¿Cautivo de tus circunstancias o dueño de tu destino?: tu eliges.

 

Gabo

 

La semana pasada presenté  la relación entre ser/hacer/ tener, como el aspecto fundamental a la hora de alcanzar la plenitud y la sensación de ser dueños de nuestras vidas. Ese era el objetivo que perseguíamos cuando os invité a seguirme en la sección “el viaje de tu vida”.  Hablábamos de cómo es necesario que nuestra brújula interior esté orientada hacia el SER. Eso es lo que nos permite sentirnos dueños de nuestra vida. Hoy profundizaremos en este tema, viendo qué ocurre cuando nos enfocamos primero en hacer o en tener, como medios para alcanzar nuestro bienestar personal.

 

Sin duda todos conocemos o hemos coincidido con estos dos tipos de personas: personas absorbidas por HACER y personas absorbidas por TENER. Son patrones socialmente bien considerados, e incluso fomentados  por nuestra cultura occidental. Por eso no es raro que casi todos nosotros nos hayamos comportado de esta forma en alguna etapa de nuestra vida. No hay nada malo en desear logros o determinados bienes materiales o algo de influencia en los demás  para nuestras vidas. El problema radica cuando la persona pierde el control, por poner el foco de su vida en estos patrones como forma exclusiva de obtención de bienestar.

 

A las personas enfocadas en hacer como medio para alcanzar la felicidad se las reconoce con facilidad. Siempre están en acción, no paran. Sus agendas son imposibles. Se jactan de hacer muchas cosas mientras los demás no hacen apenas nada o solo la mitad. Nunca parecen tener un minuto libre para tomar un café con un amigo, leer ese libro que desean leer o descansar viendo una puesta de sol. Eso es “perder el tiempo”. Ellos están ocupados en cosas “más importantes”. Pero viven divididos, con un trasfondo de queja continua por lo ocupados que están y lo agotados que se sienten. Suelen manifestar cierto sufrimiento y agobio,  haciendo listas y más listas de cosas “por cumplir” que nunca consiguen llevar a cabo. Sienten que el día, la vida,  no les alcanza para todo lo que desean conseguir.  Suele faltarles alegría y sus “deberes” son tantos, que van dejándose el presente por el camino, corriendo en pos de sus mil tareas.  En sus casos más extremos, sus agendas, son más importantes que las personas que les rodean. Un ejemplo sueles ser ese compañero/a tan ocupado/a,  que no tiene tiempo para saludarte por la mañana cuando llegas al trabajo. O ese padre/madre/ pareja, que no parece preocuparse por qué tal has pasado tu fin de semana o  como te encuentras de verdad cuando vas a visitarles, porque no saben estar a la escucha.

 

Las personas enfocadas en tener también se identifican con facilidad. Ellas siempre tienen “más que y mejor que”. Tienen la mejor casa, los hijos más guapos o más inteligentes. Tienen más ropa, mejor coche más educación, más estudios, hablan más idiomas que…Tienen más conocidos, más amigos, más dinero, mejor comida en el frigorífico….Tienen más poder o más influencia que… Suelen enfrascarse con facilidad en luchas de poder.

 

Ambos casos presentan características comunes. Por una parte, las personas de estas características, viven fuera de si mismas, porque carecen de autoestima. No se aman, ni se aprecian y viven en una continua huida de lo que sienten como su vacío o fragilidad interior. Por eso, viven anestesiando su miedo y su inseguridad, mediante estos mecanismos de escape. Las primeras esperan ser queridas por sus logros, las segundas, por sus posesiones.

Además, ambas instrumentalizan a quienes les rodean, porque ambas viven con profundas carencias que pretenden suplir mediante “el otro”. Lo irónico es que como “el otro” no es considerado como persona, sino como objeto al servicio de su necesidad de colmar su propio vacío, cada vez acaban más aisladas y más solas, en una espiral difícil de detener. Y por último, en  ambos casos hay mucha necesidad de control, puesto que se sienten débiles ante la vida y también hay mucha comparación con los demás. Viven continuamente comparándose, encontrando excusas y justificación a todo lo malo que les pasa. Podemos decir que para ellas,  el foco de atención está puesto fuera.

 

¿pero…. para qué?

Principalmente, para evitar ponerlo en ellas mismas. Para no enfrentarse a sí mismas o a lo que la vida les pide, puesto que no tienen confianza en que sabrán sobrellevarlo o afrontarlo. Quieren evitar a toda costa sufrir.  Lo que ignoran es que  poner en foco en hacer o tener, en vez de en el SER, nos convierte  primero en esclavos y luego en víctimas. Esclavos de nuestras agendas y nuestras posesiones. Y victimas, porque pasamos a depender de cubrir nuestras carencias con estos mecanismos.

Por eso, ese tipo de personas, acaban  perdiendo  libertad de decisión y capacidad de elección. Y también su fuerza. Quedan así a merced de las circunstancias,  siendo rehenes de lo que la vida les traiga. Si lo que viene es bueno, se sienten  “bien”. Si es malo, se sienten  mal. Y viven en un perpetuo carrusel emocional.

 

 

Por eso, el viaje de tu vida, debe estar enfocado a quien quieres ser. Esto implica volver a conectar con nuestra intimidad, explorar y descubrir cual es nuestra esencia. Implica revisarnos y diseñarnos como personas, tomando contacto con nuestras cualidades más profundas, con nuestros talentos y nuestro potencial. Para ello, se hace imprescindible un viaje de autodescubrimiento y construcción personal.

 

 

Convertirnos en dueños de nuestro destino, pasa inevitablemente por recuperar la relación con nosotros mismos. Sólo entonces, solo desde el SER,  podremos ser los verdaderos héroes de nuestra propia vida. Por eso, el viaje de tu vida, empieza con un viaje a tu interior. Es ahí donde se esconde la verdadera aventura.  Y es la única manera de salir de los mecanismos de escape que adoptamos en la vida y que nos anulan cada vez como personas.

 

 

¿ Y tú? ¿Eres “hacedor” o “tenedor”? ¿O estás ya conectado con tu centro, con tu esencia?

 

 

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