MPRF - EXPERIENCE

¿Amas la vida que tienes?
3 claves para recuperar bienestar emocional

¿ Qué te está pasando? ¿ Por qué te sientes así?

Tienes un trabajo y tienes una familia de la que ocuparte. Es lo que querías para tu vida,  así que eres privilegiada y deberías sentirte feliz.  Sin embargo, con frecuencia, a lo largo del día te invade la tristeza y unas ganas enormes de llorar se apoderan de ti. ¿Qué te está pasando?

 

No es que nada vaya especialmente mal. Pero aunque tu cabeza te dices que eres “muy afortunada”, tu corazón carga con una parte de ti que no está bien. Has pensado mucho en ello, pero no encuentras una salida a tu laberinto emocional. Al final, lo único que te queda es que la realidad que vives en tu día a día, cada vez está más alejada de aquella que creaste en tu mente para tu vida. A pesar de todo lo que te esforzaste y  a pesar de todo lo que luchas.

 

Y por eso muchas veces, te sientes culpable, frustrada y furiosa a la vez. Te parece como que tu oportunidad no acaba de llegar nunca, entregada como estás a ocuparte de todos y de todo: primero fueron tus hijos, que eran pequeños, y ahora que han crecido y parece que ibas a tener un respiro, son tus padres, que se van haciendo mayores.

¿Cómo lo hacen otras mujeres?

¿De veras, cómo lo hacen? Que siempre las ves tan felices y conformes, mientras que tú cada vez te sientes más agotada y aprisionada por tus circunstancias.

 

Da igual lo que desees: ya sea poder impulsar tu negocio,   o tener un rato al día para desconectar o hacer deporte. O bien preparar esas oposiciones o aprender ese idioma que te harían progresar profesionalmente. No hay manera.

 

Es como querer volar, con el peso de tus responsabilidades tirando hacia debajo de ti.

 

Y no es que esperases un cuento de hadas o un camino de rosas.

 

Pero es que esas expectativas no cumplidas, ese día a día que te arroya, te acaban desbordando. Las semanas pasan iguales, llenas de cansancio por salir de trabajar, correr a recoger a tus hijos o tener que ayudar o acompañar a tus padres y ocuparte además de que todo funcione en casa.

Ojalá pudieras encontrar más ayuda y comprensión a tu alrededor.

Pero lo cierto es que aunque tienes a tu pareja, muchas veces te sientes como si estuvieras sola frente a todo.

Es como si él padeciera alguna ceguera selectiva, que le impide  ver tus necesidades o las de los niños. No ve todo lo que hay que hacer y encima, no tiene ningún problema en disfrutar de sus espacios de ocio. No como tú, que ni recuerdas ya lo que eso.

 

Y si hablas con tu familia o tus amigas, ni encuentras simpatía, ni parecen comprenderte. Sientes que minimizan tus problemas diciendo que “ya pasará”, “no siempre podemos estar felices” o peor aún el “¿qué quieres? Así es la vida, esto es lo que hay”.  O todavía peor;  sutilmente te indican que es un problema exclusivamente tuyo: porque esperas demasiado de la vida, porque no eres feliz con todo lo que tienes y porque no tienes la madurez suficiente para aceptar la realidad.

Por eso, vives en una permanente montaña rusa emocional. Y lo peor: te ha cambiado hasta el humor y cada vez tienes menos paciencia, estás más agotada, con menos ilusión. Nada que ver con la chica que tú eras hace unos años, ni la mujer o la madre que tú soñabas con ser. ¿Dónde se ha ido la vida que soñabas?

Y te preguntas qué estás haciendo mal. O te desesperas pensando que no hay salida, qué la vida que tienes es la única posible. Y piensas que no puedes hacer nada por cambiarlo, que probablemente los demás tienen razón y “así son las cosas”. Y que al fin y al cabo, bien que mal, puedes ir tirando.

Tú vida no tiene por qué ser así.

Aunque “esto es lo que hay ahora”, no tiene por qué ser para siempre.

 

¿Mi consejo?: necesitas empezar a recuperarte a ti misma. Necesitas alimentar tu espacio personal y empezar a liberar ese estrés acumulado, fruto de años de sobrecarga y responsabilidades. Y esa tristeza que tanto daño te causa, producto de tantos años de vivir cuidando de los demás, sin poder cuidarte, ni ocuparte apenas de ti misma.  

¿Y cómo vas a hacerlo?

Te propongo 3 pasos sencillos para empezar a cambiar esta situación y salir de tu laberinto emocional:

  • Acepta que algo no va bien y empieza a AFRONTARLO: El primer paso para cambiar las cosas es tomar consciencia de que hay algo que debemos cambiar. Y muchas veces, de tan absorbidas como vamos por el día a día, arrastramos la madeja de nuestras emociones sin darnos la oportunidad de decir “voy a ocuparme de esto que siento que no está en orden”. O bien intentamos apartarlo de nuestra mente. Porque si aceptamos que tenemos un problema, pensamos automáticamente que somos “defectuosas”. Basta. Deja de culpabilizarte. Aunque el problema se manifieste en ti, tú no eres el problema.

 

  • Empieza a DARTE un poco de ESPACIO y TIEMPO: dedica unos minutos al día  para  reflexionar sobre los cambios que necesitas llevar a cabo para reconducir aquello que no va bien y vivir más alineada con tu propia idea del bienestar. Te aconsejo tener un cuaderno bonito para ir apuntando las ideas y reflexiones que vayan surgiendo en esos minutos dedicados a ti misma. No hace falta mucho tiempo, sólo unos minutos. Pero crear el hábito de escucharte a ti misma y darte el permiso de reconocer lo que deseas y necesitas,  te dará serenidad. Luego ya trabajaremos sobre cómo puedes llevar a cabo los cambios para conseguirlo. Un paso detrás de otro.

 

  • BUSCA APOYO y COMPRENSIÓN en quien pueda dártelo: a algunas personas, precisamente porque te quieren, les desborda saber que estás mal, porque que no se sienten con capacidad de ayudarte. También puede ocurrir que lo toman como un fracaso personal por “no poder hacerte feliz”. Entre tú y yo, mi madre es de esas. J Por eso tienden a minimizar tu sufrimiento. Sólo las personas emocionalmente fuertes o que conocen bien a lo que te enfrentas podrán darte apoyo. Busca círculos de mujeres donde puedas expresarte y compartir tus dificultades. Estar entre personas con las
  • mismas circunstancias te reforzará y te ayudará a sentirte comprendida. Pero ¡cuidado! Huye de los círculos donde solo se revuelve, sin poner el foco en resolver

Y desde luego, quiero que sepas que ni eres la única, ni estás sola.

Hablábamos la semana pasada cómo ser mujer+ profesional+ tener responsabilidades familiares suele tener un coste muy elevado para algunas mujeres. Tanto en lo profesional, como en lo emocional. Consume mucha energía y muchos recursos, que no podemos volcar en nuestras propias necesidades ni nuestras profesiones.  Puedes leer más sobre ello, aquí.  Te ayudará a  entender que hay miles de mujeres en tu misma situación. Mujeres a las que el ritmo frenético de trabajar fuera de casa y dentro de ella, a veces con un reparto de tareas desigual respecto a los cuidados y con menos oportunidades laborales, han llevado a esa situación.

Por eso, te invito a registrarte en mi blog, donde hablaremos de este problema y de muchos otros que nos afectan a las mujeres.

Y sobre todo, donde compartiré contigo herramientas para que dejes de culpabilizarte y  puedas empezar a empoderarte.

Verás cómo poco a poco, lograrás  provocar los cambios que necesitas en tu vida para sentirte con fuerza e ilusión y disfrutar de mayor bienestar.

Te espero en los comentarios.

Qué tengas una gran semana.

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