Perder a un ser querido (I) : cuando doblan las campanas

campanas al amanecer

 

 

Nos han sorprendido ya las primeras lluvias  del otoño. Vienen acompañadas de fuertes vientos que a su paso desprenden  las hojas muertas y las arrastran en impetuosos torbellinos, para recordarnos que el otoño es tradicionalmente una estación de pérdidas. Así se apaga la naturaleza c

Vivir con los ojos abiertos: el DESPERTAR

ojo multicolor PEQUEÑA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En estas últimas semanas, me ha tocado acompañar a clientes  y amigos en la difícil lucha consigo mismos para conseguir crecer como personas. Mi mayor reconocimiento hacia ellos, porque es un proceso que requiere de enorme voluntad y valentía.  No es fácil deshacerse de viejos hábitos para adquirir otros nuevos. Tampoco lo es embarcarnos en proyectos y acciones que,  aunque deseamos porque intuimos que serán beneficiosos para nosotros a largo plazo, requieren de esfuerzo, disciplina o cambios importantes en nuestra forma de comportarnos y de estar en la vida.

Las promesas futuras se nutren de grandes intenciones. Las acciones cotidianas que nos llevan a esas promesas, implican  renuncias,  superar miedos y exponernos. Es sencillo desear. Lo complicado suele ser llevar a cabo las acciones que hacen realidad esos deseos.

 

En concreto, uno de mis clientes se lamento de llevar muchos años de lucha personal con su terapeuta, antes de haber acudido a mi. Me pregunto por el sentido de pasar por el esfuerzo y dificultades que conlleva el querer cambiar.  Quería saber si alguna vez se terminaba esta lucha por crecer y superarse. En ese momento, no supe contestarle con la precisión que la pregunta requería. Pero a raíz de unas interesantes reflexiones que me ha enviado una amiga para agradecerme una improvisada sesión de coaching, lo he entendido.

 

Una de las frases de esta amiga, decía: “tu talento es abrir los ojos a los que no vemos lo que tenemos dentro” .

 

Efectivamente. Esa es la función de todo coach. Hacer de espejo en el cual se mira el cliente y en que se reconoce, con todo lo maravilloso y lo menos maravilloso que posee como ser humano. Un coach tiene el mismo efecto que un retrato de Dorian Gray. Solo que muestra tanto la parte brillante de la persona, con sus talentos, sus valores, su potencial aún no expresado,  como la parte oscura, con sus miedos, sus egoísmos y sus miserias.

Así el cliente, al verse atrapado en ese callejón sin salida que es su propia imagen, inicia su propia revolución interior.

De nuevo ahí mi amiga da en la diana al citar a Bertol Bretch: “las revoluciones  se producen  en callejones sin salida”.

 

Y esa revolución, ese reconocimiento de quién es, le obliga a ABRIR LOS OJOS.

 

Una persona que vive con los ojos abiertos, es lo opuesto a  ese vivir con los ojos cerrados que cantaban los Beatles en Strawberry Fields . ¿Lo recordais? “Es fácil vivir con los ojos cerrados, interpretando erróneamente todo lo que ves”.

 

Una persona que vive con los ojos abiertos, entra en una nueva dimensión: la de la CONSCIENCIA. Y la consciencia, lo cambia todo. Introduce en nosotros una nueva forma de estar en la vida, como si reseteáramos un ordenador y cambiáramos su software.

 

Es lo que muchas personas habréis escuchado denominar “el despertar”.

 

Despertar es meter consciencia en nuestras vidas. Ello nos permite, entre otros aprender a enamorarnos de  la vida. Despertar es preguntarse por el  sentido de nuestras vidas y nuestra misión en ella.  Es aprender a escuchar no sólo a nuestra mente, sino también a la sabiduría de nuestro corazón. Y atreverse a expresarlo aunque nos repudien las mentes apegadas a la racionalidad.

 

Despertar es aprender a conocernos y valorarnos: cuales son nuestros talentos, cual es nuestra contribución única. Para qué estamos aquí. Despertar nos permite aprender a elegir desde nuestros valores, no desde los valores que nos impone la sociedad o desde nuestro desconocimiento de nosotros mismos. Nos facilita utilizar nuestra libertad personal y asumir las consecuencias de nuestras elecciones. Y esa libertad a su vez, nos proporciona la fortaleza necesaria para mostrarnos auténticos, sin responder a lo que las convenciones u otras personas esperan de nosotros.

 

Una persona despierta, consciente, se convierte en un tesoro para los que le rodean. Aprende a desarrollarse para saborear la vida en profundidad, como un gran enólogo saborearía un buen caldo. O como un director de orquesta interpretaría una brillante partitura.  Y ayudan a los demás a disfrutarlo. Discierne lo esencial de lo trivial. Vive el dolor sin sufrimiento y encuentra la trascendencia de cuanto la vida le ofrece. Vive una vida en 3 dimensiones, cuando lo normal es vivirla en dos.

 

Las personas que eligen vivir con los ojos abiertos, se convierten en líderes que transforman con su presencia a los demás. Y aunque ven las luces y las sombras que les rodean, brillan tanto que su propia luz hace retroceder la oscuridad.

 

No es fácil vivir con los ojos abiertos. Sólo podemos realmente VER cuando tenemos los ojos abiertos desde el interior. Y abrirnos a la consciencia, es un proceso que requiere de mucha valentía, por cuanto de responsabilidad comporta.

 

 Siempre resulta más fácil no saber que aprender.

 

¿ Y tu? ¿ ¿vives con los ojos abiertos o cerrados?

Pasaje a la conquista de tu vida: ¿ compras o ya lo tienes?

barco

En mis últimos post hablaba de las diferentes posturas que tenemos las personas ante la felicidad y la vida. En Manhattanhenge o la felicidad por circunstancias, avisaba de la importancia de erradicar la idea que nos ha vendido la sociedad de que la felicidad es algo externo a nosotros, algo que nos sobreviene. Hablaba de cómo las personas tenemos los recursos interiores y podemos desarrollar actitudes que nos lleven a construir vidas más satisfactorias.

 

En Shangri La o la búsqueda de nuestro paraíso perdido, evocaba ese reducto interior, ese espacio propio que nosotros mismos podemos construir y desde el que podemos vivir de modo satisfactorio y en plenitud nuestras vidas. Accederemos a él mediante la  evolución personal y el descubrimiento y la construcción de nuestro sentido de vida. Basarlo en hechos externos, pensar que la vida es injusta porque no nos ofrece las posibilidades que merecemos, nos deja desarmados frente a la vida y lo que es peor, nos convierte en víctimas sin fuerza ni empuje para cambiar.

 

Y con esos, son ya unos cuantos los post que llevo dedicados a la agitación. Como un torero ondea su capote frente al toro para animarlo a embestir, así ondulo yo mis post sobre bienestar, fuerza y felicidad frente a la manada, para ver quienes se deciden a “embestir” y lanzarse a la conquista de su vida.

 

Parece algo contradictorio, porque en casi todos nosotros subyace la creencia de que todos  deseamos mejorar nuestras vidas.

 

Pero en el fondo, cuando uno se fija en cómo actuamos las personas, se encuentra con que aunque muchos dicen desearlo, en realidad no están dispuestos a hacer ningún esfuerzo por conseguirlo. ¿Quién no conoce a personas que se quejan continuamente pero no hacen un esfuerzo real para cambiar o no toman las oportunidades que la vida les pone delante una y otra vez?  Se lamentan de su situación y envidian lo que los otros tienen. Desean los resultados, pero no están dispuestos a poner los medios. Cuando uno desea algo realmente, también ama los medios que le llevan a ello. Y los buscan activamente.

 

Seguro que reconoces a muchas personas de tu alrededor en esa descripción. No actúan, no arriesgan. Simplemente esperan y se ven como super-victimas porque la vida no las trata como ellas piensan que merecen. Son críticos, no hacedores. Se auto-engañan. Y miran a los que están en lo alto de la montaña pensando que fueron colocados allí por gracia divina. No saborean la vida, simplemente la padecen. No son curiosos con la vida ni con ellos mismos. Exigen que las circunstancias les resulten favorables, pero no construyen sus propias circunstancias.

Y luego están LAS OTRAS PERSONAS. Las personas que realmente están comprometidas con conquistar su propio concepto de felicidad. Las que en algún momento, emprendieron  con fuerza el viaje de su conquista personal. Su energía es elevada  y su presencia tiene tal poder, que transforman a los demás. Experimentan, curiosean, crecen, luchan, se esfuerzan, arriesgan, se apasionan, caen, se levantan …se comprometen consigo mismas y con los demás.  Están enamoradas de la vida y enamoran a quienes les rodean. Saborean la vida. Inspiran. El secreto de estas  personas, es que forjan día a día su propia identidad.

Y así, nos encontramos con que, como dice Sergio Fernandez,  cada uno de nosotros vivimos en una realidad diferente. Vivimos en mundos paralelos pero compartiendo escenario. Y eso, hace fácil confundirse. No nos engañemos: el resultado no será el mismo para unos y para otros.

 

Comprar un pasaje para la conquista de tu vida, equivale a comprar un pasaje para tu propia conquista personal.

 

 

¿ Y tu? ¿

¿Eres de los que ya tienes el  pasaje o seguirás mirando desde la barrera?

 

 Admin one

 

Me gustaría hacer de este blog el billete, el pasaje que te permite acceder a ese viaje de aventura y conquista. Confío en que aporte valor añadido todos.  A los que ya estáis disfrutando en la cima. A  los que estáis subiendo sin saber a veces ni como.  A los que  aún no habéis empezado.

 

 

Shangri La o la búsqueda de nuestro paraíso perdido.

way to Shangri La

Tras la lectura del post “la danza del Sirimiri”, han sido pocas las personas que me han compartido que ellas también “ven danzar a menudo el sirimiri”. Son  muchas más las  que me han expresado deseos tales como “ojala pueda sentirme yo así un día” o bien “espero algún día encontrarme en ese lugar donde te encuentras tu”. Demasiadas.

Demasiadas personas están todavía perdidas. Buscan  su Ithaca. Su Atlántis. Su El Dorado. Su  Avalon. Su Shangri –La. Lugares creados por la mente del hombre y  que reunían las cualidades más engrandecedoras del hombre: justicia, abundancia, belleza, armonía, felicidad….

Y sin embargo, nunca tantas personas han buscado tanto como hoy en día. Viajamos y exploramos en todas las direcciones, hacia todos los horizontes que se nos ofrecen.

Buscamos el amor, la paz, la comprensión, la serenidad, la alegría,  el equilibrio y tantos y tantos sentimientos que parecen cada vez más escasos e inalcanzables. Los buscamos aunque sea a costa de explorar caminos difíciles o imposibles. Ansiamos cuanto creemos que existía en esas tierras míticas. Anhelamos esos tesoros maravillosos, que sentimos sólo al alcance de unos pocos y que sin duda están en algún lugar ocultos esperándonos. Y pensamos que algún día llegaremos. Algún día alcanzaremos ese estado que inunda a quienes saben encontrar  esas islas pérdidas en la inmensidad del océano o esas ciudades remotas, ocultas en lo más recóndito de las inexpugnables cordilleras.

Más como buscamos erróneamente,  no encontramos esos tesoros ocultos en paraísos perdidos. Hemos olvidado los caminos de acceso. Recurrimos entonces a los sustitutivos. Conquistamos conocimientos. Acumulamos títulos y posesiones. Consumimos sentimientos a la carta. Nos vestimos con emociones de quita y pon. Hacemos crecer nuestros egos, en detrimento de nuestra verdadera esencia. Como resultado, nos sentimos vacíos. Porque buscamos mucho, pero buscamos mal. Sencillamente,  miramos en la dirección equivocada.

Media humanidad se pasa su vida buscando, sin entender lo esencial. Ithaca, Atlantis, El Dorado, Xanadú o Shangri- La,  no están tan lejos como creen. Están aquí mismo, a nuestro alcance. No hace falta recorrer medio mundo o hacer viajes a paraísos perdidos para alcanzarlos, ni partir en busca de lugares utópicos donde como por encanto, se producirá como algo mágico nuestra felicidad.

Nuestro paraíso perdido, con  sus incontables tesoros, con sus promesas de sociedades perfectas y felicidad,   es  el reflejo de nuestro propio mundo interior. Es un estado anímico en el que tenemos la capacidad de acceder a todas las maravillas que ya se encuentran dentro de nosotros mismos. Todo lo que contienen no es sino el reflejo silencioso de nuestro propio corazón. Debemos acceder primero a el si queremos traer a nuestra vida sus tesoros de belleza y felicidad.

Desdeñar su búsqueda o partir a su descubrimiento mediante la exploración de nuestro vasto paisaje interior,  es una opción personal importante.

Es en nuestro interior donde nos espera la mayor odisea, los paisajes más exóticos para explorar. No hay mayor aventura, que la aventura del auto-descubrimiento. Nuestros paisajes interiores son tan increíbles como asombrosos.

Hammarkskjold dice que el viaje más largo, es el viaje hacia nuestro interiorSólo afrontando un intenso viaje de transformación personal, podremos llegar a conquistar esa tierra prometida y extraer todas aquellas cualidades que deseamos para nuestra vida. 

Si queremos alcanzar nuestro paraíso, si queremos disfrutar la danza del sirimiri y hallar nuestro particular Shangri -La,  no hay que demorarse en partir.

¿ Y tu? ¿ Quieres embarcarte a la conquista de tu Shangri La?

Manhattanhenge o la felicidad por circunstancias

 

 

Manhattanhenge blog

 

 

 

 

Manhattanhenge – también llamado el Solsticio de Manhattan – es un evento que ocurre dos veces al año, durante el cual el sol en la hora del ocaso se alinea en dirección este-oeste con las calles del trazado urbano principal en el municipio de Manhattan, NYC .

Me viene a la cabeza este  bello y peculiar fenómeno a raíz de un conmovedor comentario que me ha enviado uno de mis amigos, tras la lectura de mi post Escuchando crecer la hierba.  Dice asi: “realmente creo que apenas he escuchado crecer la hierba este verano. Como mucho en un par de ocasiones, durante las vacaciones en el Mediterráneo, cuando paseaba por las mañanas a la orilla del mar. Tus palabras me hacen pensar que ha hecho falta poner  700 km de por medio y unas vacaciones para sentir lo que expresas en tu post”.

 

Esto es lo que yo llamo la felicidad por circunstancias o la felicidad Manhattanhenge: son necesarias unas circunstancias específicas para poder sentirnos felices.  Y lo peor es que en la mayor parte de las ocasiones son difíciles de alcanzar  porque no dependen de nosotros, sino algo externo a nosotros que debe darse en nuestro entorno o en el mejor de los casos, pueden tardar años en llegar, posponiendo nuestras posibilidades de felicidad. Aplazándola a un futuro que quizás no conoceremos. «cuando los niños sean grandes», «cuando tengamos más dinero», «cuando…???»

 

¿Te resulta familiar?  Seguro que muchos conocéis a personas que viven de esta forma la felicidad: deben alinearse sus circunstancias para ser felices. Y como es raro que las circunstancias sean lo que desean, casi nunca consiguen disfrutar plenamente de la vida.

 

Y yo me pregunto: ¿qué pasaría si nos atreviéramos a revisar nuestro concepto de felicidad?

 

¿Qué pasaría si empezáramos a considerar que somos nosotros  quienes tenemos la opción de construir una vida con la que nos sintamos apasionados, que nos enamore y a la medida de nuestro potencial?  

Dice Antoni Bolinches que «si queremos construir una vida con opciones de felicidad debemos constuir primero una vida donde la felicidad tenga opciones.»

La felicidad por circunstancias es hermosa, pero también escasa y limitada. Nos deja muy desprotegidos, porque nos ciega a otras formas de felicidad. Pone delante de nuestros ojos una enorme y pesada venda que tiñe de gris nuestras vidas y solo los rayos más potentes del sol pueden atravesar. Nos permite vivir sólo en parte, apagados y anhelantes de un nuevo solsticio que nos proporcione otro fugaz momento de alegría.

 

Si por el contrario, nos acostumbramos a ver la felicidad como algo que va de dentro hacia fuera, algo que depende principalmente de nuestras actitudes  y no al revés, obtendremos la autonomía de no depender tanto de nuestro entorno  y circunstancias para ser felices. Podremos construir desde nuestro interior, que es algo sobre lo que sí podemos influir.

 

Enraizar esa idea es el paso más importante que se puede dar para salir de esa visión errónea, que nos envenena y causante de tanta frustración. Entenderlo nos hace libres y nos permite ir hacia una visión más madura y humana de la felicidad. Significa cambiar el botón de off a on y nos da permiso para poder empezar a disfrutar de nuestras vidas aquí y ahora.

A cambio,  pone en nosotros el peso de la responsabilidad de  construirnos como personas para ser capaces de vivir de forma plena.

 

¿y tu?

 

¿ qué prefieres?

 

¿ una felicidad Manhattanhenge o responsabilizarte de construir tu propia felicidad?

¿Te interesan los temas de crecimiento personal e inteligencia emocional? ¿ Te gustaría pertenecer a una comunidad de personas conscientes y orientadas?

Si es así, anímate a suscribirte a este blog para recibir los boletines mensuales con el resumen de las publicaciones. Con él deseo ofrecer un espacio de encuentro, aprendizaje y reflexión para personas comprometidas con su felicidad  y  dispuestas a mejorar su entorno mediante la mejora de si mismas.

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La danza del sirimiri

sirimiri original

 

No hay nada especial en un día como este. En realidad, no suele haber nada diferente en la vida de las personas que estamos enamoradas de la vida, salvo cómo nos sentimos ante ella.  Es un viernes más del verano, en el que el bochorno del día ha cedido paso a una fina y persistente lluvia en spray, característica de mi tierra, llamada sirimiri o calabobos. Su ligereza hace que se cuele por todas partes y de nada sirvan los paraguas: juega con el viento a mojarlo todo y a todos con su finísimo manto de agua.

 

Voy caminando de vuelta a casa tras dejar a mis amigas en el autobús. Me siento intensamente feliz disfrutando del frescor de esta noche. Como siempre que estoy contenta,  mis sentidos están muy despiertos. Me deleito con cosas tan sencillas como andar o sentir la caricia de la lluvia en las piernas. Me siento bien conmigo misma, radiante y feliz.

 

Al llegar al Paseo de la Concha me detengo ante las plumosas ramas de los tamarindos. Perladas con una miríada de gotas evanescentes en la noche veraniega, presentan una imagen delicada y cautivadora que me emociona.

 

Aunque vivo muy cerca de aquí, siempre me impacta la belleza serena de nuestra bahía, así que me acerco a la barandilla para admirarla. El paisaje es increíble.

 

La marea baja ha dejado al descubierto una amplia franja de arena húmeda. La  isla de Santa Clara y las murallas del castillo están iluminadas y  sus luces dibujan halos borrosos tras la cortina de sirimiri. Observo como el Cristo que corona el monte Urgull parece flotar suspendido la oscuridad sobre la silueta iluminada del edificio señorial del Ayuntamiento. Tiene un aire de aparición fantasmal. Justo debajo de mi, un foco proyecta su luz sobre la playa y ante él, danza infatigable el sirimiri, al ritmo de la tenue brisa nocturna. Se acerca, se aleja, revolotea…..una bella imagen que me fascina y ante la cual me quedo absorta.

 

Y de pronto sucede una vez más: la imagen de los torbellinos de lluvia lo invade todo, me absorbe en ella, igual que si hubiera saltado al interior de una película desde el patio de butacas. Mi mente se aquieta, me inunda una sensación de éxtasis y el mundo queda olvidado.

 

Por unos segundos, o minutos, ante tanta belleza y perfección, me siento catapultada más allá de los confines de lo ordinario. La emoción que me sobrecoge habla de PERFECCIÓN.  Me siento en UNIDAD y ARMONIA conmigo misma y el mundo. Experimento una profunda GRATITUD ante el regalo de la vida. La apreciación de estar viva trae lágrimas a mis ojos. Entiendo la bendición de cuanto tengo y me ha sido concedido.

 

Mi vida no es perfecta. No es en su forma como yo había  soñado o planeé. Pero acodada en la húmeda barandilla,  arropada por la BELLEZA de la danza del sirimiri, me siento tocada por la FORTUNA. Después de muchos años de trabajo personal, de construirme como persona,  si estoy logrando ser como deseaba. De nuevo soy QUIEN DESEABA SER Y ME SIENTO COMO SOÑABA SENTIRME. En la película de mi vida, vuelvo a ser la protagonista.

Me gusta mi actual actitud ante la vida. He aprendido a estar como deseaba sentirme; en paz y alegría. Tengo confianza en mi potencial. Sé que me ponga la vida el guión que me ponga delante, siempre encontraré un espacio para la felicidad, para la esperanza, para la ternura, la belleza, el amor o la risa. Para todos los sentimientos que engrandecen al ser humano. Confío cada vez más en mis posibilidades. Me quiero de una forma íntima que me llena de satisfacción.

 

En momentos como estos, sé que no necesito nada diferente, nada más. Hay PLENITUD en mí. No necesito buscar fuera mi felicidad, sólo necesito tomar conciencia de cuanta almaceno en mí y sacarla para devolver a la vida cuanto me ha dado.  

 

¿ y tu?  ¿ Llevas dentro de ti la danza del sirimiri?

 

¿eres protagonista en la película de tu vida?

Rest your head upon the grass….and listen to it grow!

 

Tan sólo en el silencio de nuestro corazón,  podemos escuchar crecer la hierba. Y al escucharla, sabremos como situarnos en la vida  en ese momento, para gozar de su esplendor.

 

Os dejo aquí con la música y la letra de esta maravillosa canción, para que cada uno la disfrute y encuentre su propia melodia.

Splendor in the grass

 

I can see you’re thinking baby
I’ve been thinking too
about the way we used to be
and how to start anew

Maybe I’m a hopeless dreamer
maybe I’ve got it wrong
but I’m going where the grass is green
if you’d like to come along

Back when I was starting out
I always wanted more
but every time I got it
I still felt just like before

Fortune is a fickle friend
I’m tired of chasing fate
and when I look into your eyes
I know you feel the same

All these years of living large
are starting to do us in
I won’t say it wasn’t fun
but now it has to end

Life is moving oh so fast
I think we should take it slow
rest our heads upon the grass
and listen to it grow

Going where the hills are green
and the cars are few and far
days are full of splendor
and at night you can see the stars

Life’s been moving oh so fast
I think we should take it slow
rest our heads upon the grass
and listen to it grow

grass

 

 

 

Escuchando crecer la hierba ( a farewell to summer).

 

playa

 

Se va el verano. Esta noche nos dejará de forma oficial, dando paso al otoño. Y parece que para despedirse ha elegido sus mejores galas…. nos regala hoy un día límpido,  de una luminosidad vibrante,  irrepetible. Tan característica,  que sólo la he conocido  en San Sebastián en los días más bellos de Septiembre.

Escribo sobre la arena, acariciada por el sol. Aspiro la suave brisa cargada un inconfundible perfume marino que propician las  mareas vivas de San Miguel.  La playa, de nuevo recuperada para los donostiarras, está tranquila. Al bañarme, disfruto con el  agua cristalina que ya en estas fechas,  muerde con ese frío revigorizante que pone la carne de gallina al entrar y aleja a los menos acostumbrados.

 

Hoy es un día para vibrar con los 5 sentidos, de esos en que la vida te conquista con su fuerza. Yo me dejo cautivar cautivar por su belleza.  Soy consciente de que son esos momentos de seducción los que dan sentido a nuestros días. Me siento tan vibrante como el cielo azul y el agua de un verde pálido.Si alguien me preguntara ¿qué es la felicidad? le invitaría a escuchar en este momento a mi corazón para que le hablara de ella.

 

Se va el verano y me despido de él con gratitud. Llegó en un momento emocionalmente intenso para mí. Sobrecargada de trabajo, con mi madre pasando una mala racha y diferentes temas personales complicándose por momentos.  Por esas casualidades de la vida, vino acompañado de música. Un CD que me regaló una conocida,  en el día en que empezaba oficialmente el estío. Al llegar a casa esa noche y escuchar la canción de Pink Martini, Splendor in the grass, algo se agitó en mi interior y alzó su voz. Me sacó las lágrimas. Era la voz del corazón. Esa voz que tan pocas veces escuchamos y demasiadas veces acallamos.  Me urgía a encaminarme a “dónde la hierba es verde”. Me animaba a que “reclinase mi cabeza en la hierba y  la escuchara crecer”.

2013-08-04 17.26.14 (1)

 

 

No me resultó fácil entender que  expresaba mi corazón. No estamos acostumbrados a su lenguaje, porque rara vez le prestamos atención. Sin embargo, el deseo  que encerraba esa metáfora tomó sentido el día en que contemple estas praderas.  Lo que yo necesitaba era volver a sentir que la vida me pertenecía.  Quería salir de ese  periodo en que sentía una vez más que la vida se movía demasiado deprisa. ¡cuantas veces se nos escapa la vida  sin  saborearla, sin olerla, sin disfrutarla…. Asi estaba yo antes del verano. Necesitaba volver a habitarla sin prisa, degustándola. Amándola. No correr tras ella, como me ocurre a veces, cuando salgo de mí y permito que se adueñen de mi el stress  y la prisa y les cedo las riendas de mi vida.

Así que me di permiso para tan sólo cumplir con las obligaciones más estrictas y por lo demás,  dedicarme a disfrutar del verano con todas mis fuerzas y los medios a mi alcance. He organizado bellas excursiones por la costa cántabra y encuentros divertidos con gente cuyo descubrimiento ha sido un regalo. También he acudido a algunas fiestas, he quedado con muchos de mis amigos a los que no veo tanto como desearía y me he permitido disfrutar como una niña con cuanto fuera surgiendo en mi camino. No me he perdido ni un sólo atardecer, ni los fuegos artificiales de las fiestas. Y  he sido en lo posible el bastón de mi madre ahora que ha necesitado apoyo con su enfermedad. Y por supuesto¡ he trabajado! ¡Así que todavía me quedan las vacaciones por disfrutar! ¿ se puede pedir más?

Se va el verano y me ha cargado de vitalidad y energía. Me queda el recuerdo de haber disfrutado intensamente aquí ya ahora. Aunque no haya tenido vacaciones. Aunque el ritmo en la oficina haya sido agotador. Aunque convivir con mi madre con su rodilla mal haya sido por momentos como compartir la casa con Jack Nicholson en “El resplandor” ( (por cierto ¡lo mismo dice ella de mi! y supongo que parte de razón no le falta).  Lo cierto es que cuando recuperamos nuestro bienestar y nos damos permiso para la alegría, las circunstancias no tienen el mismo peso.

Escuchar crecer la hierba ha sido no dejarme invadir por esa  sensación de urgencia que la vida cotidiana nos intenta imponer una y otra vez. Lo peor es que nosotros la hacemos nuestra, para terminar corriendo sin saber en realidad hacia dónde ni para qué.

Se va el verano y salgo de él  en un punto totalmente diferente, tras haberme dado permiso para gozarlo al máximo, para detenerme a escuchar a mi corazón. Algo que pocas veces nos permitimos.  Sólo así he podido encaminarme a dónde “las colinas son verdes, los días están llenos de esplendor y por la noche puedes ver las estrellas”.

 

¿ y tu? ¿ has escuchado crecer la hierba este verano?

¿ escuchas a tu corazón?