¡ Arriba los corazones! ( wild at heart)

Viñeta de "Diario de una volatil" por  Agustina Guerrero.
Viñeta de “Diario de una volatil” por Agustina Guerrero.

 

Cuando leas este post, yo ya no estaré aquí. No lo digo con ánimo dramático, sólo en sentido físico. Hoy estoy escribiendo desde el hotel donde pasaré la última noche de mis vacaciones, en un lugar llamado Piedras Blancas (Asturias). Es un sitio sencillo, sin pretensiones y tan cerca del mar, que ahora mismo estoy escuchando las olas romper en la playa de negra arena. Al llegar, nos ha sorprendido mucho el color. Nos han explicado en el hotel que ese tono, no es otra cosa sino el carbón que arrastran las aguas del Nalón a causa de la actividad minera. Algo más que he aprendido en este viaje.

 

 

No sé que os parecerá a vosotros el lugar.Yo le encuentro un encanto especial a esta playa de aguas bravas. Quizás porque es la última que voy a descubrir en este viaje. Y porque me seduce especialmente saber que hoy me dormiré escuchando el mar como despedida de estos días. Será un sonido que podré evocar con facilidad en mi mente en esos momentos de regreso a los días grises y a la oficina, en los que a ratos piensas “ ¡oh Dios mio!…¿qué hago yo aquí metida?”. Y así tendré una “estructura” que en esos momentos de bajón (que los habrá) me ayudará a conectarme con lo que he vivido en estas vacaciones.

 

Aclararos que no han sido unas vacaciones divertidas. Viajar con mi madre de 80 años, con las limitaciones que le impone su rodilla y un estado de ánimo que cuando salimos de Donosti, era lo más parecido al de Jack Nicholson en “El Resplandor”, no es precisamente lo que considero un plan divertido.  Pero han sido unas vacaciones FANTASTICAS.

 

¿Contradictorio? No. Para nada. Como me dijo con mucha sabiduría un amigo, ”maduramos cuando renunciamos a estar divertidos, a cambio de estar satisfechos María”. Y ha habido mucho de viaje de maduración en estas vacaciones, como lo está habiendo durante estos últimos meses.

 

Te cuento….

 

Ya os hablé en mi último post de lo cansada y baja que he estado este verano. Supongo que por eso, el primer día de vacaciones volví a encontrarme en una situación similar (aunque por otras causas)  a la que viví en Madrid, camino de Marrakech, en la última ocasión que aquí os narré ¿lo recordáis? ( Puedes leerlo aquí): yo llorando como una magdalena, mientras mi madre dormitaba al sol en un banco.  En este caso, sólo cambié el escenario de la Plaza Mayor de Madrid por el frente de Playa de Laredo

 

 

¿ se convertirá esto en un clásico vacacional?
¿ se convertirá esto en un clásico vacacional?

 

 

Pero aunque el primer día todavía sentía que arrastraba la tristeza que me ha acompañado este verano, ya el segundo día empecé a remontar. Bien por el estímulo de los paisajes nuevos, o por el tiempo recuperado para el ritmo que uno mismo se marca, o por  la buena gastronomía que tenemos en este país, lo cierto es que yo en cuanto viajo, me vengo arriba. Dame kilómetros para recorrer rumbo a lo desconocido y que haya arte o naturaleza o ambas juntas y recupero la ilusión con una facilidad asombrosa. Enseguida me conecto mi parte más pura, más esencial: esa parte de nosotros mismos que muchas veces queda apagada entre la vorágine del día a día, el cansancio acumulado,  las preocupaciones, las prisas, los miedos…. ¿No os ocurre lo mismo?

 

Recuerdo el momento concreto, en la playa salvaje de la Vega, cerca de Ribadesella, cuando todo empezó a dar la vuelta. Sentada en la arena bajo un fuerte viento, tan agitada y revuelta en mi interior como el mar de la playa, miraba a mi madre caminar por el agua. Si yo estaba triste y desorientada, sabia que mi madre estaba feliz de encontrarse en aquella playa espectacular. Y es que desde que tuvo el accidente y se quedó con la rodilla mal, son pocas las ocasiones que tiene de estar en la playa porque ha perdido confianza para ir sola.  En ese momento, me sobrevino uno de estos momentos “¡Oh cielos! Y yo sin darme cuenta!”. Un momento de puro descubrimiento. Fue ni más ni menos, como un fogonazo de lucidez:  cayó sobre mí la consciencia del regalo de estar allí y me inundó la emoción.  Sentada bajo el sol, con el sabor salado que me traía el viento, sin nada que hacer en las próximas horas, sin un rumbo, sin otra intención que no fuera disfrutar de lo que surgiera, viendo a mi madre pasearse entre las olas, el corazón se me inundó con  la calidez de una felicidad repentina.  Fue como si de pronto, me pusieran esa imagen en una pantalla de cine con un único subtítulo: “Disfruta. Vive. Ama. Comprende la vida.

 

Me impresiono tanto, que hasta me hice un selfie para acordarme de ese momento de lucidez vital.

 

¡De veras que odio los selfies!
¡De veras que odio los selfies!

 

Desde ese momento, todo lo que ocurrió empezó a adoptar la forma de un increíble regalo. Así de simple. Porque volví a conectarme con mi corazón, ese corazón salvaje que llevo dentro y que vive encendido en loca pasión por la vida.

 

Si….los que me conocen lo saben….aunque a veces yo misma me olvide. Y es que tengo un corazón salvaje, loco y hambriento, que disfruta yendo sin rumbo, conduciendo o a pie, por el simple placer de vagar, de mirar, de descubrir a cada vez el color de la vida. Es ávido de horizontes, de aventuras, de vientos fuertes y salinos o fríos de nieve o cálidos de sol. Y no se resigna a que le digan qué caminos debe recorrer, cómo debe sentirse o quien debe ser.

 

Tengo un corazón capaz de temblar de miedo, tambalearse, caerse ..… pero que siempre sigue adelante, pase lo que pase. Y siempre regresa a si mismo y es capaz de seguir latiendo con pasión inagotable porque en el fondo, aún en los momentos de mayor oscuridad, confía en que siempre habrá cerca o lejos, cosas con las que extasiarse, personas con las que maravillarse, auroras o atardeceres por contemplar en algún sitio. Y por eso, nunca permanece apagado demasiado tiempo.

 

¡Qué gran regalo es tener ese corazón que a veces tan poco cuido y tanto me da!

 

Y en estas vacaciones, ese mismo corazón, se fue reencontrando a si mismo a cada kilómetro recorrido. Fue latiendo más fuerte con cada curva conducida. Con las búsquedas de hotel en las carreteras oscurecidas por las sombras de los eucaliptos,  en una noche de meigas en que por querer disfrutar de la bellísima playa de Viveiro,  se nos hizo muy tarde y parecía que iba ser imposible encontrar un lugar donde dormir en aquellos pueblecillos dispersos a los lados de las carreteras comarcales, camino de Ferrol. Esto ocurrió porque viajamos normalmente sin itinerario definido, a lo que surja, para poder disfrutar de la sensación de aventura que nos da la libertad de ir sin rumbo.

 

playa de Area

 

También ese corazón se extasió al escuchar las gaviotas chillar toda la noche en A Coruña, como en otros viajes se extasió al escuchar la berrea de los ciervos. Y se ensanchó al ver tanto arte y belleza en los lugares a en los que paró. Y se regocijó en la compañía de otras personas que fue encontrando en su camino. Recordó que estaba vivo y dispuesto a sentir a cada minuto, recuperando una mirada correcta sobre la vida porque está llena de amor. Esa es la mirada que nos permite entender quienes somos en realidad, qué nos mueve, qué nos importa y a qué aspiramos en la vida.

 

Porque ya sabes que no puede verse bien con los ojos y que la verdadera mirada auténtica y libre es la mirada del corazón.

 

Y ha sido ese corazón quien ha SENTIDO que los ingredientes para que haya unas excelentes vacaciones son sencillos: poder tener tiempo para pasarlo con nosotros mismos y los que  queremos y nos importan, haciendo cosas que nos nutren y nos acercan a quienes somos,  durante el tiempo suficiente para desconectar por completo de nuestras rutinas. Y eso, sin duda, lo he tenido en abundancia en estos pocos días.

 

Por eso, estas vacaciones, han sido en su esencia unas buenas vacaciones, auque no haya habido diversión. Pero me han permitido vivir instalada durante unos días en muchos de mis valores: movimiento, aventura, novedad, curiosidad, armonía, belleza y libertad. Y familia.  Desde ahí, he podido regresar al mundo de las posibilidades, al mundo de la no determinación. Pocas cosas son tan grandes como sentir dentro de uno mismo la sensación de no estar limitado, de poder elegir quien se quiere ser, dónde se quiere ir o donde ha elegido uno quedarse, aunque se quiera ir a muchos lugares. Para mi, eso es madurez, eso es libertad, eso es viaje interior.

 

Lamentablemente, vivimos en una sociedad compleja, inmersos en situaciones que sin revestir en muchas ocasiones gravedad, nos separan y nos distancian de quienes somos en realidad. Lo veo continuamente a mí alrededor: entre mis clientes, mi familia, mis amigos…e incluso a veces, como ha ocurrido este verano, en mi misma. Vamos por la vida con el corazón caído. Cautivos de emociones que no controlamos, revolcados por una sociedad cambiante y exigente y además, conocedores de realidades dramáticas  a nuestro alrededor, que nos hacen sentirnos culpables por no ser capaces de sentirnos bien; por no ser super-felices con lo que está pasando  en el  resto del mundo, cuando nosotros somos unos privilegiados. Y por eso, acabamos  con la cabeza separada de nuestro corazón, desconectados el uno del otro, causándonos una inquietud inexplicable y una permanente desazón. Y así vivimos: con la cabeza tirando de un lado, el corazón sintiendo algo totalmente diferente,  desorientados, estresados y apagados sin saber la razón y encima sintiéndonos culpables.

 

 

Por eso hoy estoy aquí para recordaros que probablemente, vosotros también tenéis un corazón hambriento de vida, sediento de pasión, latiendo en vuestro interior. Seguro que lo habéis sentido durante las vacaciones, y quizás ahora lo hayas aparcado para tu día a día. Recupéralo por favor.

 

 

Todos tenemos un  corazón salvaje y demasiadas veces se nos olvida. Se nos olvida, cuando es nuestro motor, nuestra fuente de felicidad.  

 

Y es responsabilidad nuestra alimentarlo. Darle savia, darle gasolina, darle de comer lo que quiera que necesite tu corazón para sentirse vivo. En mi caso, es  aventura, es humor inteligente, es creatividad, fantasía, proyectos, contacto con personas inspiradoras. Y es arte y naturaleza y belleza. Y sentirme íntegra, coherente y responsable de mi vida. Sin esos ingredientes en mi vida, mi cabeza y mi corazón se  distancian, creando división, haciéndome percibir la vida  desde el miedo y la carencia, en vez de vivirla desde el amor y la abundancia.

 

Y aunque normalmente presto atención a tener ese coctel de ingredientes en mi vida, no siempre es fácil conseguirlo. Nuestro estilo de vida no suele ayudar. Y en mi caso además, se complica porque mi tendencia natural es la de actuar como una “super woman” llenándome de actividades, tareas y responsabilidades, olvidando dejar suficiente espacio a mi corazón para que vibre y baile, como ha hecho estos días.

 

Podium boteriano en Avilés: medalla de oro, plata y bronce.
Podium boteriano en Avilés: medalla de oro, plata y bronce.

 

No sé cuanto me durarán esas sensaciones una vez regrese. Hoy todavía, cuando conducía de vuelta y he parado a repostar, me sentía tan alegre en mi interior que me he puesto a bailar en el parking de la gasolinera, hasta donde llegaba  la música de un chiringuito cercano. ¡Qué queréis!….mi corazón es muy bailongo y cuando le presto atención, cuando vivo desde él, apenas oigo música se me van los pies y el cuerpo les sigue.

 

Este poste se me convirtió en una improvisada barra de pole dance.
Este poste se me convirtió en una improvisada barra de pole dance.

Quien sabe…quizás algún día me encuentre en un video por youtube, con las pintas de asilvestrada que se me ponen con mi ropa vieja cuando viajo en plan movie road, bailando como una insensata en el parking mientras los demás miraban el futbol. Pero si lo encuentro, que me sirva para recordar una vez más quien soy: la chica de corazón salvaje, que se vuelve tan loca cuando conecta con sus valores  que baila en una solitaria fiesta interior. La que según mi madre,  maldice como un camionero cuando un estúpido con la “L” le adelanta a 140. La que sabe que el mundo sigue ahí, dispuesto a ser mejorado y a llenarse de amor, belleza y poesía a través de nosotros, de nuestras vidas, de nuestra pasión y entrega personal.  La que sigue esperando para ser la coach de mujeres y hombres de corazón salvaje. Y la que confía en que, como ella, habrá cada vez más personas conscientes y orientadas,  decidiendo quienes quieren ser, cómo van a vivir y cómo van a aupar sus corazones, en los próximos meses, en los próximos años.

 

Es momento de regresar. Yo aquí seguiré, en mi blog, trayéndos la mirada de mi corazón, la mirada coach. Una mirada llena de amor, desafío y emoción con la  que espero ayudaros a encender  vuestros corazones.

 

 Y tú: ¿cómo vas a mantener arriba tu corazón este otoño?

¡Hola! Soy María Díez Coach y con mi blog ofrezco un espacio de encuentro vital, reflexión y aprendizaje para personas comprometidas con su superación personal, familiar y laboral.

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