5 claves para convertir tus problemas en aliados.

TOLLEE
Los problemas forman parte de nuestra vida. Aprender a cambiar la relación con ellos es vital para nuestro bienestar.

 

Existe una creencia muy extendida respecto a  que sólo con unas circunstancias favorables podemos alcanzar niveles altos de bienestar. “Somos felices si no tenemos problemas o dificultades en nuestras vidas”.

 

En mi opinión, nada está más lejos de la realidad. Por una parte, me encuentro cada día con personas que aún en ausencia de problemas serios, viven totalmente desconectados de su bienestar personal. Si algo caracteriza a esta sociedad, es que somos casi incapaces de experimentar de una forma sostenida y consciente nuestra propia idea de felicidad. Irónicamente, cuando llegan los problemas, pensamos que en realidad “antes no estabamos tan mal”.  Demasiado tarde.

 

Por otra parte, los problemas forman parte intrínseca de nuestra vida. Acotar las posibilidades de bienestar personal a la ausencia de ellos es condenarnos a la infelicidad  casi perpetua.

 

Sin duda unas circunstancias favorables jugarán un papel determinante en nuestro nivel de felicidad. Pero también en circunstancias adversas podemos lograr sentirnos bien y en paz. No es sencillo, pero es posible. El proceso pasa por entender la relación que tenemos con las dificultades y empezar a cambiarla.  

 

Las dos primeras claves para empezar a cambiar la relación que tenemos con nuestros problemas es hacernos conscientes de cual es nuestra actitud respecto a  ellos.  ¿Los negamos? ¿Los rehuimos? ¿Entramos en un círculo de “preocuparse y no ocuparse”? ¿O por el contrario, los aceptamos y enfrentamos con determinación?  ¿Cual es nuestro patrón de conducta ante las dificultades? ¿Adoptamos  una conducta adaptativa y facilitadora o evasiva y postergadora?  

 

Sólo  siendo conscientes de nuestra respuesta, podremos empezar a cambiar el patrón. Aunque parezca obvio,un primer paso necesario para resolver un problema  es aceptarlo. 

 

La tercera clave  para convertir los problemas en aliados consiste en “reprogramar” ese patrón. Si normalmente esquivamos los problemas y maldecimos las dificultades por considerarlas un impedimento para nuestro bienestar, ha llegado el momento de adoptar una actitud más madura y capacitante.

 

¿Qué pasaría si empezáramos a considerar que cuando surge un malestar, una dificultad o un problema, lo que nos trae es una invitación a dirigir nuestra atención a algún aspecto en el cual debemos superarnos o aprender algo nuevo?

 

 

Todos los problemas que tenemos en la vida surgen para que nos demos cuenta de algo importante. Si queremos hacer de los problemas nuestros aliados, debemos confiar en que no tendremos nunca un problema que no podremos solucionar. Necesitamos desarrollar la seguridad personal de que tenemos la fuerza necesaria para resolver cualquier problema. Y aceptar que en la  solución encontraremos lo que necesitamos para crecer y desarrollarnos.

 

Por lo tanto es fundamental entender cual es la invitación que ese problema o dificultad está trayendo a mi vida. ¿Qué me está indicando a mí esta o esa situación SOBRE MI MISMO Y SOBRE MI VIDA?

 

Cuarta clave:  la solución tenemos que empezar a buscarla en nosotros mismos. Entender qué capacidades nos faltan para superar con éxito esa situación, reflexionar sobre nuestra visión o nuestra forma de enfoque en esa situación…todo debe girar primero en torno a nosotros, ya que somos la parte donde podemos actuar, donde tenemos capacidad de maniobra. Este cambio de perspectiva es donde mucha gente suele perderse. Puesto que el problema “nos viene de fuera”, esperan que sean las circunstancias o personas que provocan el conflicto o la dificultad quienes actúen. Y esto casi nunca ocurre. El problema me está afectando a mí. Así que soy yo el primero que debo cambiar, adaptarme, hacer lo posible por situarme en un lugar “seguro” y adoptar una actitud lo más favorable posible a lo que el problema “demanda” de mi.

 

El coach Yoshinori Noguchi tiene una metáfora maravillosa para esta situación: es igual que verse despeinado en el espejo. El problema nos “despeina” y nuestra imagen no nos gusta. ¿Entendeis que no podemos arreglar nada tocando el espejo, dándonos la vuelta para no verlo o rompiendo el espejo? Necesitamos peinarnos para que nuestra imagen nos vuelva a gustar.

 

Algunas preguntas que podemos hacernos en ese punto son: ¿Cómo haremos para que volvamos a gustarnos? ¿Qué será “peinarnos” en esas circunstancias?  ¿Quién seremos ante el espejo? ¿Qué imagen deseamos reflejar? Reflexionando sobre esas preguntas, aflorarán nuestros valores, creencias…cuestiones muy profundas que nos van a retar y nos obligarán a transformarnos en algún aspecto.

 

Y la quinta clave: si tenemos la madurez para vivir el cambio como una opción positiva, podremos convertir nuestros problemas en aliados. Nos sentiremos orgullosos de las nuevas aptitudes y habilidades que hayamos adquirido y desarrollado en el proceso. Nuestra autoestima quedará reforzada. Y tanto más cuanto más serias haya sido la situación y más haya demandado de nosotros. Por el contrario, si vivimos el cambio como una maldición y de forma reactiva (negativismo), dará igual lo que hagamos: nuestra imagen habrá quedado dañada en el espejo y además de pasarlo mal, no podremos siquiera experimentar la satisfacción de habernos desarrollado como personas.

 

Las claves: evaluación de nuestra reacción, aceptación de la situación, gestión de la invitación al cambio, ocuparnos de nuestra parte y actitud positiva.

 

Que quede claro que no estoy hablando de cómo solucionar problemas. Sino de cómo utilizar el aprendizaje que podemos extraer al tener que enfrentarlos para crecer personalmente y cómo eso nos ayudará a fortalecernos y tener más aptitudes para enfrentar nuevas situaciones.

 

Desde luego que no siempre será fácil. Habrá ocasiones en las dificultades son muy fuertes y nos sentiremos literalmente desbordados por las emociones que nos provocan. En esas circunstancias de “secuestro emocional”, no está de más pedir ayuda profesional a un psicólogo o trabajar con un coach, hasta que nosotros mismos vayamos desarrollando el hábito y la seguridad para enfrentarnos a todo lo que la vida nos va poniendo por delante.

 

Y tu: ¿cómo te relacionas con tus problemas?

 

 

Nota: El concepto de la “invitación del problema” es de Pilar Jericó. Me encantó cuando se lo escuché y por eso lo he adoptado.

 

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