sé consciente de cómo funcionas en tu trabajo. ¿Eres quizás paternalistas con tus  clientes o proveedores y haces más de lo que deberías o cosas que en realidad les corresponde a ellos hacer? ¿Eres tan disponible y “nice” que te cargas con parte del trabajo de tus compañeros dejando lo tuyo para el final? ¿O eres de los que saltas a coger el teléfono al primer timbrazo porque no puedes escucharlo sonar, interrumpiendo tareas importantes y acabas convertido en el telefonista, aunque ese no sea tu puesto? Te aseguro que muchas personas hacen todo esto sin darse cuenta y luego se enfadan con el mundo cuando el compañero se va a su hora y ellos se tienen que quedar más tiempo porque no han empezado con lo que sería propiamente suyo. Poner límites, ser asertivos, reeducar a la gente para que cada uno haga su parte, es esencial si no quieres verte enredado en una trampa mortal. No sirve de nada cabrearte y despotricar si no enseñas a la gente lo que necesitas para trabajar bien coordinado con ellos y no aprendes a decir no a ciertas actitudes o requerimientos.  Aprender a expresar con asertividad y firmeza  las necesidades para trabajar bien en equipo  o con qué estándar deseas que se trabaje contigo,  te va ayudar a que todo sea más fluido y tendrás menor desgaste, para dedicar tu energía a lo que es realmente importante, que eres ante todo tu mismo.  Recuerda que si tu quiebras por no saber cuidarte, si te quedas “sin batería”, entonces sí que no podrás aportar nada. Y muchas personas piensan que es el trabajo quien les roba su energía, cuando ellas la están desperdiciando a manos llenas.

 PicMonkey Collage Hiruzta

  1. Ocupate de hacer un análisis de lo ocurrido cuando todo se normalice y toma las decisiones que tengas que tomar: este es quizás el punto más importante y el que casi siempre obviamos. Ha pasado el nivel de “alerta 10”, el trabajo vuelve a su cauce…y tú solo piensas en las ansiadas vacaciones por venir y olvidarte de todo. Pero por desgracia, hay situaciones que son recurrentes en las empresas, porque a sus directivos así les conviene. Valora lo que has pasado, el precio que pagas y qué te gustaría que fuera diferente. Luego haz tus propuestas de mejora a quien sea competente y mira cual es la reacción. Si lo que te ofrecen no te gusta, piénsatelo. Quizás la  tuya es una de esas empresas que imponen de continuo cargas de trabajo irracionales a sus trabajadores. Y entonces,  igual deberías ir pensando en cambiar de trabajo. O si ya lo pensabas, quizás deberías dejar de pensarlo y pasar a la acción. Lo creas o no, antes de lo que piensas, volverás a encontrarte en una situación parecida. Y sólo tu decides estás dispuesto a volver a pasar por ello y a qué precio.  No todos podemos dejar el empleo que nos da de comer. Pero somos responsables de cuidar de nuestra energía, de pelear porque las condiciones vayan mejorando, de hacer que se respeten nuestros derechos desde la firmeza y el dialogo. No sirve de nada quejarse si no lo haces frente a la persona que tiene el poder de cambiar las cosas. Seguro que tú también conoces a un montón de personas que se quejan y se quejan, pero nunca van a hacer planteamientos ante quien tiene el poder de decisión,  ni por los cauces adecuados. Personas que se quejan y  no hacen nada por cambiar el status quo. Esas personas, en el fondo, están dilapidando su energía, su potencial y sus oportunidades porque pocas cosas resultan tan tóxicas y ahuyentadoras como la queja estéril.

 

Ten claro que sin análisis, sin aprendizaje, no hay evolución y sólo podemos optar a la repetición. 

 

Y hasta aquí hemos llegado hoy. Estas son mis claves, espero que te hayan ayudado. Si tú tienes las tuyas y quieres compartirlas, si tienes dudas o reflexiones, te espero encantada en los comentarios de este blog.

Y si piensas que podría venirte bien mi ayuda para trabajar algunos de estos temas: organización, planificación, limites, asertividad, motivación profesional o cambios de cualquier tipo, aquí estoy a tu disposición para sesiones personalizadas.

 

 

¡Hola! Soy María Díez Coach y con mi blog ofrezco un espacio de encuentro , reflexión vital  y aprendizaje para personas comprometidas con su superación personal, familiar y laboral.

En él encontraras herramientas de inteligencia emocional para transformar los obstáculos  cotidianos  en retos y construirte una vida equilibrada y armónica, llena de fuerza, confianza y pasión. Una vida  a tu medida, que sientas que merece la pena vivir.

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4 comentarios en “Corriendo amaneceres, nadando atardeceres: 7 claves para no “quemarse” con la sobrecarga laboral.

  1. Hola María

    Que ciertas son esas pautas que comentas, para quienes trabajamos para nosotros mismos. Deporte, buena compañía… y ratos de soledad, para recordar cual es la verdadera meta y que el día a día no te despiste de ella…

    Un abrazo y a seguir luchando!! que al final, eso es lo divertido!!

    • Hola Juan!!
      totalmente de acuerdo; qué poco tiempo dejamos para “un café con nosotros mismos”, dándonos tiempo para escuchar como nos sentimos y mirándo la brújula para saber si vamos en la dirección correcta! Un abrazo.

  2. Hola Maria, gracias por esas palabras tan alentadoras y esos consejos sabios, pondre en practica lo del deporte y mas adelante lo otro contigo.
    Felicidades, seguiremos hablando

    • Gracias a ti Clara por leerme y dejarme saber que aporto valor!! Y sí, pon en práctica el deporte y verás como todo empieza a cambiar. Aunque sólo sea un día ¡se nota! Y puede costar al principio, pero te aseguro que desde ahí tendrás otro ánimo y otra energía para afrontar el día a dia!

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