Disfrutar las Navidades: claves para que no te desborden las fiestas..

No deja de sorprenderme como cada vez que llegan las Navidades, mucha de la gente que conozco a mí alrededor se contagia del  “síndrome del abominable espíritu navideño”.  Es algo así como si alienígenas procedentes de un planeta llamado “Demandas externas” les abdujeran y les inocularan un virus cuyos efectos son un constante frenesí que hace que estas fechas  les resulten de lo más complicadas de gestionar. La sintomatología suele ser variable, pero seguro que reconoces alguna de sus conductas:

–          la repentina necesidad de ver a “todo el mundo”. Incluso a esas personas que no han “tenido tiempo” de llamar en todo el año. Bueno, sobre todo a esas, no vayan a pensar que las “tienen abandonadas”.

–          La irrefrenable deseo de gastar compulsivamente comprando comida que no necesitan y pagar por ella el doble de precio.

–          El tener que ponerse la careta de “persona feliz y conciliadora” porque son fiestas y hay que perdonar y estar a bien con todo el mundo.

–          El sentirse de pronto generoso y solidario, haciendo donaciones puntales a causas benéficas varias, pero obviando que el año tiene 365 días y la solidaridad no se mide sólo en dinero, sino en actitudes y gestos para los que nos rodean en lo cotidiano.

–          La necesidad de comprar y regalar objetos y juguetes a personas y niños saturados por lo general de objetos y regalos. Tanto es así que en muchas ocasiones, los receptores,  donan de antemano lo que les sobra para hacer espacio a esa nueva tanda de objetos superfluos e innecesarios que se avecina.

–          La necesidad de pensar que uno debe sentirse alegre y de buen ánimo, para los demás, para los niños, porque es Navidad….pero nunca para uno mismo y porque es hoy, cualquier día y cualquier día tenemos derecho a ser felices y sentirnos y bien. Olvidando también que igual que tenemos derechos,  tenemos también la obligación de pelear para conseguir ese bienestar anhelado.

–          La necesidad de que las Navidades tengan un formato externo determinado y estandarizado: adornos, luces, acontecimientos…sin prestar apenas atención al formato interno que necesitamos para sentirnos en armonía con los que nos rodean y en paz con el mundo y con nosotros mismos.

 

¿Te suenan alguno de estos síntomas? ¿No?

 

Si estás libre de él, ENHORABUENA, porque es un virus bastante contagioso. Algo así como la gripe, que regresa cada invierno con una nueva mutación que la hace más resistente.

 

Por mi parte,  confieso que lo he sufrido muchas Navidades y me he comportado de esa forma incoherente y alienada en bastante ocasiones. Y se sufre, se sufre mucho. Porque te hace sentir una persona infeliz e insatisfecha, agobiada por todas las cosas que sientes que “necesitas hacer”- Al menos yo, me sentía apresada en la interminable lista de demandas y exigencias que yo misma me ponía para que todo estuviera “a la altura de mis expectativas”: la casa  limpia y bien decorada, la cena sofisticada y bien presentada, todo bien organizado, yo de peluquería, bien vestida y delgada, que no faltasen las tarjetas de felicitación, los regalos… Y por si fuera poco, tocaba también el esfuerzo de “amnistiar” a mucha gente aunque no les tragara. ¿O iba a ser tan mala persona de llevarme mal con ellos y no perdonar cuanto me hubieran hecho siendo Navidad?

 

Por eso,  por si eres de los que como yo, has tenido o tienes estos síntomas o conoces a alguien que los tiene,  aquí te comparto con humildad mis aprendizajes. Espero que te sirvan para dejar de sentirte “obligado/a” por los estereotipos de la Navidad  y a cambio  te ayudan a empezar a disfrutar de forma más real y profunda de estas fechas.

1-      Pon límites a la invasión de demandas externas; aprende a decir NO: no a todas las tareas extras que te caen sin apoyo y sin ayuda sólo porque por ser Navidad “hay que hacer así las cosas” . Di NO a estar invadidos de obligaciones y vacíos de placer.

2-       Niégate a correr para estar con todos y no estar con nadie: olvídate de la exigencia de agradar y estar “porque toca estar”. Empieza a cambio a pensar en cómo estar tú mejor contigo mismo/a y quienes son las personas con quien quieres estar de verdad. Y ponles fecha en tu calendario; ahora o en Enero.

3-      Y si a quien quieres de verdad, no está a tu lado por la razón que sea…: aprende que las personas tenemos la capacidad de albergar al mismo tiempo felicidad y tristeza. Tenemos la posibilidad de ser contradictorios; de sentirnos  felices en una parte de nosotros mismos valorando lo que tenemos y a la vez sentirnos tristes en otra parte de nosotros: la vida son alegrías, ganancias…y también pérdidas y tristezas. En la vida, lo alegre y lo triste bailan juntos, conviven. ¿ Por qué no pueden hacerlo en nuestro interior?

4-       No finjas alegría si no eres capaz de sentirla, pero tampoco hagas de tu tristeza un estandarte: el dolor también forma parte de la vida. Pero no esperes que lo externo sea ideal para ser feliz, empieza a ser feliz con lo que hay. Sentirse bien es un derecho y como tal, conlleva obligaciones. Sé valiente y busca en los delicados pliegues de la vida motivos para tu bienestar y tu alegría.

5-      Recuerda que tú también tienes ilusiones y necesidades dentro de ti:  atrévete a conectar con ellas y darles su espacio. No todo tiene que ser para y por los demás. Lo primero eres tu: tu eres quien necesita llenarse de cariño, alegría, ternura e ilusión ante la vida. Sólo así podrás darlo a los demás.

6-      Conecta con la magia y la belleza profunda de los valores de la Navidad:  Puede que creas o no creas en el nacimiento de Cristo, pero los seres humanos tenemos unos valores comunes que coinciden en el fondo con los de la fe cristiana, aunque se expresen en diferente forma. Repasa qué significan para ti temas como la alegría, la espiritualidad, el compromiso, la generosidad, la bondad, el desprendimiento. Empieza a traerlos a tu vida y llénala de sentido si quiere sentirte realizado y feliz.

7-      Olvídate en lo posible de lo material…y regala a la gente la maravilla de saber por qué son valiosos para ti e importantes en tu vida. Puedes simplemente darles las gracias con una carta personal en vez de tantos whatsaps y videos standarizados e impersonales. Ni te imaginas lo que impresiona que alguien te diga lo que te quiere y por qué te quiere.  

8-      Recurre al humor  y enfócate en lo positivo …para sobrellevar algunas situaciones surrealistas que se producen en las reuniones familiares.  Si te toca al lado alguien que no te cae bien…busca la parte de esa persona que sí te agrada, por minúscula que sea y mantén ahí el foco. O prueba a verte como si te estuvieras viendo a ti mismo en una película o un anuncio. 

9-      Desdramatiza y relativiza: al fin y al cabo, hay muchas personas en el mundo cuya vida sí es un terrible drama. No elijas ser tu una de ellas sin necesidad.

 10: Aprende a “anmistiar” de corazón..porque cuando perdonas a los demás, te liberas a ti mismo.

 

candy bars

 

En definitiva, casi todo se basa en hacerte responsable de ti, para dejar de responder a todo lo que los demás o la sociedad te marcan o te piden. Y en entender qué es importante para ti y conectar con esas verdades que anidan en nuestros corazones y a las que pocas veces damos espacio para vivirlas.

 

Ese es el verdadero espíritu de la Navidad. Que sus síntomas se manifiesten en todos nosotros y tengamos todos una FELIZ NAVIDAD. 

 

feliz navidad bolas

¿A qué aspiras este año?

todos tenemos cosas que queremos solucionar, cambiar o conseguir.  La diferencia está en como actuamos con respecto a ello.
todos tenemos cosas que queremos solucionar, cambiar o conseguir. La diferencia está en como actuamos con respecto a ello.

 

Buenos días. ¿Cómo te encuentras?

Espero que estés feliz, tranquilo/a y lleno de ilusión ante este año que acabamos de estrenar. Yo estoy bien. Con buena energía y llena de entusiasmo para el 2016.

Si el ser humano se caracteriza por algo, es por su capacidad de soñar, de planificar el futuro y construir así nuevas realidades. Lo creas o no, todos llevamos dentro un gen de la superación, de la mejora. Deseamos la felicidad. Y empezar el año con algunos propósitos nos facilita ponernos en movimiento para buscarla. En el fondo, todos tenemos cosas que queremos solucionar, cambiar o conseguir. La diferencia está en como actuamos con respecto a ello.

Por eso, hoy compartiré contigo “mis trucos” y algunos aprendizajes que he ido adquiriendo por el camino en esto de los propósitos para el nuevo año.

La primera consideración es que la realidad es la mejor maestra. Como os comentaba en este post es una buena costumbre hacer un pequeño repaso mental del año que se ha ido. Es difícil mejorar el futuro si no detectamos primero qué es lo que no nos ha funcionado en el pasado. Rectificar es de sabios y casi de continuo necesitamos hacer “reajustes” y cambiar formas de proceder si no nos llevan adónde deseamos, en vista de la nueva información que vamos adquiriendo. A eso se le llama ADAPTARSE y responde a la pregunta ¿qué he aprendido de lo vivido este año pasado?

La segunda clave a considerar es que no te sirve de nada llenar hojas con objetivos que no responden a quien eres. Olvídalo. No vas a cumplirlos. Todos los años me encuentro con clientes que vienen a mí con objetivos que imaginan que les cambiarán la vida. Pero los acaban abandonando por el camino, porque en el fondo, cuando se van conociendo mejor, entienden que esos supuestos “deseos”,  responden más a expectativas que otros tienen sobre ellos (sus jefes, a sus parejas, expectativas de la sociedad) que a lo que ellos realmente quieren. Así que si ya te has planteado tus propósitos de año nuevo,  antes de arrancar, hazte estas preguntas: esto que quiero hacer: ¿para qué quiero hacerlo? ¿qué quiero conseguir? ¿responde a alguna necesidad profunda mía? 

Y por último, te diría que además de pensar en lo que funciona y lo que no para ti y lo que de verdad deseas, tengas en cuenta el camino. Seguro que a estas alturas ya tienes claro que la felicidad no es un destino, es un camino. Es  muy difícil mantener un propósito que no disfrutes llevando a cabo. Si sientes que lo que pierdes por el camino es más que lo que ganas, lo normal es acabar renunciando. Nos llenamos la vida de tareas para conseguir llegar a sitios que luego no nos hacen felices y dejamos de lado nuestro bienestar cotidiano para conseguirlo. ¡Así de complejos somos los humanos! Por eso, ten en cuenta que el principal objetivo es siempre el bienestar. Puede implicar esfuerzo, renuncias… si sientes que con ello estás ganando algo te compensará.  Pero si no existe un factor de motivación interior que compense ese esfuerzo, ese sacrificio…. olvídalo. Táchalo de tu lista, porque sólo vas a conseguir frustrarte. O tienes claro qué te hace disfrutar del camino hacia ese objetivo o acabarás por abandonar, en muchos casos, sintiéndote un poco peor que antes de empezar. ¿Te merece la pena?

 

Y hasta aquí, mis consejos para tus objetivos 2016. Espero que las reflexiones te hayan resultado tan útiles como para compartirlo en tus redes sociales.

 

Si quieres saber más sobre objetivos, te recomiendo estos otros post:

Objetivos smart.

¿ Son tus objetivos tus verdaderos objetivos? : la motivación

¿Qué es lo que SI consigues cuando NO consigues tus objetivos. 

 

Y si  te interesa saber más sobre cuales son mis propósitos para el 2016, la nueva realidad que voy a crear en mi vida y cómo voy a hacerlo, podrás hacerlo en la publicación que haré el próximo miércoles.

¡Que tengas un gran día!

 

caballo en mar

¡Hola! Soy María Díez Coach y con mi blog ofrezco un espacio de encuentro , reflexión vital  y aprendizaje para personas comprometidas con su superación personal, familiar y laboral.

En él encontraras herramientas de inteligencia emocional para transformar los obstáculos  cotidianos  en retos y construirte una vida equilibrada y armónica, llena de fuerza, confianza y pasión. Una vida  a tu medida, que sientas que merece la pena vivir.

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Por favor…¡EDÚCAME!. Pero edúcame BIEN.

"Amar bien implica el deseo de amar cada día mejor"
“Amar bien implica el deseo de amar cada día mejor”

 

Kaixo gurasoak! ¡Hola papa! ¡Hola mamá!

 

En esta segunda carta, me gustaría hablar con vosotros de una palabra sobre la que como niños, sentimos que  muchos padres no han reflexionado lo suficiente antes de traernos al mundo. Esta palabra es EDUCACIÓN.

 

Educación, procede de educar. Un verbo muy hermoso que viene del latín, “educare” y significa “conducir de la oscuridad a la luz”. Aplicado a nuestra relación sería algo así como “llevar a los hijos a luz.”

 

¿Y qué significa ese “llevar a los hijos a la luz”?

 

Seguro que para cada padre o madre significará algo diferente. A mi la opción que más me gusta es la de que me ayudes a “sacar a la luz mis talentos y mi potencial”. Que me ayudes a entender lo que me hace único y diferente, alumbrando, dando luz,  a aquello que ya está en mi interior. Que me ayudes a descubrir mi identidad para poder dar luz con ella al mundo”.  

 

Si… esa es la manera en que deseamos ser educados.

 

Por eso los niños y niñas entendemos que vuestra función como padres no consiste tanto en enseñarnos vuestra manera de ver el mundo,  ni en forzarnos a mirar con vuestra misma mirada la realidad. Sino en ayudarnos para que nosotros mismos la descubramos con nuestros propios ojos y la comprendamos, nos ubiquemos en ella  y la disfrutemos en función de quienes somos. Cada uno a nuestra manera, porque cada uno tendremos cualidades, talentos y aptitudes diferentes.

 

Los dos sabemos que educar a un hijo uno de los mayores retos a los que te vas a enfrentar en la vida. Y sé que requiere de ti como padre o madre,  muchísimo cariño, dulzura,  paciencia, curiosidad, humildad, firmeza….. Y un montón de cualidades más que no sigo, porque no acabo.

 

Pero algo que algunos padres olvidan o les cuesta entender es que educar, también implica aceptación y libertad.

 

Aceptación de la posibilidad de que yo sea diferente a las expectativas que tu como padre/madre puedes tener sobre mi. Aceptación de que desee vivir mi propio estilo de vida y tener mis propias experiencias, por mucho que eso te duela o asuste. Y libertad para poder cumplir ese anhelo.

 

Es terrible para un niño o una niña sentir que sus padres no le quieren, no le aceptan como es. O que no le transmitan el permiso vital básico para construir su propia vida, independiente de la de ellos. Si…todos conocemos a padres que buscan retener a sus hijos a su lado una vez crecen, manipulándoles a través de la culpa y cortando sus alas, hasta hacer de ellos seres débiles, infantilizados y dependientes.  A veces me pregunto porqué no los disecan y los colocan en un rincón del salón…

 

Educarme es uno de los mayores actos de amor que puedes ofrecerme;  implica priorizar mis posibilidades y mi bienestar por encima de tus deseos. Hay que saber amar muy bien y ser muy valiente para conseguirlo. Ese es en el fondo, el verdadero sentido de educar.

 

Por eso, hoy te lanzo esta petición: ¡edúcame!. Edúcame para la posibilidad. Edúcame para la abundancia. Para la libertad. Edúcame para el amor, para la generosidad. Edúcame para la curiosidad y la alegría. Edúcame para ser una buena persona, para ser responsable y comprometido en sociedad. Edúcame para que me haga grande, brillante, consciente de mi propia valía, respetuoso de la valía de los demás. Edúcame para que pueda revertir en el mundo todo lo que yo lleve en el corazón. Porque al final, sólo podemos dar aquello que nosotros tenemos dentro.

 

Edúcame en la aceptación y la libertad, dándome permiso para construir mi propia vida.
Edúcame en la aceptación y la libertad, dándome permiso para construir mi propia vida.

 

No me vivas como una más de tus posesiones. Dame lo que de verdad necesito: amor incondicional, afecto y libertad para que llegue a convertirme en quien estoy llamado a ser.  No me pongas todo tipo de límites y condiciones para quererme. No me inculques  creencias, normas y valores que me marquen cómo debo ser para que me aceptes. No me digas  como debo vivir. No me hagas sentirme querido sólo cuando cumplo con tus expectativas….Olvídate de frases como  “tu serás abogado como tu madre”,  “ un hijo mío no llora” o “ una hija mía nunca se portaría así”. No me hagas convertirme en el adulto que has decidido de antemano que tengo que ser para gustarte.

 

Porque eso no es educar, es condicionar. Y no es que no me quieras si me haces eso. Pero me quieres mal. Porque un querer en el que no hay libertad para el otro, en el que no hay aceptación y en el que tus deseos están por delante de mis necesidades es un querer viciado. Un amor tóxico y discapacitante.

 

No. Eso no es educar. Y eso no es amar. Eso es amar equivocadamente. Y si es así como tú vas a quererme, casi prefiero que no me quieras, porque me harás mucho daño sin que lo sepas y en vez de arrastrarme hacia la luz, me arrastrarás hacia las sombras.

 

Por eso te pido que si no pensaste antes de traerme al mundo en cómo querías educarme, lo hagas ahora. Y aunque ya te ocupas por mi educación, te pido que no bajes la guardia. Que no te pierdas en los detalles de las formas; que a veces, los árboles no te dejan ver el bosque. Llévame siempre en la dirección de la luz.

Fórmate e infórmate, porque educar bien es de lo más grande que hay. Y así  podrás llegar a darme, además de la educación que sabes,  la mejor educación que me puedas llegar a dar.

 

Recuérdalo: educar no es condicionar, no es forzar, no es limitar. No hay buena educación donde no hay aceptación ni libertad para mi.

 

Y amar bien implica el deseo de saber amar cada día mejor.

 

 Y tu: ¿ cómo educas?

¿ como quieres educar? 

¡Hasta pronto!

 Si te interesa este tema y quieres profundizar en él te recomiendo el libro “Amame para que me pueda ir” de Jaume Soler. Un libro maravilloso para aprender a acompañar a los hijos en el arte de convertirse en personas.

Y si eres de los que te gusta aprender experimentando, como a los niños, anímate a venir al taller  “Crianza en armonía: confianza, autoridad y autonomía” que imparto en Donostia el próximo mes de Febrero

 

 

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“Cuando tenga hijos nunca les diré esto”

Educar a nuestros hijos es uno de los compromisos más exigentes que vamos a asumir en la vida.
Educar a nuestros hijos es uno de los compromisos más exigentes que vamos a asumir en la vida.

 

Kaixo gurasoak! ¡Hola papá! ¡Hola mamá!

 

Os hablaba en mi primera carta de cómo educar hijos es el compromiso más exigente que podéis asumir en la vida. Pocos acontecimientos suponen un punto de inflexión tan radical en nuestras vidas como empezar a ejercer de padres. Y una vez que nos adentramos en esa aventura ¡no hay marcha atrás!

 

Sin embargo, ese es precisamente el rol para el que nadie ni nada nos prepara. ¿Qué ironía verdad? Por eso, hoy quiero hablaros de cómo traer la consciencia a la educación, algo esencial si queréis criar hijos sanos emocionalmente, libres e independientes.

 

Por si no los sabíais, os diré que los seres humanos, por defecto, tendemos a repetir patrones. Por eso, cuando tenemos hijos, repetimos las palabras, los gestos y las actitudes que vimos en nuestros propios padres. Reproducimos inconscientemente, la relación que ellos tuvieron con nosotros. 

 

Cuando hemos tenido un modelo de padres que nos gustó, nos suele parecer suficiente. Pero no lo es, porque la vida ha cambiado tanto que resulta casi imposible educar con las referencias de entonces a los hijos. Basta con mirar  a las circunstancias que vivieron vuestros propios padres y  compararlas con las nuestras para entender lo complejo de la situación. Y todavía resulta más difícil si no vivimos  un modelo satisfactorio de relación con los padres. En estos casos hay dos opciones: por una parte, como el ser humano actúa en movimiento pendular, lo más habitual es  que nos vayamos al extremo opuesto de lo que recibimos para expresar nuestro rechazo. De ahí que los que han sido educados en modelos muy autoritarios tiendan a educar en la permisividad excesiva. La otra opción es  quedemos anclados repitiendo de forma inconsciente el patrón recibido.De ahí que tantas veces te encuentres pensando “esto no es lo que yo quería /pensaba o deseaba para la relación con mi hijo” o “me parece estar escuchando a mi madre/ padre cuando hablo así”

 

Y así,  muchas veces nos encontramos haciendo frente a situaciones de mucho calado vital sin apenas referencias ni recursos.  Y más si sobrellevamos la crianza de nuestros hijos sin el apoyo de una pareja.

 

La educación afectiva de un niño marcará su vida como adulto.
La educación afectiva de un niño marcará su vida como adulto.

 

¿Qué podemos hacer en estas circunstancias? ¿Cómo podemos “descodificarnos” y romper esa ejecución mecánica de la paternidad/maternidad? ¿Cómo pasaremos de ser padres “sin consciencia” a ser padres conscientes y podremos atender las necesidades emocionales y afectivas de nuestros hijos con éxito?

 

Para que lo sepas, el camino empieza en ti; no hay otra vía que echarte primero un vistazo a ti mismo/a. Aunque nos cueste creerlo,  todo empieza por uno mismo: para poder ser un buen/a padre/madre, debes contar primero con la capacidad de disfrutar tu mismo/a de una vida equilibrada y plena. Porque antes de dedicarte a atender emocionalmente a tus hijos, hay unos mínimos que necesitas haber atendido en relación a ti. Sólo así podrás asumir tu nuevo rol de forma madura y responsable.

 

A partir de ahí, el siguiente paso, será empezar a hacerte preguntas tales como:  “¿qué significa/implica/ conlleva para mí criar y educar un hijo? ¿ En qué consiste? ¿Qué quiero darle? ¿Con qué quiero ver dotados a mis hijos una vez les toque separarse de mi? “

 

Es curioso como a pesar de que el ser padres resulta uno de los mayores milagros biológicos y uno de los dones más preciados de nuestra existencia, muy pocas personas le han dedicado un cierto esfuerzo a plantearse cuestiones tan esenciales como esas antes de traer un hijo/a al mundo.

 

Paternidad/maternidad consciente se refiere a haber reflexionado  sobre cómo queremos educar a los hijos y haber elegido el modelo de madre o padre que quieres ser, sin dejarte arrastrar por lo que va surgiendo en el momento. Supone comprender aspectos como los  valores quieres transmitir a tus hijos y cómo quieres trasmitírselos. Y a partir de ahí, buscar cómo actuar de una forma lo más congruente posible.

 

Recuerda: asumir el rol de madre/padre de forma madura y responsable, requiere autoconocimiento y cierto esfuerzo. Nadie nace sabiendo. Pero puedes esforzarte y mejorar aprendiendo.

 

Y tú: ¿qué esperas para ponerte a ello?

 

 

Que disfrutes un gran día.

 

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Aprendiendo del año que acaba

foto nieve modificada

 

¡Buenos días! ¿ Cómo estáis? Estamos ya en el día 364 del 2015…. ¡es cuestión de horas que se acabe el año!   365 días. 8.760 horas que vamos a dejar definitivamente atrás.

 

Seguro que a vosotros, igual que a mi, os han dado para muchas vivencias y muchas experiencias. Y para muchas emociones, muchos encuentros, desencuentros y momentos que sin duda nos han marcado. Aunque en los aspectos profundos permanezcamos inmutables, seguro que en algún aspecto de nuestra personalidad se ha producido un cambio, una evolución. No somos exactamente iguales a quienes éramos al arrancar este año. ¡Y menos mal! Porque una persona anclada en su vida y su forma de ser, que no se cuestiona, ni explora, ni experimenta, ni aprende y no se transforma ni evoluciona, que siempre está igual, con las mismas cosas que contar, me aburre hasta el infinito y más allá.

 

¿Mejores o peores? Depende. En función de lo que cada uno hayamos elegido  en nuestro día a día, este año vivido nos habrá llevado en una u otra dirección. Esa es la magia: nada está determinado por adelantado y siempre podemos elegir la respuesta ante lo que nos ocurre: podemos optar por actitudes que nos hagan crecer y brillar un poco más o por actitudes que nos lleven a sufrir (y generar así más sufrimiento),  encogernos y brillar un poco menos. Nosotros elegimos.

 

Por eso y antes de que arranques con tus deseos y propósitos para el 2016,  hoy quiero invitarte antes a hacer un balance de 2015. Sé que puede parecer aburrido porque lo que nos encanta es emborronar hojas con planes de futuro, buenos propósitos y objetivos. Nos gusta muy poco volver la vista al pasado. Sentimos que el futuro está lleno de magia, de posibilidades esperando materializarse…y soñamos que el 2016 nos traerá nuestros sueños un poco igual que soñamos que nos tocará la lotería…por azar, por fatum o simplemente,  porque toca.

 

Olvídalo. Las vida no funciona así, salvo en muy raras ocasiones.

 

Lo cierto es que resulta imposible construir nada nuevo si no extraemos antes el aprendizaje de lo vivido.  Si no extraemos las claves de esas experiencias y las transformamos mediante reflexión, en sabiduría. Es necesario apartarse por un momento de la vorágine, coger perspectiva y reflexionar sobre lo visto y lo vivido para aplicarlo a nuestras vidas si queremos evolucionar y tener opciones de actuar de forma diferente y obtener resultados diferentes en nuestras vidas, nuestros trabajos, nuestras relaciones…Algo que cada vez parece más en desuso ya que vivimos en una sociedad que nos lleva a estar continuamente proyectados en el futuro, pero sin darnos tiempo a reflexionar para extraer ese valiosísimo aprendizaje. Esa preciada sabiduría. Y así nos va como nos va muchas veces, que andamos como pollos sin cabeza o vacas sin cencerro.

 

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Por eso, antes de que llenes tu libreta de propósitos y objetivos para el año que empieza, te invito a coger papel y boli y hacerte algunas preguntas:

1-      De lo que te propusiste para 2015: ¿Qué has conseguido? ¿Qué ha hecho posible que lo consiguieras? ¿Qué falló si no lo conseguiste? Aunque no hayas conseguido el 100%, apunta aunque sea el 5% de lo que SI conseguiste.

2-      Dentro de lo que sientes que NO conseguiste ¿hay aspectos “intangibles” como  por ejemplo objetivos que no estaban definidos como objetivos (ver más aquí)  que pueden considerarse valiosos?

3-       ¿Ha habido acontecimientos significativos con los que no contabas, que de alguna manera cambiaron tu forma de percibir la realidad o estar en ella?

4-      Y ahora, un par de listas muy sencillas: ¿qué ha funcionado para ti en 2015? y ¿qué no ha funcionado?

 

Si no tienes costumbre de este tipo de ejercicios, te aconsejo que lo vayas marcando mes a mes, como hacen el los telediarios. Retroceder hasta Enero de este año puede ser todo un reto, pero es un buen ejercicio, ya que ayuda a despedirnos y cerrar ciclos. Y nos hace ser más conscientes de cómo pasa la vida y el lugar que ocupamos en ella.

 

También puedes hacerlo en función de las diferentes áreas de tu vida: familiar, profesional, personal.

 

De ahí, podrás extraer lo que sí quieres/ no quieres para 2016 y utilizarlo como una guía de propósitos vitales que orienten tus acciones y te sirvan de norte a la hora de ir a por tus objetivos. 

 

No tengas miedo a mirar hacia atrás por un momento. Aunque te parezca que pasan los años y pocas cosas cambian, recuerda que siempre tienes opción para decidir un nuevo inicio. Siempre puedes tomar AHORA la decisión de hacer realidad un nuevo futuro o algún sueño. Y siempre puedes elegir cambiar por dentro, que al final, es la única forma sostenible para poder cambiar por fuera.

 

El futuro es genial, siempre prometedor. Pero sin un mínimo ejercicio de reflexión y compromiso  por tu parte, es probable que acabes volviendo a los “viejos patrones” y los “hábitos cómodos” que has adquirido y con los que sueles moverte.

 

En unos días, el año próximo, tocará pensar en cómo trazar un plan, en cómo convertir en objetivos esas cosas que quieres cambiar. Pero ahora, toca primero entender qué ha fallado y saber qué debes celebrar.

 

Recuerda: DENTRO DE TI, ESTÁN TODAS LAS POSIBILIDADES.

 

Que tengas un gran día y acabes estupendamente el 2015.

 

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Crianza en armonía:inteligencia emocional para padres y madres.

niña con bolso preparada blog

 

 

Kaixo gurasoak!!! ¡Hola papa!! ¡Hola mamá!!!

 

Esta es la primera de las cartas que os voy a escribir en las próximas semanas para hablaros de temas muy importantes para mí. Por ejemplo, qué necesito de vosotros como padres. O cómo me hacéis sentir en ocasiones. Qué pasa por mi cabeza a ratos. Qué preocupaciones tengo. O qué actitudes vuestras me ayudan a crecer como persona y sentirme más confiado e independiente. Y cuales me limitan y me frustran.

 

Sé que nos es NADA fácil para vosotros ser padres. Al contrario. Agradezco la generosidad y valentía que habéis tenido al traerme al mundo. Aunque la experiencia de tener un hijo es maravillosa y no puede compararse con nada, también conlleva muchas preocupaciones para vosotros. Para toda la vida.

 

Porque vais a querer verme fuerte, seguro y alegre. Y os preocupará que esté bien preparado para la vida. Que pueda vivir bien. Haciendo lo que me gusta, sin preocupaciones graves y disfrutando. Primero en el cole y luego en el trabajo, cuando tenga que ganarme la vida.

 

También os va a preocupar que tenga recursos personales para superar las dificultades. Y que sea una buena persona. Pero sobre todo, intentareis que sea feliz. Lo más feliz posible. Y vais a hacer todo lo que esté en vuestras manos para conseguirlo. Lo sé. Aunque a veces, no sea lo más adecuado o acertado. Pero lo haréis de corazón.

 

Lo digo porque me queréis mucho. Muchísimo. Incluso diría que más que a nada en el mundo. Tanto que a ratos, hasta os duele.

chico satisfecho de si mismo

Lo malo es que a veces, querer mucho, no significa querer bien. Y aunque sintáis la necesidad de ayudarme a desarrollar mi confianza, mi autonomía y mis capacidades, no siempre podréis hacerlo como hubierais querido o como sería más adecuado. Y sufriréis por ello. Eso es lo que tiene querer tanto. Amar siempre es arriesgado, porque nos implicamos. Nos hace vulnerables. Y puede doler.

 

Ya ves que aunque soy pequeño de tamaño, no soy tonto y sé muchas cosas. Tengo mucha información dentro de mí, que tu no tienes y que a veces, no puedo expresar como y cuando quisiera. Por eso y  para que nuestra relación sea todo lo maravillosa que se merece,  he decidido compartir contigo algunas de mis reflexiones. Por si pueden ayudarte a conectar conmigo, entenderme mejor y ponerte en mi lugar.

 

NO quiero decirte cómo tienes que hacerlo. Porque lo primero que tienes que entender es que YA lo estás haciendo bien. Pero quiero que reflexionemos juntos y estemos abiertos a explorar diferentes opciones y posibilidades, para que mi desarrollo afectivo y emocional sea lo más rico posible. Como tú deseas.

 

NO desde las soluciones estereotipadas, sino desde la curiosidad, desde la fascinación  y la ruptura del tópico y la visión simplificada. Porque tú y yo no somos simples. Somos ricos y complejos en nuestra emocionalidad.  Y te aseguro que nuestra relación, va a ser de todo, menos simple. ¡¡¡¡Sobre todo cuando sea adolescente!!!

adolescente color pensando

 

Necesitaremos aprender cuales son nuestras necesidades como padre/madre e hijo/a.  Y también como personas completas, por separado.

Necesitaremos aprender cuales son nuestras diferencias y cómo convivir con ellas desde el respeto, sin que sean motivo de separación sino de enriquecimiento y alegría. Y necesitaremos aprender a construir una relación mágica y armoniosa. Una relación que nos potencie a ambos y nos dé alas para volar muy alto. Primero juntos. Y luego, por separado. Sabiendo que el vínculo que hemos creado no se romperá jamás. Y siempre podremos contar el uno con el otro.

 

 ¡Anímate! Anima zaitez!

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¿Cualquier tiempo pasado fue mejor?- Salir del laberinto de la melancolía

¿Cualquier tiempo pasado fué mejor?
¿Cualquier tiempo pasado fué mejor?

 

En esta última semana me he encontrado en dos ocasiones con la palabra melancolía. Ambas, hablando con amigos que aprecio y que me han confesado sentirla. Esto me ha entristecido, porque sé lo insidioso que es ese sentimiento. Aunque ya no la sufro, no hace tanto que todavía tenia un corazón de niña perdida y necesitada de amor que erróneamente, buscaba fuera de mí. Y recuerdo como mis días se teñían de gris, mientras  rebuscaba en el pasado algo, una felicidad inconcreta, que ni siquiera sabía qué era, cuya falta me hacía sentir incompleta en el presente.  Es como un laberinto, en el cual das vueltas y más vueltas, sin encontrar la salida. ¡Cuánto sufrí por ese sentimiento de ausencia, volcada en el recuerdo de los felices tiempos pasados!

 

Todos sabemos que la melancolía se manifiesta como una rememoración de viajes, momentos, personas o experiencias que nos hacen pensar y sentir que “cualquier tiempo pasado fue mejor”.

 

En este caso, todo empezó con un  “¿Recuerdas María, cuando salíamos juntas los sábados?”. Y al ponerse a evocar mi amiga aquellos  “felices años de la universidad” y mostrarme su añoranza, surgió como vive el presente a la sombra de la melancolía. Lo que resultó curioso, es que al contrastarlo conmigo, salió a la luz que el recuerdo que yo guardaba de aquellos años, menos feliz, era de todo. Cierto, era sencillo vivir en casa de nuestros padres, sin otra obligación ni dedicación que nuestros estudios. Sin embargo, tuvimos un par de profesores en cuarto y quinto de carrera,  que nos hicieron la vida imposible. Y a ella, más incluso que a mi. Desde no publicar las notas y negarse a comunicarte los resultados del examen si no pasabas por su despacho, hasta darle a otra persona una beca largamente anhelada y para cuya obtención mi amiga trabajó como una negra, quedándose a veces hasta las 2 de la mañana en el laboratorio. Yo guardo un recuerdo pavoroso de aquellos años, en que sentía que daba igual cuanto me esforzase o estudiase porque entendía que mis resultados quedaban sometido al  arbitrio de un docente déspota, que hacía lo posible por minar tu moral, como si le importase más que no terminases tus estudios, que la satisfacción de impulsarte a través de sus conocimientos para salir como un profesional bien formado al mercado de trabajo.

 

Cuando le recordé aquello, mi amiga se sorprendió. Me dijo haberse olvidado totalmente de aquellos dos profesores que tanto daño le hicieron y recordar sólo cómo los sábados nos poníamos guapas y salíamos a tomar algo, soñando sobre nuestro futuro frente a unos carajillos estupendos  en un bar irlandés que estaba muy de moda. O aquellas cenas que solíamos organizar con algunas amigas y un grupo de chicos filósofos, con los que solíamos mantener encendidos debates intelectuales, pero donde nunca nadie llegó a nada más a pesar de nuestros exuberantes 22 años.

 

Esa es la trampa de la melancolía: mantenernos con la atención fija en el pasado, buscando algo que sólo existe en nuestra mente. Nos hace cambiar lo real por lo irreal, ya que está demostrado que las personas tienden a recordar su pasado borrando de su mente los hechos y emociones desagradables.

melancolía

Y ¿por qué aparece la melancolía?

 

La respuesta es sencilla: es una llamada de atención de nuestra psique cuando no aceptamos nuestro presente. Denota que  no estamos EMOCIONALMENTE   satisfechos con nuestra vida. Y destaco la palabra “emocionalmente” porque racionalmente, sabemos que no tenemos razones para quejarnos. La melancolía no es propia de personas con fuertes carencias económicas o materiales o situaciones vitales dramáticas o precarias. Es más característica de personas con su vida más o menos acomodada y resuelta. Sufrir por algo que uno no puede tener, como es el pasado, es una forma de dolor permitido.

 

También aparece como respuesta a miedos, como puede ser el miedo al paso del tiempo, el miedo a envejecer.

 

En el caso de mi amiga, recuerda como en aquellos tiempos, todo estaba por venir, por vivirse. Nuestras vidas eran todavía lienzos casi en blanco, donde había pocas pinceladas. Todo estaba por explorar, todo estaba por dibujarse, por escribirse: era una etapa de posibilidades infinitas y escasa responsabilidad personal. Lo contrario de ahora, donde nuestras vidas ya están más o menos encauzadas y habiendo rebasado el meridiano de la vida, se ha cubierto la mayor parte del lienzo.

 

Pero en el fondo, se trata de lo mismo: la melancolía saca a la luz una carencia (normalmente más afectiva que material) de nuestra vida. Muestra una insatisfacción con lo que tenemos. Es una no aceptación total de nuestra vida presente. Porque si nuestra vida es plena, si los colores con que pintamos nuestro lienzo, son hermosos y alegres  no sentimos la necesidad de aferrarnos al pasado.

 

Por eso, la forma de combatir la melancolía siempre tendrá que ir orientada a buscar qué es aquello que añoramos AHORA en nuestras vidas.

 

¿Qué carencia estamos sintiendo en nuestra vida? Ahí es donde debemos abandonar ese dolor “cómodo” y ejercer la responsabilidad personal de atrevernos a explorar y cambiar lo que no funciona.

 

Lo repito: la salida al laberinto de la melancolía, es crear AHORA las condiciones para que nuestra vida sea rica y valiosa. Una vida que merezca la pena vivir. Puedes volver al pasado para entender qué es lo que buscas o añoras (despreocupación, humor, alegría, vitalidad, ilusión….).  Pero sólo si es para traerlo a tu vida presente.

raton en laberinto

 

Como experta en sentirme melancólica que he sido, te digo que la única salida a la melancolía es esforzarse por disfrutar un día a día rico y satisfactorio. También te ayudará mucho estar en contacto con tus emociones, entendiendo la información que te proporcionan. Y por supuesto, el  adquirir destrezas y desarrollar actitudes personales como:

–          ser capaz de revisar nuestras expectativas con un enfoque positivo: enfocándonos en lo que tenemos más que en nuestras carencias.

–          Trabajar el agradecimiento: bien se dice que no sabes lo que tienes, hasta que lo pierdes. Imagínate si te faltara alguna de las cosas que tienes (tus hijos, tu pareja, la salud, el trabajo)  y aprende a sentirlas más. Cada beso que das, cada vez que te pones en pie, cada vez que comes, que vas a trabajar. Toma  momentos al día para hacerte más consciente de ello y maravillarte por el privilegio de cuanto hay en tu vida.

–          Entender que tú diriges tu vida y te corresponde en exclusiva el privilegio de ser artífice de ella. Tú pintas tu lienzo, tu eliges los colores.

–          Aprende a amarrar tu vida a ti mismo, a tus metas. No a personas u objetos que pueden acabar desapareciendo.

 

De lo contrario, puede que te pase como a Sabina, en la canción que dice “vivo, en el número 7, Calle Melancolía. Quiero mudarme hace años, al barrio de la alegría…. Pero siempre que lo intento, ha salido ya el tranvía”.

 

Recuerda que el traslado sólo depende de ti: sólo tú puedes levar las anclas del pasado, para no perderte el presente.

 

Y aunque sé que tienes la capacidad y fuerza personal de hacerlo por ti mismo/a, si lo deseas  yo puedo acompañarte y darte apoyo en el viaje. El caso es que no perdamos vida metidos en el laberinto de la melancolía. Y si lo hacemos, que sea para aprender a no volver a atraparnos.

 

Y tú: ¿Cómo andas de disfrute en tu presente?

 ¿Te quedas en la Calle Melancolía o te mudas a la de la alegría? 

¡Hola! Soy María Díez Coach y con mi blog ofrezco un espacio de encuentro vital, reflexión y aprendizaje para personas comprometidas con su superación personal, familiar y laboral.

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Vinieron las lluvias: al mal tiempo, buena cara.

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Algo bulle en Donostia – San Sebastian estos días y  os aseguro que no es por el Festival Internacional de Cine, que está en pleno apogeo con la llegada de estrellas  como Siena Miller.

 

No. La efervescencia que noto en las personas que me rodean es mucho menos “glamourosa”. Está relacionada con uno de los temas favoritos del los donostiarras: la climatología. ¿Cómo podría ser de otro modo?

 

Y es que anteayer entró viento del noroeste y por aquí, ese viento trae bajada de temperaturas y lluvia. Así que los relumbres del verano se van apagando y volvemos a la siempre gris y húmeda Mordor – Donosti City, como yo la suelo denominar con una mezcla de cariño y guasa.

 

Y con el retorno de las lluvias y la entrada del otoño, parece que se la ciudad se anega en una marejada de lamentaciones. Os aseguro que al menos la mitad de los habitantes se contagian de un virus generador de desasosiego y malestar. Se reconoce rápido, porque apenas te encuentras con alguien, justo detrás del “hola”, “kaixo” o “buenos días”, te suelta el “¡qué horror de tiempo!” o bien “jooo ¡qué tristeza! ¡menudo asco de tiempo!” o bien “uff!!! ¡qué pereza otra vez el otoño”.

 

 

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Pero si hoy he decidido escribir sobre algo que en sí parece más bien anecdótico, es porque en el fondo, lo percibo como uno de los grandes males de nuestros tiempos. Cuando escucho estas quejas frecuentes y oigo a la gente hablar de la tristeza que les provoca la lluvia, la pérdida de luz y el otoño, no puedo evitar sentir que en muchos casos, estos sentimientos son la punta de un gran iceberg de insatisfacción vital.  Si. Sé que la luz nos afecta. Y los cambios de estación. Y puede que me equivoque, puede que no sea para tanto. Pero hay algo en mí  que se rebela cuando escucho a la gente quejarse del tiempo. Y quejarse, y quejarse y quejarse. Como si todos trabajaran el campo y su fuente de sustento dependiera del tiempo que hace. Como si sus vidas quedasen arrinconadas o en suspenso durante estos meses de otoño e invierno, aletargados a la espera de una nueva primavera. Como si no hubiera cosas más importantes, de más peso y mayor calado en sus vidas.

 

Quizás no tenga mayor importancia, quizás soy en exceso susceptible…pero creo que no hace falta tener una intuición de coach para sentir cuanta falta de pasión, cuanta falta de propósito vital y cuanto aburrimiento y rutina se esconden bajo toda esta queja continua y reiterada en determinadas personas. Y sobre todo, cuanto autoengaño. Cuanto mirar de lado y no querer hacerse responsables de los verdaderos problemas con los que viven.

 

¿Cuales son? Supongo que hay cientos. O miles. Una casuística enorme. Pero en su esencia, podrían resumirse en estos pocos que aquí te detallo.

 

¿ quizás te reconoces en alguno?

 

1-      no te apasiona tu trabajo. Y ni siquiera te atreves a reconocerlo. O bien lo reconoces, pero no haces nada por cambiarlo. Así que la triste perspectiva de estar metido de lleno en él hasta las siguientes vacaciones, te mata, te apaga. Te corroe. Si…lo sé. Es horrible estar en un trabajo que nos asfixian, donde nos sentimos muertos en vida.

2-      No consigues disfrutar del presente. Los días se encadenan unos con otros iguales, monótonos y aburridos. Sin ningún aliciente. Sin nada que los haga diferentes.

3- Tu vida no tiene otros horizontes ni a corto ni largo plazo que no estén relacionados con el ocio y la diversión inmediata. No conoces aspectos emocionantes e increíbles de las personas como la satisfacción personal por quien eres, por tu impacto en el mundo y lo que entregas a los demás. Aspectos como la belleza de amar profundamente y ser amado o la elevación de crear, inventar o admirarte con lo que te rodea y sentirte agradecido por las cosas más pequeñas.

4-      No tienes suficiente tiempo libre en tu vida y por consiguiente, tu vida no está equilibrada.  Tiempo para tu familia, para tus amigos. Para la creatividad o el doce far niente. O para reciclarte, aprender y desarrollarte. Y volverte cada vez más valiosa para tu profesión y para los que te rodean. Para lo que quieras. Lo mejor de tu vida, se lo das al trabajo ( aunque no quieras) o a personas que te chupan la sangre como vampiros energéticos. O bien tienes tantas obligaciones y tareas, que vas corriendo de una actividad a otra con la lengua fuera, hasta caer rendida por la noche sin haber disfrutado de un solo momento de bienestar en exclusiva para ti.

 

¿Te suena alguno de estos problemas?

¿Son ellos o el otoño y las lluvias lo que hace que vivas con el corazón caído?

 Claro que no son ellos. Que eres tu. Y duele reconocerlo. Y te avergüenza. Pero hay una parte positiva en ello. Porque si tienes la valentía de mirarlos de frente,  cada uno de estos aparentes problemas, encierra una invitación para ti.

 

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Por ejemplo, este mismo año he trabajado con una cliente que tenía claro que no quería dejarse la vida en un trabajo sin perspectivas de futuro. Donde nunca tenía otros medios para hacer bien las cosas que trabajar mil horas sin recompensa alguna. Desmoralizada y desgastada, sentía que el trabajo acababa con ella. Acudió a mí buscando un cambio, una posición profesional  más apasionante y divertida para ella y para su familia. Ahora está al frente de su propio negocio familiar.

 

También puedes aprender a prestar atención a tu tiempo. Pensar en lo que realmente te importa y trabajar en dedicarle tu atención un poco más cada día. Vivir de forma cada vez más congruente con quien eres, llevándolo a cada acción cotidiana. Es un tema que me apasiona y que trabajo en sesiones de coaching y mentoring.

 

Y puedes trabajar en entender si tú llevas el volante del coche de tu vida y hacia dónde se dirige la carretera que sigues. Y entender si ese camino es lo que tu sientes adecuado para tu vida. Y sino, opta por cambiar el rumbo.

 

Ten un poco de imaginación para convertir cada día en una grata experiencia. La vida puede ser apasionante cualquier día de la semana. Incluidos los lunes. Busca actividades que te nutran, cosas nuevas, momentos mágicos. Recuerdo con especial cariño una época en que los lunes acudía a clases de arte y luego al salir, iba a un bar cercano a picar algo con las compañeras que conocí allí. Por aquel entonces, el lunes era de mis días favoritos.

 

No te resignes. No te apagues. No pases planeando sobre la vida. Si te sientes vacío o infeliz en algún aspecto, busca  volar un poco más alto para alcanzar una posición laboral, personal o profesional más apasionante, divertida o interesante. O que te produzca mayor satisfacción personal. Sólo tienes que decidirte, dar el primer paso. Y ponerte a ello.

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Vamos…el otoño y las lluvias no tienen la culpa. Si. Es cierto. La lluvia es incómoda, molesta. Pero no es ácido sulfúrico. No te deshace, no te mata.  Pero la falta de horizontes, las relaciones vacías, los trabajos que te aburren o el vivir estresado, sin sentirte dueño de tu tiempo y sin retos,  ni desarrollo personal, son como  una muerte en vida.

¿Hace cuanto tiempo que te falta ilusión, alegría o humor? ¿Hace cuanto tiempo que no juegas a dejarte empapar por la lluvia? Si. La lluvia moja. Pero  también limpia, alimenta,  revitaliza. Y el otoño está aquí no para entristecerte y que te enclaustres, sino para recordarnos la fugacidad de la vida e invitarte a que la vivas, la disfrutes y la aproveches. Introduce ilusión, un poco de chispa, un poco de locura en tu vida.

 

Está en tu mano cambiarlo todo en tu vida y empezar a crear la vida en la que crees. Está en tu mano decidir cómo serán este invierno y este otoño. Está en tu mano aupar tu corazón. Y yo estaré aquí para acompañarte y apoyarte en el camino que decidas crear y recorrer.

 

 

 Y tú: ¿qué cara le vas a poner este año al mal tiempo?

 Como despedida, hoy os dejo más abajo la historieta de lo que me ocurrió ayer con la lluvia, convirtiendo el inicio de este otoño en un momento encantador,  de puro absurdo.

 

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Aquí me teneis ayer tarde, saliendo para un tour de pintxos, acompañada por mi bolso de gato.
Aquí me teneis ayer tarde, saliendo para un tour de pintxos, acompañada por mi bolso de gato.

A pesar de que el viento era desapacible y todo el mundo decía que hacía malísimo, lo cierto es que no llovió en toda la tarde. Y a mi me pareció que la temperatura era estupenda así que decidí que nada de botas de invierno, ni vaqueros. ¡A mi me va a asustar un poco de lluvia! ¡Al mal tiempo hay que plantarle cara! Por eso, me puse vestidito y zapatitos de salón.

Todo fue bien hasta que regresaba a casa caminado por el Paseo de La Contxa. Y justo cuando estaba en la mitad del Paseo, sin posibilidad de buscar refugio,  me cayó una tromba que no os lo podeis “de creer”. En menos de un minuto, me quedé empapada.  Me entró agua en los zapatos,  así que me resbalaba dentro de los mismos , resultandome por ello complicado avanzar rápido. Y para colmo de males,  comencé a notar como los tacones me agudizaban las agujetas del retorno al gimnasio (que hasta ese momento no había notado), de forma que casi no podía ni avanzar.

Esos inesperados y nimios incidentes, hicieron que  me encontrara “atrapada” en medio del diluvio universal, sin poder escapar a la chaparrada. Me sentía totalmente absurda.  Y no tenía  demasiadas  opciones para salir de allí. La primera, pasaba por quitarme los zapatos y caminar descalza para ir más rápido, rezando por no pisar un cristal, ya que de noche no veo tres en un burro. La segunda (que fue la elegida) era nano- avanzar a pasito de geisha, como si no tuviera prisa alguna, mientras me caían encima chuzos de punta. Así lo hice. Pero al imaginarme la imagen tan patética que ofrecía, empapada como una marsopa y caminando como una geisha bajo una lluvia torrencial,  me atacó una risa irrefrenable, agudizada por los txakolis que me había tomado durante el tour, ralentizando aún más mi paso.  La verdad es que no podía parar de reírme ante lo grotesco de la situación y lo ridículo de todo el conjunto de circunstancias.

Enfin….Que llegué a casa hecha una sopa, pero la impresión de esa lluvia todavía permanece en mi corazón. Y mientras escribo esto, todavía parece que me caiga encima y me esboza una sonrisa.

 

Que tengas una gran semana y te “caigan muchos chaparrones” .

 

 

Objetivos 2015: Nuevos horizontes, nuevos paisajes, nuevas cimas.

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Las personas olvidamos demasiado a menudo que  necesitamos desacelerar y pasar temporadas tranquilos si queremos  afrontar con energía renovada el nuevo ciclo de expansión y crecimiento que traerá la primavera. Por eso, esta primera mitad del invierno,  la he pasado en lo posible  con mi mente y mi cuerpo en “barbecho”. Este recogimiento invernal, me ha permitido  elegir a conciencia las semillas que voy a plantar para hacer florecer aún más mi jardín interior y cosechar aquello que deseo para mi futuro profesional y personal: ya tengo listos mis objetivos para el 2015. Hoy los comparto con vosotros,  poniendo en  práctica lo que hablábamos en el post anterior.

 

Algo que he vivido de forma diferente en esta ocasión, es que a base de trabajar con el tema de los objetivos, tanto personalmente como con mis clientes, entiendo cada vez más el valor de unos buenos objetivos: son VITALES para quienes tienen una clara dirección y quieren moverse hacia un lugar mejor. Sólo ellos nos permiten avanzar con  control completo de nuestras acciones,  sin esperar que la felicidad llegue caída del cielo. Y si a esto le sumamos un buen manejo de las emociones para ir disfrutando del camino, es ya la bomba.

 

Quizás por eso me ha costado este año más que nunca definir mis objetivos: esta vez he valorado muy mucho qué iba a recoger en el papel. Qué acciones iba a incluir y cuales no, porque a veces, tendemos a escribir objetivos sin ton ni son, dando a todo valor de importante y sin entender que si lo priorizas todo, no estás priorizando nada.

 

¿Recordáis como comentábamos que nuestros objetivos debían guardar coherencia con nuestras aspiraciones más profundas y cimentarse en nuestros valores?  Bueno, pues los míos se apoyan en continuar viajando y explorando: externamente en lo posible, pero sobre todo internamente, para compaginarlo con mí proyecto profesional y mi situación personal. Y también en vivir una vida de continuo aprendizaje y  disfrutar más de los míos y del increíble regalo de la vida.

 

Quiero continuar descubriendo nuevos horizontes con mi proyecto profesional. Y continuar con el camino de superación personal que emprendí hace años, coronando nuevas cimas. Le he cogido el gusto a esto de “escalar montañas” que me convierten en alguien más fuerte, más completo y capaz. Y más feliz. Y sé que todavía me quedan elementos de auto-conocimiento por descubrir, nuevos paisajes personales. Eso no se agota nunca para personas que como vosotros y yo, estamos en continua evolución.

 

Así que después de escribir todos mis objetivos en una hoja y sopesar y valorar muy mucho qué siento que es vital para mi este año, he elegido los siguientes:

 

A nivel personal mi foco está puesto en validar si todo lo que he aprendido en este largo “Viaje del héroe” está bien interiorizado. Necesito comprobar si ahora que he vuelto al hogar, la transformación que he vivido es efectiva y sostenible en un entorno cotidiano.  Y la prueba más clara de ello será lo que antes era uno de mis puntos débiles: ser capaz de poner límites desde la tranquilidad y el respeto a mi misma. Tanto en el empleo que me da de comer, mientras desarrollo mi proyecto profesional de coaching, como a nivel de relaciones interpersonales.

 

Creo que es una de las  últimas grandes cimas que me falta por conquistar, para convertirme al 100% en la persona que buscaba ser.

 

La otra cima, tienen que ver con disfrutar más del camino. Estos últimos años, han sido más parecidos a “querer escapar” de una vida que no aceptaba y en la que no era capaz de sentirme feliz, ni plena. Así que necesitaba “hacer muchas cosas” para construirme un “traje” social que resultase más “atractivo” para poder auto-valorarme. Ello me ha provocado mucha sensación de desequilibrio, ya que he vivido muy volcada para mi proyecto profesional de coaching, afín de escapar de un empleo que ya poco tenía que ver conmigo, por su contenido y las circunstancias que lo rodean. Por suerte, he luchado duro por aprender a sentirme bien. Y lo he conseguido. Ya no necesito “llegar a otro lugar como sea, ni salir del que estoy a toda costa”.

 

Así que puedo permitirme ir con más calma y disfrutando de cada paso que doy.  No es un drama ir a trabajar a la oficina cada día, porque lo he liberado de la carga emocional que me suponía estar allí. Y además cada vez disfruto de mayor confianza en mi proyecto profesional. Aunque no me procure aún suficiente independencia económica  para independizarme, me está mostrando aspectos fascinantes de mi misma y capacidades que no sabía casi ni que tenía, haciéndome gozar con lo que hago. Vamos, que me estoy literalmente enamorando de mi capacidad para desarrollar mi proyecto ahora que cuento con el apoyo de un mentor que me orienta con mi plan de negocio.

 

Al final, todo esto, va de “en quien nos convertimos al salir a conquistar esa vida que deseábamos”. Si la conquistamos o no….es lo de menos. Los buenos viajeros no coleccionan destinos, sino que tan sólo disfrutan del proceso de viajar. ¿No os parece?

 

Y mi último objetivo, es poner orden en “mi casa”, abandonada después de tanto tiempo de viaje. Traer el orden interno conquistado, al exterior. Necesito prestar atención y tiempo a mis cosas y a mi madre, que se ha hecho mayor. Quiero disfrutarla. Hay además previstos viajes, escapadas…más formación en coaching. Y bastantes cosas más.

 

No entro a detallaros las acciones con sus plazos y demás que acompañan estos objetivos, o me eternizaría. Y no os aburro con los objetivos profesionales, de otro modo, no acabaríamos nunca.

 

Pero si quiero  recordaros que hay algunas preguntas claves que debéis haceros con cada acción que pongáis sobre el papel:

-¿esta acción en qué sentido me acerca o me aleja a mi objetivo general? ¿ está alineada con mi objetivo?

-¿en quién me convertirá llevar esto a cabo?

-¿qué espero obtener cuando consiga X o Y?

– ¿hay alguna otra forma de conseguir ese objetivo? ¿quién lo ha conseguido antes que yo en quien pueda inspirarme?

–  ¿qué tendrá que ocurrir para saber que he conseguido lo que buscaba? ¿ qué distancia me separa ahora de mi objetivo?

 

De esta forma, podréis ir perfilando con más claridad el camino a seguir y os será más fácil saber qué vías de las que se abren delante de vosotros os llevarán a la cima.Y un truco…acordaos de dejar un espacio en blanco para los objetivos que os traiga la vida… a veces son más valiosos que los que nosotros nos proponemos y no enfocamos tanto en lo que tenemos en la agenda,  que no somos capaces de hacerles un hueco….

 

Para cerrar, simplemente comentaros que me he dado cuenta de algo importante: antes ponía objetivos sobre el papel a golpe de impulso, de corazonadas. Cierto que resultaban coherentes con mi rumbo, pero debo reconocer que en general eran  bastante idealizados. Muchos de ellos (sobre todo en lo profesional) resultaban más deseos y anhelos que verdaderos objetivos.

 

Recordad lo que hablábamos respecto a los objetivos SMART: un buen objetivo es como un escalón bien definido y que nos alza de forma natural hacia la cima que pretendemos conquistar.  Si, debe ser retador, pero alcanzable.  A mi, casi, casi, ¡me hacía falta el piolet para trepar cada escalón! Y por eso pasaba una angustia y un miedo inenarrables para afrontar cada uno de ellos.

 

Así que si te ocurre que alcanzarlos tus objetivos es un drama en el que te dejas casi la piel, es que como yo, te fijas objetivos  ambiciosos e idealizados en exceso.

 

Y si realmente hay objetivos que se te resisten hace tiempo, una ayuda profesional nunca está de más.  A mi trabajar con mi coach, me ha evitado muchos rodeos y esfuerzos innecesarios y me ha hecho ver en muchas ocasiones con más claridad el camino.

 

Por cierto: mis objetivos no parecen cumplir las características SMART. Pero es sólo porque yo ya tengo mucha práctica¡ y me puede permitir esa licencia!.

¡qué disfrutéis de vuestros objetivos! ¡Nos vemos  en la cima!

Soy María Díez Coach y con mi blog ofrezco un espacio de encuentro vital, reflexión y aprendizaje para personas comprometidas con su superación personal, familiar y laboral.

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¿Objetivos y propósitos de año nuevo?: ¡esta vez si!

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A estas alturas, sé que soy una persona que desea vivir una vida lo más acorde posible a sus valores. Con más tiempo para poder realizar mis sueños y disfrutar de los míos.

 

Aunque sé y siento que estar viva, con salud y sin importantes carencias afectivas y materiales es un increíble regalo, yo todavía busco un punto más. Cierto que disfrutar la vida que tengo, me hace inmensamente feliz  día a día. Pero también busco un sentido a la misma. Quiero sentirme útil y devolverle si es posible,  todo aquello con lo que la vida me ha bendecido. Y quiero vivir sintiéndome plena a nivel personal, intelectual,  profesional y espiritual. Y si tú estás leyendo estas líneas, es casi seguro que tú también eres ese tipo de persona y compartes muchos de estos anhelos.

 

Lo complicado del tema es eso no llega caído del cielo. Para hacer realidad esos deseos,  nos lo tenemos que “currar”, y mucho, cada uno de nosotros. Es parte de lo que llamamos “trabajarse personalmente”.  Y para  lograr que esos valores se encarnen en nuestra vida, es por lo que toca hablaros de uno de los temas “míticos” para cualquier coach: los objetivos y propósitos de nuevo año.

Por mi parte, confieso que yo todavía no he marcado mis objetivos para 2015 y eso que estamos ya rozando el final de Enero. Eso mismo os demuestra que no soy una “extremista” del tema y lo manejo “a mi ritmo”.  Pero como hemos venido repitiendo en los últimos post, si sabes dónde deseas ir es esencial marcar un rumbo. De lo contrario, acabarás en cualquier parte.

Sí, si esto es muy obvio. Pero si reflexionas un segundo sobre cómo transcurre tu día a día, inmerso en la vorágine de la multitarea y la velocidad, te darás cuenta de que no sueles pensar demasiado a dónde te estás dirigiendo ni qué estás haciendo para acercarte a tus objetivos a lo largo de tus jornadas. Por eso lo normal es que las personas marquen unos propósitos de nuevo año, para dejarlos completamente olvidados el día 2 de Enero.  Y luego, echemos la vista atrás y al ver lo que nos habíamos propuesto,  exclamemos: “¡oh cielos! ¿ qué pasó?”

 

¿Es divertido ver cómo  nos sorprendemos cuando aparecemos en un lugar totalmente diferente al que deseábamos llegar y qué excusas inverosímiles inventamos para justificar el incumplimiento? ¿O es patético y cansino?

 

Y no me vengas con la excusa de que no merece la pena, porque nosotros proponemos y luego la vida dispone.

 

Claro que la vida dispone, que no elegimos las cartas. Pero no olvidemos que sí elegimos cómo las jugamos. Y eso viene determinado por quien elijo ser a cada jugada. Puedo optar por apostar por el miedo o por la valentía. Por la generosidad o por el egoísmo. Puedo decidir empujar más allá mis límites y ver qué hay detrás de ellos o acomodarme y dejarme mecer al suave ritmo de la vida. Para eso sirven los  propósitos y objetivos: para irnos marcando como hitos, cual es el camino que debemos seguir. Serían las necesarias etapas intermedias en el camino de  conquistar la forma de ser que deseamos para nosotros.

 

Por lo que si eres de los que sabes dónde deseas llegar y  todavía no te has puesto a ello (me consta que muchos de vosotros lo habéis hecho ya hace semanas), te toca marcar objetivos para 2015. Y colgarlos en un lugar bien visible, para tenerlos presentes cada día. Porque algo que pocas personas saben es que conseguir los propósitos y los objetivos es en un 50% cuestión de mantener el foco e ir rectificando el rumbo.

 

Esa es la parte fácil.  Me temo que el otro 50% está compuesto por palabras que no nos gustan, como  disciplina, constancia y determinación. Pero cada cosa a su tiempo.

 

Mientras escribía este post, yo ya he ido anotando bastantes ideas que tenía rondándome en la cabeza. ¡Qué alivio sacarlas de ahí y dejar ese espacio vacío en mi mente!

 

Ahora toca la segunda parte, quizás la más importante.  Decidir si esos objetivos son realmente NUESTROS OBJETIVOS.

 

Sé que muchos estaréis preguntándoos por las características SMART que deben reunir unos buenos objetivos. Si es eso lo que buscáis, podéis ver más aquí.

 

Pero hoy lo que quiero es volver a hacer hincapié en la importancia de asegurarnos que los objetivos que hayamos marcado para este año, resulten acordes con las cualidades que buscamos adquirir o las experiencias que deseamos vivir.

 

Unas preguntas que pueden ayudarte en ello son:

  • ¿qué espero conseguir cuando cumpla X?
  • ¿ en quién me convertirá conseguir Y?
  • ¿ Hacer Z o W me acerca a largo plazo a lo que yo realmente deseo?
  • ¿Es coronar la cima B esencial a mi propósito de vida?

 

No hace falta que todos los objetivos sean grandiosos o trascendentes. Hay objetivos que responden a valores nuestros de diversión, disfrute…. Y esos también valen. Pero es importante que respondan a tus deseos profundos y no a necesidades impuestas por otros o por lo que te rodea. Para que sean sostenibles, los objetivos deben están alineados con tus valores personales.

 

Cuidado, porque las personas nos engañamos respecto a qué y quién nos hará feliz y qué necesitamos y cómo debe llegar a nosotros, para ser felices. La mente nos “trampea” y nos enreda con creencias adquiridas y socialmente bien vistas, haciéndonos pensar en coronar cimas que no son las nuestras. Y nos dejamos la piel para escalar esas cumbres, para al llegar arriba, entender que  nos hemos alejado,  más que acercarnos a quienes deseamos ser. Muchas personas se pasan la vida caminando los caminos que otros desean y no los que ellos deseaban. Y cierto que de todo se aprende. Pero no es lo mismo el precio que se paga por cada aprendizaje. Y lo veo día a día en el trabajo con mis clientes.

 

Así que después de tener definido cada objetivo, contrasta cual de tus valores está buscando hacer más presente en tu vida y piensa si ese es el mejor modo para lograrlo.  Pregúntate por el fin último de ese objetivo. ¿Qué hace que esté en tu lista?

 

Y escucha a tu corazón:  ¿cómo te hace sentir el cumplirlo? Si el fin último está dictado no por el miedo, la necesidad de escapar o no querer enfrentar lo que la vida te pone delante, conseguir el objetivo será más un castigo que un reto.  Te lo digo por experiencia, que me pasé 9 años estudiando alemán, totalmente desconectada del motivo inicial por el que empecé….¡vaya calvario!

 

Que sea un fin que te lleve a crecer como persona y te ayude a acercarte al estilo de vida que deseas.  Nunca es fácil y puede que duela. Pero que al menos merezca la pena.

 

Sé valiente de verdad y auténtico y no dejes entrar en esa lista nada que no desees profundamente o no creas realmente desear en este momento. Cimienta tus objetivos en lo que sientes que son tus convicciones, no tus opiniones. Busca tu máxima coherencia, aunque no sea fácil. Si lo deseas, recuerda que puedes contar con mi apoyo profesional para ayudarte en el camino.

 

Y atrévete a soltar el objetivo si de pronto encuentras que no es lo que realmente deseabas. Rectificar es de sabios y yo añadiría que tal y como están las cosas, es también de valientes. Es mejor abandonar a tiempo, que encontrarse millas o meses más tarde exclamando “¡oh cielos! ¿qué pasó?”

 

Y para los que sois seguidores de mi blog, en el resumen de noticias que enviaré este fin de semana,  compartiré muchos de mis objetivos para el año 2015.

 

Y tú: ¿quieres compartir alguno de los tuyos en este espacio?

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Soy María Díez Coach y con mi blog ofrezco un espacio de encuentro vital, reflexión y aprendizaje para personas comprometidas con su superación personal, familiar y laboral.

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